Presentación de Atrapainsomnios de Heriberto Rodríguez.



Presentación de la colección de cuentos Atrapainsomnios del ganador del premio Joven Creación y de novela de la Editorial Costa Rica, Heriberto Rodríguez.  Instituto México, 300 sur de la Subarú en Los Yoses, martes 28 a las 7pm. 

 

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Vida Ajena, G. A. Chaves



Nota publicada en el suplemento Áncora del periódico La Nación sobre la colección de poemas Vida Ajena, de Gustavo Adolfo Chaves.

Los anillos de Prometeo
 


En 1964, un estudiante de post-grado que realizaba una investigación en dendrocronología (estudio del pasado usando los anillos de los troncos de los árboles) cortó un árbol en Wheeler Peak (Nevada) que parecía muy viejo y del que no lograba obtener la información necesaria perforándolo de la manera usual.

Ese árbol, hoy conocido póstumamente como Prometeo, tenía cerca de 5.000 años de crecer en ese lugar y era el organismo vivo más viejo del planeta.

Es difícil, siempre, juzgar la vida completa de un organismo por el cascarón que típicamente lo representa. Cuanto más viejo es el cuerpo, más larga y probablemente más rica sea la vida. Los libros no son diferentes en este sentido. Un libro que apenas supera las sesenta páginas no lo lleva a uno a inmediatamente suponer que se compuso a lo largo de doce años.

Sin embargo, leyéndolo queda claro que los poemas de Vida ajena están más densamente sedimentados de lo usual. De hecho, Vida ajena es una especie de diario de viaje, viaje temporal o espacial, a lo largo de un rango de emociones o de un sentido recuento de amigos e influencias.

Vida ajena es el depósito que va ofreciendo la vida, año con año, para dejar constancia de que se pasó por ahí. No hay aquí superabundancia; todo está medido y concentrado para que la parte represente al todo, los lugares simbólicos, los amores y amistades que marcan, la admiración deslumbrante por ciertos poetas que se ventila en la apropiación, la mimesis, la cita o la paráfrasis.

Igual que los anillos de un árbol, en cada poema queda constancia de un tiempo transcurrido y en su aparente breve espacio se atrapa y reproduce un clima, el olor del aire, la calidad de la luz, un cielo de infancia, las nieves sorprendentes vistas por un autor joven que con el tiempo termina siendo el hermano menor, el hijo del actual, atrapado como el tronco inerte de un árbol, el pasado protegido con la delgada capa viva, la más tierna y más frágil.

En el recuento de lo que queda atrapado en Vida ajena hay poemas sobre César Vallejo y Max Jiménez, sobre Eugenio Montale; poemas que cantan con la voz de Ginsberg o la de Kleinzahler, en las que un cuadro de Juan Gris retrotrae el recuerdo cariñoso del poeta Julio Acuña, asesinado.

Son poemas en los que se dialoga con un querido mentor con el que discutía a Randall Jarrel o citaba a Delmore Schwartz, o recordaba a Berryman y a Broch, villanelas, sonetos, poemas en los que un Pound moderno piensa en Eliot.

No hace falta seguir para comprender que la forma de lo que hay atrapado en estos anillos es literatura de la literatura; poesía que es perfectamente comprensible, de imágenes precisas y mesuradas y lenguaje –a pesar de la poliglosia– nunca excesivo o presuntoso, pero no por eso fácil.

Aquí, la dificultad no está en descifrar un gongorismo, sino en poder apreciar el matiz del momento que congela el poema, de la tenue variación emocional, del sutil gesto preñado de significados que se hace usando las máscaras de los grandes poetas que dijeron todo tan bien antes que uno.

Recobrar el momento vivido, la extrañeza de la vida de otro distante de uno mismo como lo es el autor, el tratar de recobrar el momento en el que la cicatriz hoy borrada por el tiempo fue una herida supurante, es, sin duda, el reto de este poemario singular.

“Algo esta allá, en el pasado irrecuperable, sostenido por los nombres”, nos dice Chaves en “Por el río sinuoso”; “Es necesario perder para aprender a nombrar”. Más allá de la marca en la corteza que con los años se convertirá en un anillo más, un poema más, está la conciencia de que alrededor de estos poemas giró el mundo en un presente lejano, de que recordar lo particular es también reinventar el mundo que fue, de que más allá de la introspección “hay tanto que aprender de la luz y sus migraciones”.

Glosar poemarios como este, que son los resabios de una vida ajena, tiene siempre algo de catastrófico, algo no muy diferente de talar un árbol vivo para examinar sus anillos y de maravillarse con las marcas que alguna vez le dolieron, y tratar de imaginar la forma del cielo y la nieve y el sol pálido de sus días.

Con poemarios como Vida ajena, sólo se puede hacer una cosa: leerlos en silencio y vivir de nuevo momentos que otro vivió, ver el muñón anillado de Prometeo y tratar de regresar a la bellota de donde vino.


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Presentación de 300 páginas de Luis Chaves



Presentación de el nuevo libro de prosa de Luis Chaves, 300 páginas.  El libro contiene su trabajo de crónica y reportaje, artículos, prólogos, ensayos, reseñas  y otras misceláneas escritos en los últimos años.

La presentación se cometerá el 16 de diciembr a las 7pm en TeorÉtica, 300 Norte del kiosko del Parque Morazán.

Maria Montero publica su lectura de 300 páginas aquí.




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El archivo completo de David Foster Wallace abierto para investigación



El archivo completo con fotos de sus libros anotados, lecturas, manuscritos, cuadernos de notas, material de sus cursos, está ahora disponible en el Ramson Center y en línea.

Archive of Writer David Foster Wallace Now Open for Research

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El Emperador Tertuliano, Rodolfo Arias Formoso



Estas son la nota que publicó el suplemento cultural Áncora y la presentación que hice en la Feria del Libro de la nueva edición de El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios de Rodolfo Arias Formoso, reeditada este año por la Editorial Costa Rica.


Nota de periódico
Sobre El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios

Juan Murillo

“Muchacho, usted no tiene ni idea de como se escribe una novela” – le dijo Tertu, el modelo original del Emperador Tertuliano, a Rodolfo Arias Formoso, allá por 1990, cuando este le mostró el manuscrito inédito de su primera novela: El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios. Y claro, esa desaprobación inicial era de esperarse, porque esta novela no se parece en nada a ninguna otra novela publicada antes o después de ella; es única.
Producto de la bendición que era que al novel autor no le importara si algo era permitido o no en literatura, y más bien siguiendo el mandato sagrado de decir lo primero que se le venía a la cabeza y sonara divertido, el Emperador Tertuliano es un aluvión de viñetas diminutas que retratan la vida de un grupo de burócratas, en este caso la Legión de los Superlimpios, cuya cotidianidad es la “pulseada”.

La Legión y su periferia comprende a no pocos personajes inmediatamente reconocibles (El Roco Estándar y su homólogo, la Pollo Hermoso, el Típico calvo con bigote, un tal Onario, la Barbie Quiu, el Asceta Minofén, el Jefe AntiTertulio) que no por tener nombres caricaturescos dejan de ser profundamente humanos.

Si Arias hubiera retratado a la Legión de un tono diferente es difícil que hubiera podido evitar las gemelas trampas mortales de la novela del siglo XX: el sentimentalismo y el aburrimiento del realismo social que busca la denuncia. Por fortuna para él y para todos nosotros, Tertuliano está escrito con el humor y el cariño que le permite a todo el mundo reírse de sus desgracias para amainar el dolor que estas producen.

En el Emperador la vida de los personajes es una caravana incesante de pequeñas calamidades: embarazos inesperados, ascensos frustrados, encontronazos con el jefe, enfermedades del cutis, malestares estomacales producto de la birras ingeridas en el Restaurante Kue Chón. La narración rebota entre el pachuco, el habla de todos los días y el monólogo interior sin puntuación y nos lo presenta todo de un modo tan cercano e íntimo que no podemos menos que reconocernos en estos hombres y mujeres que luchan en esa guerra de baja intensidad que es el día a día en la ciudad.
Parte de lo que hace de esta novela una lectura tan deliciosa radica en la capacidad asombrosa, incontenible, de Arias de retratar un mundo a través de sus discursos. Aparte de la voz que nos narra entre chistes y juegos de palabras las peripecias de la Legión, escuchamos además, constantemente, casi como cuñas de radio, las instrucciones de un secador de manos, el ditirambo motivador de un calendario, el discurso del póster de la Segunda Declaración de La Habana, el diálogo radial de un taxista y su despacho, el diálogo cursi de una miniserie de TV, la predica de un evangelizador, las reglas mínimas para usar un sanitario público, los recuerdos del público a la progenitora del árbitro, la desgastada perorata y los eslóganes huecos de los políticos.

Tal es la proliferación de habladas, acentos, dialectos, copias y extractos, que Arias Formoso casi no necesita describir físicamente las cosas, las comprendemos de oídas, por el sonido reconocemos el taxi, la mesa de formica del restaurante, el escritorio con la bola de ligas y el imán con grapas del burócrata, la casita enrejada a la que se regresa en bus todos los días.

Se dice en el prólogo de esta segunda edición que esta novela forma parte de una generación de utopías agotadas que ya no encuentra abrigo en sueños comunes de un mundo mejor. Pero cualquiera que lea Tertuliano se dará cuenta rápidamente de que, a pesar de la aspereza de la vida con sueldos ajustadísimos y obligaciones aplastantes de los legionarios, esta es una novela de esperanza. Sin esa esperanza esta novela livianísima sería muy pesada y no sería posible ese final en el que el Emperador sube la montaña para mirar la ciudad, simbólicamente herida a sus pies, prometiéndose jugársela de palo a palo, como un vikingo, y remontar cualquier obstáculo que destino le tenga en reserva.

Presentación de
El Emerador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios
Feria del Libro de Costa Rica
por Juan Murillo

Yo conocí a Rodolfo Arias Formoso en realidad hasta hace apenas un par de años cuando lo invitó el taller de poesía artesanal de Luis Chaves a compartir con ellos y conversar sobre El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios. Yo había escrito un texto en Redcultura.com hacía unos meses y Luis Chaves sabía lo importante que me parecía a mí el Emperador Tertuliano para los escritores de mi generación y las posteriores, por lo que me invitó a la reunión. No me sorprendió descubrir que Rodolfo es tan astuto en persona como aparentaba ser como autor en sus novelas. Me sorprendió, por ejemplo, alguna aseveración que, superficialmente ingenua y deliberadamente errada, que lo ponía a uno bajo prueba de integridad intelectual, una especie de maniobra Columbo de la literatura que luego lo he visto repetir en otras ocasiones y que me pone nervioso y me hace pensar que detrás de todo lo que habla Rodolfo hay un metaobservador agudísimo que comenta sus propios discursos y los dirige como un estratega dirige una batalla desde una colina lejana que le da buena perspectiva.

Esa noche nos acompañaba el poeta Felipe Granados, quién murió hace un año, y que era otro de los admiradores incorregibles de la novela. En esa ocasión Rodolfo nos leyó partes del tertuliano que todos recordábamos, impreso en fotocopias en 1990, del cual luego hubo una edición formal, pero que a estas fechas se encontraba absolutamente descatalogada y de la cual ya sólo teníamos copias tras haber perdido los originales a las garras cleptómanas de otros amigos admiradores del Tertuliano. Felipe luego elogió lo que él consideraba el primer verdadero retrato del discurso del pachuco en la literatura costarricense y otros discutimos sobre si la concatenación libre de coloquialismos que se podía encontrar en la novela era un estilo descuidado y libre o un ejercicio de control extremo de los recursos literarios que ofrecía la calle. Rodolfo en esa ocasión se abstuvo, como recomienda Conrad, de teorizar sobre su obra literaria, pero si nos contó, sin embargo, sobre el génesis de la novela que significaba tanto para todos nosotros. La había escrito mientras trabajaba en un organismo en el que desempeñaba algún tedioso puesto de escritorio que le dejaba tiempo para escribir, durante la época obnubilada de un romance de los que suelen florecer bajos los inmensos árboles del campus universitario. El personaje principal estaba modelado en un conocido de Rodolfo con el cual solía jugar ajedrez y que tenía el absurdo e históricamente literal apodo de Tertuliano.

El ajedrez ya le había permitido a Rodolfo conocer a el que en ese entonces era el narrador vivo más importante del país y que sería luego su mentor, Joaquín Gutiérrez, con quién, después de ganarle el primer partido que jugaron tras conocerse, camino largo rato atravesando la noche josefina para ir a comer cereal y cuchichear en la cocina del autor de Murámonos Federico para que su esposa no se despertara y los regañara. Esa relación, sin embargo, no parece haber iluminado el alumbramiento de Tertuliano, porque, según nos contó Rodolfo esa vez, Tertuliano se había finalmente escrito con base en esas notas que tenía como propósito ser la fuente de la cual se tomaría el material para crear la obra terminada. Nos dijo que en ese cuaderno iba apuntando entre risas y besos de su novia todo lo que sonara divertido y pareciera buen material para meter en la futura obra. Finalmente la opción de trabajar directamente las notas para convertirlas en la novela fue lo que le dio la forma definitiva que podemos hoy apreciar en El Emperador Tertuliano. Ese sistema de escritura que ahora algunos fue una fragmentación deliberada y sumamente calculada que emparenta a la obra con el alto modernismo o el posmodernismo literario resulta ser hija del capricho y el buen ojo.

Eso nos recuerda que siempre es posible sobreanalizar una obra que lo ha impactado y que uno considera importante. Es fácil asumir un cálculo y una malicia infinita en el autor de una obra que cuando aparece cambia definitivamente el panorama literario de un país. Y es que eso fue lo que vino a hacer El emperador tertuliano con la literatura costarricense, la transformó para siempre. No es que nadie hubiese escrito con humor antes de Tertuliano, puesto que ya existía, por ejemplo, Breve historia de todas las cosas de Marco Tulio Aguilera Garramuño, una novela ganadora del premio nacional y sin duda sumamente divertida; no es que nadie hubiese escrito coloquialmente antes, ni nunca hubiese habido una novela fragmentada antes de la primera novela de Rodolfo; lo que pasaba era simplemente que nadie había escrito una obra que deliberadamente diera un paso al lado para salirse de la cancha demarcadísima de lo que se consideraba literatura costarricense.

En rigor, no existía un verdadero antecedente para el Emperador Tertuliano y, ahora que se publica su segunda edición veinte años después de su aparición, es fácil pensar que el riesgo corrido no era tanto. Pero la verdad es que Tertuliano, viniendo de un escritor joven, es un riesgo increíble, porque no es ningún secreto que nuestro medio literario es altamente alérgico a la transgresión y al experimento y en este caso la transgresión era además una provocación. Rodolfo estaba pidiéndole a los lectores de la obra que reconocieran, por ejemplo, las instrucciones de uso de un secador de manos o el dialogo radiofónico de un taxista, como literatura. La reacción, por supuesto, no se hizo esperar. La obra concurso para el premio Educa, un premio que sin duda hubiera dado un impulso inmediato a la obra y a Rodolfo como escritor, y que perdió, según cuentan las malas lenguas –y no la de Rodolfo, que conste- porque la única costarricense del panel se opuso a que se le premiara precisamente porque “era una pachucada”. Esto puede ser falso, pero la verdad más profunda persiste, no era, ni será la última vez que alguien cuestione la legitimidad literaria de El Emperador Tertuliano, por el simple hecho de que aceptarla como novela, como literatura, significa que las puertas se abren a todo tipo de obras, que algo pachuco puede bien ser perfectamente literario y que las recetas para confeccionar novelas tradicionales de pronto resultan notoriamente desabridas y poco emocionantes y los lectores, los lectores valientes, nuevos de corazón, aventureros, comprenden que en Costa Rica no sólo podemos hacer literatura provinciana, y que la jaula se ha abierto y que ahora sí, después de muchos años, cualquier cosa puede pasar en un libro.

La publicación de Tertuliano por parte de la Editorial Costa Rica es un logro, un hito, un suceso que nos entusiasma, porque es el reconocimiento final de que la primera novela de Rodolfo Arias Formoso no sólo es profundamente humana y divertida sino que además es sumamente importante e influyente en nuestro panorama literario. No en vano se reedita este año por parte de la ECR junto con nuevas ediciones de Mamita Yunai de Calufa, La Ruta de su Evasión de Yolanda Oreamuno. Arranca entonces de manera oficial la literatura costarricense del siglo XXI, una literatura inclusiva y radicalmente más amplia de la que ya se ven, en obras como la de Alexander Obando o Cirus Shanavaz, el transito por la senda inaugurada por esta novela inolvidable que todo costarricense debería conocer y que ahora, gracias a Rodolfo y a la Editorial Costa Rica, pueden de nuevo conseguir y leer.



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La Madriguera, Rodolfo Arias Formoso



Esta es la presentación que hicimos del nuevo libro de  Rodolfo Arias Formoso en el marco de la Feria Internacional del Libro en Costa Rica, 2010.




La Madriguera, Rodolfo Arias Formoso
por Juan Murillo



Los libros de Rodolfo son, de hace unos años para acá, parte fundamental del panorama literario costarricense contemporáneo.   Sin embargo, esto no fue siempre así.  Cuando se publicó por primera vez El Emperador Tertuliano y la Legión de los Superlimpios, su primera novela, el texto era decididamente un fenómeno subterráneo.  Parte de las razones para esto eran la libertad formal y el desafuero cómico que era parte esencial de esta obra, pero además, como toda primera novela de ruptura, el establishment literario no sabía bien como recibirla.  Los más jóvenes la encontrábamos fabulosa, pero en definitiva no había consenso en el gremio, -más que entre los lectores, a quienes siempre les gustó-, si la novela era un éxito o un fracaso.  La reedición de El Emperador este año por parte de la Editorial Costa Rica da ya el espaldarazo definitivo a esta novela como una de las más importantes e inolvidables rupturas con los cánones tradicionales de la literatura de nuestro país.  Un aporte que ha influido a autores posteriores, aunque ninguno con un valor y una capacidad transgresora parecida a la que demuestra Rodolfo en esta novela. 

            Después de la publicación de Tertuliano pasaron muchos años antes de que apareciera Vamos para Panamá, una novela de Rodolfo de corte más tradicional pero no por eso menos buena, que utilizaba los monólogos interiores de los personajes para contar la historia de una familia durante un viaje por carretera hacia Panamá.  La novela, que inicialmente aparenta ser simple, no lo es.  Es una novela engañosa que pareciera una detracción del anterior experimentalismo, pero que lo que es en realidad es un refinamiento de los recursos de la novela anterior, una inspección más detallada del interior de los personajes, una observación más justificada de sus pequeñas manías, motivaciones y los pequeños detalles que componen sus vidas y los hacen, a la vez, individuos y representaciones populares de todos nosotros.

            En el 2007, Rodolfo Arias publicó la novela en la que venía trabajando desde hacía muchos años, Te llevaré en mis ojos, que originalmente tenía el título de El alfiler y la mariposa, y que estaba modelada como una épica generacional, representada por un elenco de personajes más amplio que el de las anteriores novelas y que venía a ser un retrato de época y un examen de motivaciones y resultados de los ideales que informaban esa época, un poco como lo hiciera León Tolstoi con su Guerra y Paz en la Rusia zarista.  Esta aparente evolución de su narrativa, que es tan común en artistas con una trayectoria extendida en el tiempo, presentaba un problema ya conocido para los admiradores que ven la obra de un autor cambiar con cada libro que publica.  El fanático de una primera obra que se alimenta de el bravado y la inocencia de la juventud, se siente de pronto lejano de la obra de madurez que busca explorar en detalle ciertos temas nominalmente más serios.  A estos cambios se añadieron las circunstancias de que a la obra le fue otorgado en el 2007 el premio nacional de novela Aquileo Echeverría y que Rodolfo con posterioridad a esta publicación se le ofreció ser colaborador de una sección de la revista dominical del periódico La Nación, con la consecuencia inevitable de que se convirtió irrevocablemente en un autor reconocido e importante a los ojos de un público bastante amplio.

            Aparece ahora La Madriguera, que es la única colección de cuentos de Rodolfo Arias Formoso.  Esta colección es inusual porque los autores, en nuestro país, tienden a escribir cuentos que van publicando con el tiempo en colecciones organizadas con lo último escrito al tiempo que van publicando sus novelas.  La madriguera, en cambio, es la recopilación de toda la obra de narrativa corta escrita por Rodolfo Arias hasta ahora y que no había aún salido a la luz.   En La Madriguera hay cuentos contemporáneos o incluso quizá anteriores a Tertuliano, así como hay cuentos que se terminaron de escribir este año.  Entre esos dos extremos está un grupo de dieciocho cuentos de una variedad que confirma tanto la versatilidad como el amplio rango de capacidades e intereses de Rodolfo como autor.  En La Madriguera hay varios cuentos de una página de extensión, como lo son Horacio y Alfred Mouse, pequeños retratos de personajes inolvidables, así como también hay un cuento de casi cincuenta páginas, El sitio vacío, que es, a su vez, otro retrato, mucho más profundo y detallado de otro personaje que por insólito resulta totalmente real.  Además en este colección podemos ver el rango formal de Rodolfo con cuentos románticos de un corte más tradicional, como Buzón de bronce, que ha resultado ser uno de los cuentos con los que los lectores más se encariñan, pasando por el cuento siamés Carlos y Carlos, cuya estructura son dos historias deliberadamente yuxtapuestas pero totalmente discernibles, a experimentos literarios como el diminuto y lírico Dios prá o al juego de asociaciones numéricas e históricas que es Quinientos, ancianos.

            Es inevitable que haya juego y diversión en estos cuentos, porque ese es uno de los rasgos más notorios de la narrativa de Rodolfo Arias, pero no faltan tampoco los cuentos más sobrios o incluso terribles, cuentos sobre la demencia como Polvo que cae, o sobre la muerte como Yo ya estoy muerta.  Pero no son esos cuentos los que le dan cuerpo a la obra, son en realidad acentos de otra tónica que también es inmediatamente reconocible para cualquier lector de las obras de Rodolfo:  El amor.  El amor es quizá el tema más preponderante en su obra y aquí esta representado por pequeñas joyas como Taijitu en gris o Xinia, historias de amor frustradas, que son, como todas las buenas historias de amor, a la vez una delicia y un dolor.

            Aquí está, entonces, en un libro de ciento ochenta y tres páginas, un microcosmos del universo literario del autor.  El lector que aún no haya leído ningún libro de Rodolfo Arias, puede asomarse rápidamente a este mundo de juego verbal y retratos cálidos de personajes de todos los días, leyendo La Madriguera.


Y esto me trae de vuelta al periplo inicial que dábamos sobre lo que se ha venido a retratar como la evolución de la narrativa de Rodolfo Arias Formoso.  Mi tesis es que, al contrario del concepto de evolución, en el cual nunca hay una vuelta atrás, a los orígenes, lo que sucede en el arte es que hay un rango de sensibilidades que está disponible para cada autor en particular dependiendo de lo que quiera o necesite hacer.  No se pasa de ser un autor irreverente a uno serio con el tiempo.  Si se escriben obras irreverentes alguna vez, y luego obras serias, es porque el autor es capaz de ambos registros.   Los autores acumulan con el tiempo capacidades nuevas, destrezas aprendidas, resultados de experimentos literarios que a veces nunca ven la luz de las imprentas y todo ese aresenal está siempre disponible para ser usado cuando se necesite.  A mí me parece que este libro es un ejemplo, o una demostración, un muestreo digamos, de las amplias capacidades de Rodolfo en los géneros narrativos.  Me parece que La Madriguera complacerá tanto al fanático de experimentalismo divertidísimo del Tertuliano, como al amante de la pasión extensa que habita Te llevaré en mis ojos,  y en particular, creo, deleitará a aquel afortunado que no conozca la obra de Rodolfo, a quien el futuro le depara la maravillosa exploración que es visitar sus historias por primera vez.




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Nuevo Libro de Rodolfo Arias Formoso



Presentación de La Madriguera, de Rodolfo Arias Formoso, en la Feria Internacional del Libro
Domingo 29 de agosto a las 5pm en el Salón Antonio Lehman
Antigua Aduana, Fercori


 
         


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Sobre la desaparición de la Asociación de Autores de Costa Rica



Carta abierta a Delia McDonald declinando mi designación como jurado de los premios nacionales de literatura y solicitando explicaciones sobre la inevitable desaparición de la Asociación de Autores de Costa Rica en vista que se encuentra en violación de la ley desde hace 6 años. Ver aquí.

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José Ricardo Chaves critica los Premios Nacionales



Uniendose al coro de protestas en contra de la incompetencia de los jurados a los premios nacionales José Ricardo Chaves remite esta nota para La Nación desde México.

Una opinión lejana - OPINIÓN - nacion.com



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Premios Nacionales de novela y cuento declarados desiertos



La posibilidad de un desierto: Los premios nacionales de Costa Rica llegaron hoy definitivamente al que tiene que ser su punto más bajo de toda la historia. Se declararon desiertas las categorías de cuento y novela (40 obras concursantes en total) después de que el año pasado se declarara desierta la de cuento (33 obras concursantes). Los jurados que cometieron este acto tienen la obligación de explicarselo al país.

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De venta en librerías: El más violento paraíso




Ya se puede encontrar la nueva edición de El más violento paraíso de Alexánder Obando, editada por Ediciones Lanzallamas, en las librerías Claraluna, Nueva Decada y Universitaria en San Pedro de Montes de Oca en las inmediaciones de la Calle Caustica (de la Amargura) y la Universidad de Costa Rica.

Precio al público 9.500 colones.

El libro también está disponible en Amazon.com para el mercado Norteamericano:

El más violento paraíso en Amazon

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Presentación: El Diluvio Universal, Guillermo Barquero



Presentación de El Diluvio Universal, la primera novela de Guillermo Barquero en la Alianza Francesa el jueves 10 de diciembre, 7 p.m., presenta Rodrigo Soto.

Esta presentación hará historia, si pueden ir no se la pierdan, es la primera novela de un autor que dejará una huella profunda en nuestra literatura.

Evelyn Ugalde de Club de Libros publicó una entrevista aquí: http://www.clubdelibros.com/repodiluviouniversal.html












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Aparece el primer título de Lanzallamas: El más violento paraíso






Con mucha alegría les aviso que hoy pusimos a la venta la segunda edición de El más violento paraíso, la opera prima de Alexánder Obando y obra seminal de la narrativa costarricense actual. La aparición de éste título nos produce un gran orgullo porque es la realización de un sueño común de Guillermo Barquero y mío: poder publicar y reeditar obras de narrativa que prueben la gran calidad de la literatura de nuestro país y eventualmente de nuestra región y lengua.

Los siguientes títulos a publicarse son Marzo todopoderoso de Catalina Murillo, La madriguera de Rodolfo Arias Formoso, y Atrapainsomnios de Heriberto Rodríguez.

Para comprar El más violento paraíso pueden contactarnos al correo electrónico ventas@edicioneslanzallamas.com. El precio de venta al público es 9.500 colones e incluye entrega a domicilio dentro del área metropolitana.





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Antología de nuevo cuento costarricense



Aparece Antología de nuevo cuento costarricense, Historias de nunca acabar, compilada por Juan Murillo y Guillermo Barquero.


La Editorial Costa Rica acaba de completar la impresión de la compilación de cuentos Historias de nunca acabar que hicimos Guillermo Barquero y yo, la cual saldrá en estos días al mercado. El trabajo lo comenzamos en el 2008, con ocasión de que se cumplían 20 años de la publicación de Para no cansarlos con el cuento, la antología generacional de cuento realizada por Carlos Cortés, Rodrigo Soto y Vernor Muñoz, y luego de mucho trabajo y esfuerzo por fin lo vemos publicado. Después de investigar y leer mucho terminamos conociendo bastante bien la producción narrativa de los últimos 20 años y a todos los compañeros escritores, lo cual es en sí ya premio suficiente al esfuerzo realizado. En lo personal, espero que la antología cumpla como evidencia de la calidad de la narrativa nueva en nuestro país y que sirva para ubicar a los autores incluidos y a los mencionados dentro del canon de la narrativa nacional.

Abajo la presentación escrita por ambos que incluye la antología, en la que se explican los criterios y el proceso de selección, así como una breve descripción de las tendencias generacionales:


Historias de nunca acabar
Antología de nuevo cuento costarricense

Presentación

Juan Murillo y Guillermo Barquero


La efervescencia del periodo que nos toca vivir en la literatura costarricense es más que palpable: se publica, se debate, se hace uso de las tecnologías que permiten la inmediatez de comentarios en páginas virtuales dedicadas al tema literario —blogs, páginas de autor, periodismo cultural en la red informática. Con todo, se lee poco y, como asunto fundamental, se conoce poco del quehacer literario nacional, de sus creadores contemporáneos, de sus nuevas tendencias (si las hay). Los libros son gritos que se sueltan a un vacío público, en espera de oídos a los que lleguen esas vibraciones que generarán respuestas en ese que escucha; ¿qué son las antologías literarias? Reuniones de muchas gargantas que se unen en un grito más fuerte y sostenido que busca ser percibido clara y ordenadamente, marcas —arbitrarias, injustas, limitadas a veces— que dan cuenta de lo que se escribe en un periodo histórico, o bien registran una temática que ha sido abordada por diversos artistas, cada uno haciendo uso de sus armas narrativas o líricas: antologías del tema del amor, del tema policial, del abandono, la emigración, y tantos puntos de vista como antólogos haya dispuestos a sondear en los terrenos de la obra publicada por seres que muchas veces no se conocerán más que en las páginas de estos libros-reuniones.

¿Qué es, pues, habiendo dado estas fugaces definiciones, Historias de nunca acabar? Es un encuentro de nuevos autores de cuento costarricenses, un grito colectivo que presenta los actos de creación de 15 escritores que, aunque no constituyan la totalidad de quienes ven sus obras publicadas en el mundo editorial costarricense contemporáneo, son una muestra de lo que se escribe en estos tiempos y en esta latitud.

En Historias de nunca acabar encontramos a Heriberto Rodríguez, ganador de varias versiones de los premios de la Editorial Costa Rica; a Alí Víquez, avezado escritor con una sólida carrera como narrador; a David Eduarte, joven valor cuyos cuentos alcanzan altas cuotas de expresividad y dan mucho material para el pensamiento profundo, mediante el esperpento y lo kafkiano; a Luis Chaves, conocido y respetado por su papel de poeta, autor de una exquisita novela o Road poem, como el la llamó; a Mauricio Ventanas, autor de varios volúmenes de cuentos nacidos desde la observación aguda de la realidad que él transforma en imágenes lúdicas, con un desparpajo bien encauzado; a Manuel Marín, autor de varios libros de cuento que exploran la subjetividad y muestras la fragmentación de la realidad y que para ello utiliza un lenguaje selecto y preciso. Y así podemos seguir, hasta toparnos con Catalina Murillo y Jéssica Clark, dos sorprendentes escritoras, autora de culto la primera, novelista en ciernes de ciencia ficción la segunda, ambas autoras imprescindibles en el campo narrativo actual, en Costa Rica. La gama de propuestas es amplia y los abordajes son múltiples, lo que muestra que no solo las antologías son arbitrarias e incompletas: la realidad contemporánea es también constante ruptura, fragmentación y arbitrariedad, y estos cuentos no son más que el reflejo de las búsquedas que no están supeditadas a grupos o círculos (como ocurre en la poesía), sino a 15 particulares cosmovisiones y procesos creativos.

Historias de nunca acabar pretendió originalmente ser un muestreo de todos los autores costarricenses menores de 40 años que tuviesen algun título de narrativa publicado, especificamente en los géneros fictivos de novela o relato. Pronto nos dimos cuenta de que ese criterio cercenaba en dos a la generación de fin de siglo, que comprende autores nacidos entre 1965 y 1975 y que empezaron a publicar en los últimos 10 años del siglo pasado, dejando por fuera a algunos de sus más importantes exponentes. Esto nos llevó a desistir de la limitación de los 40 años de edad y ampliamos el criterio para incluir a todos los autores nacidos entre 1965 y 1985, que es la fecha de nacimiento del último autor de narrativa publicado a la fecha de la selección.

Ese nuevo criterio cubría la obra de las dos generaciones que quedan a horcajadas sobre el cambio de milenio. La primera, la generación de fin de siglo, incluye todos los autores nacidos entre 1965 y 19751 , la segunda, la generación del milenio, incluye a los autores nacidos después de 19752 , lo que nos daba un total de veinticinco autores. Entre estas y la generación que las precede hay un claro deslinde temático. En la generación de los sesenta o generación del desencanto3 , como fue denominada en la periodización propuesta por Alvaro Quesada4 , predomina una preocupación por la denuncia, la crítica social y las reivindicaciones de las minorías étnicas y sexuales visible en obras que rondan el desencanto originado en el fracaso de los proyectos revolucionarios de los sesenta y setenta y el surgimiento del neoliberalismo y políticas afines, y cuyas publicaciones inician en los años ochenta y aun se encuentran en plena producción literaria.

Distintos factores personales de los autores, de criterio editorial u otros incidieron en que la amplia selección tuviera que ser reducida a un muestreo más manejable y de un carácter más atento a las necesidades del público lector y menos a los aportes histórico-literarios. Esa difícil tarea de reducción nos ha dejado con una lista de quince autores, con obras de muy alta calidad, que presentamos a los lectores en esta ocasión. Pero no hemos querido dejar pasar la oportunidad sin incluir las listas completas de autores al pie de esta página o en los anexos bibliográficos que incluyen la producción literaria de los escritores pertenecientes a las generaciones comprendidas dentro del período escogido.

¿Cuál es, entonces, la realidad que viven estas nuevas generaciones de autores, que las ha llevado a producir ficciones escencialmente distintas a las de la generación anterior? El estado del arte, en lo que se refiere a los medios a disposición de los autores más jóvenes para publicar sus novelas y colecciones de cuento, no es sustancialmente distinto al de hace 20 años. La aparición de Internet ha fomentado el contacto entre los autores y la aparición de una nueva ola de crítica enfocada sobre la nueva producción nacional; sin embargo, esta plataforma no se ha convertido aún en un vehículo usual de publicación y distribución de las obras, más alla de la publicación informal para solicitar una retroalimentación incial de los lectores —ahí entran a jugar herramientas como los blog o bitácoras, las páginas de autor o los portales de difusión cultural. La Editorial Costa Rica (ECR) continúa siendo el bastión más importante para la publicación de autores jóvenes, muchas veces respaldados por el Premio Joven Creación de esta casa, y en otras por los Premios de Novela o Cuento o por la simple publicación en su catálogo. Las editoriales universitarias (EUNED, EUCR y EUNA) han también publicado obras de autores jóvenes e inéditos con una producción combinada similar a la de la Editorial Costa Rica. En proporción similar a las publicaciones realizadas por editoriales estatales está la tendencia a la publicación en editoriales privadas de menor tamaño, sea por medios propios o por financiación de la editorial misma; en esta modalidad, destaca el catálogo de Ediciones Perro Azul —en el cual figuran obras de muchos de los autores de estas generaciones—, y algunos proyectos como Tecnociencia o Uruk Editores. El punto débil del proceso editorial no es, como se puede ver, la producción misma de la obra publicada, sino, como siempre ha sucedido en nuestro país, la distribución, mercadeo y difusión del producto final, del libro como objeto de arte y de comercio. La limitada difusión, lectura y discusión de las obras ha ido reduciendo paulatinamente las expectativas del mercado en cuanto a la producción de ficción narrativa y consecuentemente haciendo necesarios tirajes de cada vez menos ejemplares. Este fenómeno ha también repercutido, paradójicamente de manera favorable, en nuestra opinión, en una carencia de directrices comerciales como las que constriñen a los mercados editoriales más fuertes, que limiten u orienten el proceso creativo hacia determinados cauces, algo que resulta evidente en la multiplicidad de enfoques que existe entre las obras de los antologados.

Este vacío de influencias y expectativas ha entonces propiciado muy distintos acercamientos al proceso creativo, lo cual pone en dramático entredicho el concepto de literatura nacional que parecería informar una antología como la que aquí se presenta. Las obras de los autores incluidos carecen de rasgos unificadores que permitan agrupar su conjunto formal o temáticamente, de modo que el calificativo ‘costarricense’ que utilizamos en la portada termina siendo tan arbitrario como cualquier otro de los que nos valimos para escoger los cuentos aquí reunidos, siendo que costarricense es simplemente la nacionalidad de los autores y no una característica de los textos. El imaginario mismo de los escritores se expande en estas generaciones más allá de los límites inmediatos de la patria y el locus de las narraciones se traslada al exterior, sea reflejando un desplazamiento entre periferia y metrópoli, o simplemente ubicando la narración en sitios urbanos no determinados y rehusando localizar físicamente la acción en sitios reconocibles del territorio nacional. Investidos de la ubicuidad que aporta la vivencia dentro de una cultura global que incluye la televisión satelital, el Internet y la proliferación de productos comerciales o intelectuales provenientes de otros sitios de la aldea global, la narraciones renuncian a habitar Costa Rica y se desplazan, en la mayoría de los casos, hacia afuera de las fronteras nacionales, o hacia el interior del individuo, lejos de lo inmediato del espacio geográfico.

Tenemos entonces que si espacialmente los límites se expanden o desvanecen, la edad de los autores repercute en las narraciones, circunscribiéndolas a la inmediatez temporal, desenvolviéndolas en la época actual, evitando la reinterpretación histórica —que es una tendencia reconocida de las literaturas contemporáneas centroamericanas—, y pasando de largo el problema de la cuestión tradicional de la definición de la identidad costarricense para adentrarse de lleno en el mundo como ciudadanos de lo estrictamente local, la nación de un único individuo o de la red globalizada e incorpórea donde a diario se lleva a cabo el comercio cultural de una nación nueva que no tiene territorio. Ante la carencia de requerimientos comerciales y bajo el influjo de la oferta inmensa de influencias culturales globales, es de esperar que el tratamiento de los temas no sea uniforme, y quizá en eso radique la verdadera riqueza de la obra de los autores de este período; su capacidad de abarcar una sorprendente amplitud de registros, temas y tonos que asemeja de algún modo a una explosión en un vacío cultural que se expande en todas las direcciones posibles y en completa libertad.

Historias de nunca acabar lleva en su título la justificación del trabajo emprendido por los antólogos de todas las generaciones: en el pasado algunos han agrupado y en el futuro otros tantos emprenderán una labor como la que hoy presentamos nosotros, algunos bucearán y analizarán, se sorprenderán y se convencerán de que la escritura de cuento y de narraciones en general —la mayor de las historias sin fin, condenada a repetirse— seguirán reflejando las vivencias o los intentos de fuga o la escisión o la fugacidad de lo que en el mundo y en nuestro territorio ocupe. Otros tomarán los instrumentos de grabación con manos firmes, resistiendo las tormentas virtuales y los cada día más estruendosos tumultos de los televisores y las páginas web, de los aparatos de reproducción de música y la alta fidelidad de los videos; así, entre los ruidos distractores, seguirán registrando los gritos aislados de quienes procuran que sus voces resistan la inclemente parafernalia de la posmodernidad, para presentarlas, ordenarlas, sorprenderse y sorprender.

1
La generación de fin de siglo incluye a Alí Víquez Jiménez, Mauricio Ventanas, Alfonso Chacón Rodríguez, Heriberto Rodríguez, Luis Chaves, Mario León Rodríguez, Catalina Murillo, Manuel Marín Oconitrillo, Jessica Clark Cohen, Juan Murillo, Laura Quijano, Marco Castro Rodríguez y Jose Rojas Alfaro.

2 La generación del milenio inlcuye a Camilo Rodríguez, Randall Roque, Laura Fuentes Belgrave, Guillermo Barquero, Alberto Jiménez, Antonio Chamu, Gustavo Adolfo Chaves, Carlos Alvarado Quesada, Jesus Vargas Garita, Warren Ulloa Arguello, Albán Mora, David Eduarte y Johann Schoenfeld.

3 La generación del desencanto incluye a Rafael Ángel Herra, Tatiana Lobo, Hugo Rivas (q.e.p.d), Jorge Méndez Limbrick, Rodolfo Arias, Ana Cristina Rossi, Alexánder Obando, Fernando Contreras, Carlos Cortés, Dorelia Barahona, Guillermo Fernández, Uriel Quesada, Rodrigo Soto, Sergio Muñoz, José Ricardo Cháves, Alfredo Aguilar, Vernor Muñoz y Jorge Ramírez Caro.

4 Álvaro Quesada Soto, Breve historia de la literatura costarricense, 1ª edición, San José Costa Rica, Editorial Costa Rica, 2008. pp 121-144. Véase también: Margaritra Rojas, Flora Ovares. 100 años de literatura costarricense, 1ª edición San José Costa Rica, Ediciones Farben, 1995. pp 207-252.



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Laura Casasa, Premio UNA Palabra 2009



Laura Casasa gana el concurso UNA Palabra para el 2009 en la rama de cuento.


Laura Casasa Nuñez (Costa Rica, 1976) obtuvo el premio UNA Palabra 2009 con su colección de cuentos Parque de diversiones. El premio fue declarado desierto en la rama de poesía. El premio UNA Palabra, otorgado por la Universidad Nacional de Costa Rica tiene una dotación de $1500 e incluye la publicación de la obra por parte de la Editorial de la Universidad Nacional (EUNA). Las bases del UNA Palabra se encuentran aquí. Algunos poemas de Laura Casasa se encuentran publicados en Afinidades Electivas.


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Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009



Herta Müller recibió hoy el Nobel de Literatura 2009.


Este año el premio se lo dan de nuevo a una autora de la cual no había oido hablar jamás antes de ver que estaba empatada en las posibilidades por el Nobel con Amos Oz, posibilidades que este año se inclinaban, en general, por que el premio fuera a un poeta, lo cual sucedió: Herta Müller, alemana nacida en Rumania, poeta y ensayista, gana el Noble por "retratar el paisaje de los desposeidos con la conentración de la poesía y la franqueza de la prosa", según la Academia Sueca. El premio a la alemana que publicó obras censuradas en su nativa Rumanía durante la dictadura de Ceauşescu se otorga días después de la declaración de Englund, Secretario Permanente de la Academia Sueca, de que el panel que escoge los premios Nobel es demasiado eurocéntrico y que también hay candidatos dignos en EE.UU. y el resto de "las Americas"(sic).



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Alice Munro, International Man Booker Prize 2009



Alice Munro gana el International Man Booker Prize para 2009.


Alice Munro es, junto con Margaret Atwood, una de las dos escritoras canadienses más respetadas a nivel mundial. Ha ganado tres veces el Governor's General Award, el premio de mayor prestigio en su país. Se dedica escencialmente a la creación de cuentos, de los cuales ha publicado más de diez libros, algunos de los cuales se denominan novelas, pero son colecciones de cuentos interconectados. Publica periódicamente en el New Yorker, Atlantic Monthly o Paris Review. El estilo de sus cuentos es aparentemente simple y su temática cotidiana, enfocandose en la empatía y la revelación epifánica al estilo Chejoviano.

El International Man Booker es un premio bienal otorgado por el conjunto de la obra de un autor vivo de calibre mundial, similar al Premio Cervantes. En las pasadas dos ediciones el premio le fue otorgado a Ismail Kadare, autor albanés, y Chinua Achebe, autor del clásico contemporáneo Things fall apart. El premio tiene una dotación de £60,000.

Varios de los cuentos de Alice Munro en el New Yorker se puden leer aquí:

http://www.newyorker.com/magazine/bios/alice_munro/search?contributorName=alice%20munro


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Lista de libros no merecedores del Premio Nacional de Cuento



Nota sobre los premios nacionales desiertos en el 2008 publicada originalmente en Redcultura Lista de libros no merecedores del Premio Nacional de Cuento Actualización de 18 de Febrero 2008: En el reportaje publicado por RedCultura aquí, el jurado de la categoría de cuento Gabriel Baltodano expone los dos criterios que descalificaron a todas las obras de cuento, a saber: No son suficientemente contemporáneas y no siempre versan sobre Costa Rica. El primer criterio es aceptable, pero el segundo no tiene sentido. Costa Rica es una nación y no solo un territorio, y todo lo que escriben los autores costarricenses tiene que ver con Costa Rica.

Comentario original:

Entre las grandes sorpresas de los Premios Nacionales de Cultura recién fallados estuvo la declaratoria de las categorías de cuento, ensayo e historia como desiertas.

En la categoría de cuento hubo 33 obras presentadas y la opinión más común en el gremio literario es que pareciera haberse cometido una injusticia al no otorgar el premio a ninguna de ellas. Parte de la reacción se ha debido sin duda al fallo mismo que declara desierta la categoría para el premio 2008:

Premio en el género de Cuento

Se declara "Desierto" por considerar que: No se presentó ninguna obra en este género, que sea merecedora del Premio Nacional
(Fallo del jurado en la categoría de cuento enviado por el MCJD por correo)

Lo escueto y redundante del fallo deja en el aire la evaluación efectuada por los jurados, que sin duda tiene que haber sido razonada. Esas razones, quizá distintas para cada jurado, o tal vez guiadas por principios comunes a los tres, aún no han sido explicadas como se debe. Declarar desierta una categoría es un gesto a contracorriente que debe estar fundamentado y que debe explicarse. Los jurados deben tener autonomía y valor suficiente para declarar una categoría desierta cuando así sea necesario, pero también le deben a los autores y al medio la explicación de porque ninguna obra merece el premio.

La labor de jurado no es simple, sin embargo, puesto que no existen principios explícitos para juzgar las obras presentadas y cada grupo de jurados debe de algún modo llegar a un acuerdo de cuales son los criterios que hacen merecedora a una obra de un Premio Nacional. La lista de las colecciones de cuento presentadas que adjuntamos al final da una idea clara de la complejidad del asunto. En la rama de cuento confluyen colecciones de cuento de ficción, compilaciones de cuento histórico, leyenda, anécdota o testimonio, colecciones de cuento infantil, así como obras que probablemente no califican para el premio.

¿Cómo se puede juzgar con justicia por ejemplo una colección de cuento cuando se compara con un libro de cuento infantil? Ya esa evidente desproporción resulta un obstáculo que sólo puede salvarse esgrimiendo criterios que suenan a justificación post facto, como por ejemplo: No puede ganar una obra de literatura infantil, porque los recursos artísticos usados son siempre más simples debido a los requerimientos del género; o, No puede ganar una compilación de leyendas porque se premia el mérito artístico literario y no la labor de edición. En cualquier fallo éste tipo de criterios nunca se explicitan, pero están ahí. En el caso de esta declaratoria se hace imposible justificar la escogencia de un ganador, y sólo resta, inevitablemente y con valor, explicar porque se descartaron todas las obras, citando los criterios usados, por obtusos que puedan sonar.

En cuanto a las obras mismas, es evidente con solo ver la lista que había obras dignas del premio entre las candidatas. Uriel Quesada, por ejemplo, es un cuentista de larga trayectoria en nuestras letras y Viajero que huye es un ejemplo de un escritor en la cúspide de su desarrollo narrativo, que además abarca una temática socialmente importante. Uriel Quesada, sin embargo, ya fue premiado por su obra El Gato de sí mismo, quizá usando estos mismos criterios y eso puede haber afectado la decisión de jurado. Además de Quesada, había una obra de Virgilio Mora, también conocido como Polo Moro, titulado Los problemas del gato. Mora es, sin duda, uno de los narradores más originales e importantes del país y su obra merecía atención especial, aunque es posible que este libro sea una reedición. Louis Ducoudray, es el sorprendente autor de El Agua Secreta y Los ojos del arrecife, dos cuentarios seminales en la narrativa moderna costarricense y su Un domingo de Palomas también merecía la atención debida. Finalmente valía la pena detenerse en la obra de David Eduarte, con una colección debut sorprendente, ácida, pesimista pero imaginativa y bien ejecutada que pudo haber sido aprovechada por el jurado para reconocer el aporte de los autores más jóvenes. Eso sólo para mencionar algunas sin demérito de las restantes.

Ninguna de estas obras fue merecedora del premio. Ahora solo resta averiguar, de boca de los jurados, por qué.


Obras presentadas a la categoría de cuento de los Premios Nacionales 2008:

Colecciones de cuento ficcional:
  • Viajero que huye - Uriel Quesada
  • Los problemas del gato y otros cuentos - V.A. Mora Rodríguez
  • Un domingo de Palomas - Louis Ducoudray
  • Cuentos Circunstanciales - David Eduarte Rodríguez
  • Breves Relatos de Ausencias - Eduardo Vargas
  • El Regreso es parte del Viaje - Santiago Porras
  • Prisioneros de la penumbra - Pilar Cerdas
  • La Cofradía de la Buena sombra y otros relatos - Rodolfo Cerdas
  • Bailando en Solitario - José Otilio Umaña
  • De Amores y Dolores - Esteban Gil Girón
  • Luna de Miel con Libro y otros Relatos - Inés Trejos de Montero
  • Los Ojos de Edith - Jarquín Pfaeffle
  • Boleros nos Volvemos Tango - María Pérez Iglesias
  • Las Fronteras de la Luna y el Sol - María Pérez Iglesias
  • El invierno de los desposeídos - Luis Arguedas Rodríguez



Relatos históricos, recopilaciones de leyendas, testimonios y anécdotas
  • Me lo Dijo el Río - Hernán Gutierrez Oviedo
  • Leyendas de Puntarenas: Nuestra identidad cultural en la leyenda porteña - Dennis Manuel Marroquín Rugama.
  • Tiquicia: El Despertar de las Leyenda - Harold Vindas Zamora
  • Cuentos y relatos del pacífico Sur - Manuel Aguilar
  • Cuentos Afrocaribeños de la Araña Anancy y sus amigos - Karol Britton
  • Mujeres metamorfosis del efecto mariposa - María Suárez Toro

Cuento infantil (no he leído estos libros así que puedo estar equivocado en ésta clasificación):
  • Mariola - Ana Isabel Azofeifa
  • Para que Florezcan las Estrellas - Clara Amalia Acuñas
  • Había una vez - Irene Castro Meléndez
  • El Arbol Cantor - Cary Sagot
  • The Coyote and the Firefly/El Coyote y la Luciérnaga - Yazmin Ross
  • La Tía Poli y su Gato fantasma - Floria Jiménez



Posiblemente incumplen requisitos por nacionalidad o previa publicación:
  • Justicia Poética - Enrique Jaramillo Levi
  • El Lupanar y Otros Relatos de Terror Educativa - Luis Enrique Arce Navarro
  • ¿Qué es la democracia? - Manuel Moas Madrigal
  • Historias del Encuentro de Culturas y de la Conquista de México. La Tía Adela cuenta. - Manuel Moas
  • El Bosque que desapareció - Carin Heurlin Spinelli


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Premio Nacional de Cuento 2008: Desierto



Lista de las obras presentadas a la categoría de cuento que fue declarada desierta por los jurados del Premio Nacional de Cultura 2008.

Entre las grandes sorpresas de los Premios Nacionales de Cultura recién fallados estuvo la declaratoria de las categorías de cuento, ensayo e historia como desiertas.

En la categoría de cuento hubo 33 obras presentadas y la opinión más común en el gremio literario es que pareciera haberse cometido una injusticia al no otorgar el premio a ninguna de ellas. Parte de la reacción se ha debido sin duda al fallo mismo que declara desierta la categoría para el premio 2008:

Premio en el género de Cuento

Se declara "Desierto" por considerar que: No se presentó ninguna obra en este género, que sea merecedora del Premio Nacional
(Fallo del jurado en la categoría de cuento enviado por el MCJD por correo)

Lo escueto y redundante del fallo deja en el aire la evaluación efectuada por los jurados, que sin duda tiene que haber sido razonada. Esas razones, quizá distintas para cada jurado, o tal vez guiadas por principios comunes a los tres, aún no han sido explicadas como se debe. Declarar desierta una categoría es un gesto a contracorriente que debe estar fundamentado y que debe explicarse. Los jurados deben tener autonomía y valor suficiente para declarar una categoría desierta cuando así sea necesario, pero también le deben a los autores y al medio la explicación de porque ninguna obra merece el premio.

La labor de jurado no es simple, sin embargo, puesto que no existen principios explícitos para juzgar las obras presentadas y cada grupo de jurados debe de algún modo llegar a un acuerdo de cuales son los criterios que hacen merecedora a una obra de un Premio Nacional. La lista de las colecciones de cuento presentadas que adjuntamos al final da una idea clara de la complejidad del asunto. En la rama de cuento confluyen colecciones de cuento de ficción, compilaciones de cuento histórico, leyenda, anécdota o testimonio, colecciones de cuento infantil, así como obras que probablemente no califican para el premio.

¿Cómo se puede juzgar con justicia por ejemplo una colección de cuento cuando se compara con un libro de cuento infantil? Ya esa evidente desproporción resulta un obstáculo que sólo puede salvarse esgrimiendo criterios que suenan a justificación post facto, como por ejemplo: No puede ganar una obra de literatura infantil, porque los recursos artísticos usados son siempre más simples debido a los requerimientos del género; o, No puede ganar una compilación de leyendas porque se premia el mérito artístico literario y no la labor de edición. En cualquier fallo éste tipo de criterios nunca se explicitan, pero están ahí. En el caso de esta declaratoria se hace imposible justificar la escogencia de un ganador, y sólo resta, inevitablemente y con valor, explicar porque se descartaron todas las obras, citando los criterios usados, por obtusos que puedan sonar.

En cuanto a las obras mismas, es evidente con solo ver la lista que había obras dignas del premio entre las candidatas. Uriel Quesada, por ejemplo, es un cuentista de larga trayectoria en nuestras letras y Viajero que huye es un ejemplo de un escritor en la cúspide de su desarrollo narrativo, que además abarca una temática socialmente importante. Uriel Quesada, sin embargo, ya fue premiado por su obra El Gato de sí mismo, quizá usando estos mismos criterios y eso puede haber afectado la decisión de jurado. Además de Quesada, había una obra de Virgilio Mora, también conocido como Polo Moro, titulado Los problemas del gato. Mora es, sin duda, uno de los narradores más originales e importantes del país y su obra merecía atención especial, aunque es posible que esta sea una reedición. Louis Ducoudray, es el sorprendente autor de El Agua Secreta y Los ojos del arrecife, dos cuentarios seminales en la narrativa moderna costarricense y su Un domingo de Palomas también merecía la atención debida. Finalmente valía la pena detenerse en la obra de David Eduarte, con una colección debut sorprendente, ácida, pesimista pero imaginativa y bien ejecutada que pudo haber sido aprovechada por el jurado para reconocer el aporte de los autores más jóvenes. Eso sólo para mencionar algunas sin demérito de las restantes.

Ninguna de estas obras fue merecedora del premio. Ahora solo resta averiguar, de boca de los jurados, por qué.

Obras presentadas a la categoría de cuento de los Premios Nacionales 2008:


Colecciones de cuento ficcional:
Viajero que huye - Uriel Quesada
Los problemas del gato y otros cuentos - V.A. Mora Rodríguez
Un domingo de Palomas - Louis Ducoudray
Cuentos Circunstanciales - David Eduarte Rodríguez
Breves Relatos de Ausencias - Eduardo Vargas
El Regreso es parte del Viaje - Santiago Porras
Prisioneros de la penumbra - Pilar Cerdas
La Cofradía de la Buena sombra y otros relatos - Rodolfo Cerdas
Bailando en Solitario - José Otilio Umaña
De Amores y Dolores - Esteban Gil Girón
Luna de Miel con Libro y otros Relatos - Inés Trejos de Montero
Los Ojos de Edith - Jarquín Pfaeffle
Boleros nos Volvemos Tango - María Pérez Iglesias
Las Fronteras de la Luna y el Sol - María Pérez Iglesias
El invierno de los desposeídos - Luis Arguedas Rodríguez

Relatos históricos, recopilaciones de leyendas, testimonios y anécdotas
Me lo Dijo el Río - Hernán Gutierrez Oviedo
Leyendas de Puntarenas: Nuestra identidad cultural en la leyenda porteña - Dennis Manuel Marroquín Rugama.
Tiquicia: El Despertar de las Leyenda - Harold Vindas Zamora
Cuentos y relatos del pacífico Sur - Manuel Aguilar
Cuentos Afrocaribeños de la Araña Anancy y sus amigos - Karol Britton
Mujeres metamorfosis del efecto mariposa - María Suárez Toro

Cuento infantil (no he leído estos libros así que puedo estar equivocado en ésta clasificación):
Mariola - Ana Isabel Azofeifa
Para que Florezcan las Estrellas - Clara Amalia Acuñas
Había una vez - Irene Castro Meléndez
El Arbol Cantor - Cary Sagot
The Coyote and the Firefly/El Coyote y la Luciérnaga - Yazmin Ross
La Tía Poli y su Gato fantasma - Floria Jiménez


Posiblemente incumplen requisitos por nacionalidad o previa publicación:
Justicia Poética - Enrique Jaramillo Levi
El Lupanar y Otros Relatos de Terror Educativa - Luis Enrique Arce Navarro
¿Qué es la democracia? - Manuel Moas Madrigal
Historias del Encuentro de Culturas y de la Conquista de México. La Tía Adela cuenta. - Manuel Moas
El Bosque que desapareció - Carin Heurlin Spinelli



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Arnoldo Gálvez Suárez, Premio Centroamericano Monteforte Toledo 2008



Los Jueces de Arnoldo Gálvez Suárez gana el Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo para el 2008.


El autor guatemalteco Arnoldo Gálvez Suárez de 26 años ganó el Premio Monteforte Toledo de Novela con su primer novela titulada Los Jueces. Gálvez Suárez habia publicado en el 2005 la colección de cuentos El Perfíl, reseñada en este enlace por Ronald Flores, quien además aporta un comentario interesante en cuanto a la evolución del Premio Monteforte Toledo aquí.



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