La Rebelión de las avispas, Carlos Morales



Rebelión de las avispas, reseña de la novela.


La Rebelión de las Avispas
Carlos Morales
San José:Editorial Prisma, 2008. 174p.

La Rebelión de las Avispas, de Carlos Morales, es un roman á clef de corte cómico satírico que retrata una universidad en la que el conflicto de género es llevado al extremo de una guerra entre sexos. La novela además menciona de pasada y brevemente los asuntos de la globalización, la búsqueda superflua de títulos académicos y la banalización de los currículos universitarios, entre otros. Pero verdaderamente el único tema que tiene algún cabal desarrollo es el de los conflictos de género, específicamente entre las feministas y los académicos varones. La novela no pretende hacer una evaluación equilibrada de este conflicto, como tampoco se recogen comentarios inteligentes sobre el tema. Lo que si abunda es el comentario sarcástico, el ataque ad hominem, la parodia, la caricatura y la descalificación por medio de la burla.

No es difícil adivinar que aquí no se pretende un abordaje serio del tema y que hay la proverbial "sangre en el ojo". La anécdota con la que abre el libro, el enjuiciamiento por acoso sexual de un académico, tiene evidente paralelo con la persecución que sufrió el autor durante su salida de la Universidad de Costa Rica, en la cual fungió como catedrático y dirigió el diario Semanario Universidad y la estación Radio Universidad. En una reciente entrevista para Club de Libros Morales no tuvo inconveniente en aceptar que la novela era una "sacada de clavo". No resulta difícil entender entonces por qué Morales ha optado por el humor más chabacano y simplista, en el cual la descalificación principal en contra de las feministas tiende a ser, según él, su mal gusto al vestir, su falta de atractivo físico y su supuesta homosexualidad. El único punto en el que Morales logra alguna profundidad -aunque no demasiada- es cuando discute las perversiones que ha producido la idea del lenguaje inclusivo. Pasa por alto, sin embargo, la oportunidad para cuestionar la legitimación de unos cuantos individuos para hablar por minorías que no los han elegido; o el reencausamiento de la radicalidad, ante el declive del socialismo, hacia las luchas reivindicatorias de las minorías sexuales o étnicas; o los mecanismos por los cuales se tergiversan los sistemas normativos convencionales para convertirlos en armas en contra de chivos expiatorios; o las razones para la crisis de la masculinidad del macho "espalda plateada"; o la posibilidad de una masculinidad más justa, amplia y acorde a los tiempos. Nada de esto logra dilucidar Carlos Morales, ocupado como está en endilgarle a las feministas motes como "las tortis", "las zapatonas" o hacer bromas en las que debutan las tortillas y se discuten los pormenores de los bares de ambiente. No necesita el lector adentrarse mucho en el texto para darse cuenta que el propósito central de la obra no es el aporte a la discusión sobre el género, la representatividad y la justicia, sino el simple afán de venganza y desquite. En ese sentido, Morales sabe lo que hace y escoge bien sus armas, optando exclusivamente por el humor. La Rebelión de las Avispas no es una novela inteligente, ni es una novela importante, es, simplemente, una novela que resulta a ratos ingeniosa y a ratos divertida (y hasta eso es discutible).

En cuanto a lo literario no hay mucho que decir. Morales maneja un rango limitado de técnicas humorísticas basadas en el contraste entre el registro culto o formal y la situación ridícula, escatológica o vulgar que se narra. En algunos casos hay insertos de chistes reciclados que se pueden escuchar en bares o que circulan impresos en los corrillos burocráticos. Morales además pretende que la novela se vea, según su entrevista, como una obra "muy moderna y ambiciosa", "la primera novela interactiva en la región" "polifónica y multi-temática", con "personajes-narradores" y con "un cierto riesgo participativo y democrático, que puede ser alma de la trama". Todo eso se quedo, me temo, en los planes, o en la cabeza, de Carlos Morales. La novela no es más moderna que, digamos, las sátiras de Swift o Quevedo. Tampoco logramos encontrar por ninguna parte la interactividad, el polifonismo y el riesgo participativo que Morales reclama para su novela. La Rebelión de las Avispas está narrada en un solo registro, aplicando indefinidamente los mismos mecanismos de humor, recurriendo a las mismas bromas y resulta imposible para el lector no pensar que el narrador de cada capítulo es el mismo en toda la novela. Mencionar la interactividad de unas pantallas que hay en el campus universitario y llamar pantallas a los capítulos de la novela no convierte a la novela en una obra interactiva. El sitio web www.totolate.com que Morales ofrece como parte de la interactividad de la novela, es una sola página, con unos textos inanes, que funciona como una pura excusa para alegar algún tipo de hipertextualidad de la novela que en realidad no existe. Esta no es gran literatura, ni siquiera es buena literatura. Es divertida, si, promueve algunas sonrisas y, porque no, una que otra carcajada. Pero esta novela no es la novela del año; no es la cúspide de la narrativa costarricense para ese año. No es mejor, por ejemplo, que Archipiélago de Heriberto Rodríguez, que también es bastante cómica y que desarrolla también el choque entre la entelequia masculina tradicional y el mundo de las mujeres. Tampoco es mejor que las novelas de Lobo, Valbona, Obando, Muñoz o Aguilar. Morales, por supuesto, estaba en su derecho de escribir esta novela, en atención a su necesidad de desagravio, y su novela tiene derecho a compartir anaqueles con todas las citadas. No solo está en su derecho de existir sino que es bueno que exista porque expone públicamente el sentir de algunos miembros de la academia -como lo demuestra el premio-. Pero no es, en fin, la novela que se debía premiar este año, y el jurado, hay que decirlo, cometió un grave error de juicio al otorgarle el Premio Nacional de Novela para el 2008 a La Rebelión de las Avispas.


11 Comments:

Gustavo Adolfo Chaves said...

A propósito de lo dicho en la sucursal fresa de este blog, se me vinieron a la mente unas palabras de Gao Xingjian en su discurso del Nobel: "Literature is not angry shouting and furthermore cannot turn an individual’s indignation into accusations. It is only when the feelings of the writer as an individual are dispersed in a work that his feelings will withstand the ravages of time and live on for a long time."

Una venganza, por cómica que sea, no hace literatura. Basta esperar unos meses y ver en qué acaba esta novela.

Alexánder Obando said...

Debo confesar que siempre he sido virulento enemigo de la censura, por lo que no estoy seguro de ver con buenos ojos la anulación del Premio Nacional de novela para Carlos Morales.

El Sr. Morales, además de insuflado de un gran ego machista, es un escritor mediocre, pero como todos, tiene derecho a su verdad.

El Premio Nacional debe ser para una buena novela, diga lo que diga, y no para una novela que se ajuste al corte ideológico que profese el estado. Pero bien, eso en sí es una utopía. El estado premia la obediencia no la insubordinación.

Juan Murillo said...

Para los que se preguntan cuál es la sucursal fresa de este blog, como la llama con cariño GA, aquí esta el enlace:

http://redcultura.com/blogs/index.php?blog=22&title=la_rebelion_de_las_avispas_carlos_morale&more=1&c=1&tb=1&pb=1#comments

En efecto las pataletas personales no son fuente de gran literatura.

La posible nulidad del premio a la que hace referncia Alex está reportada aquí:

http://www.informa-tico.com/?scc=articulo&edicion=20090220&ref=20-02-09060002

Asterión said...

Por más que pueda concordar (y no necesariamente es así) con algunas de las ideas para anular el premio, me parece que es una de esas "cruzadas" infértiles. Anular el premio no cambia el panorama de una cultura patriarcal, misógina u homofóbica. Anularlo no implica que ya nadie vaya a escribir sobre eso y de ese modo. Anularlo implicaría tapar, nada más y por unos instantes, el rostro de esta sociedad.

Claro, no significa que haya sido la novela la que haya destapado ese rostro. Ese rotro es de todos conocido, y según parece, la novela lo que hace es comprobarlo, afirmarlo, cimentarlo, como los chistes del Porcionzón; no trastocarlo, que es lo que hace toda gran literatura.

Por eso, es en el ámbito literario donde ese texto sí debería ser "denunciado" en todo sentido.

nancyboom said...

Señores discrepo con algunos de ustedes yo estoy de acuerdo con la anulación del premio, que no es lo mismo que censura. Morales tiene todo el derecho a publicar su sacada de clavo. Sin embargo el Estado tiene un compromiso internacional de carácter legal de luchar contra la violencia contra la mujer en todos los ámbitos, incluido el cultural. Si este fuera un premio privado estoy de acuerdo estoy que solo resta criticarlo. Pero el premio nobel de la paz, la suiza centroamericana, en fin este "paraíso en derechos humanos" no puede premiar esta "obra" sin que nadie le pida cuentas.

Juan Murillo said...

Concuerdo, pero me parece que nadie se tomo en serio el asunto de impugnar el premio. Como siempre, mucho ruido y pocas nueces.

Silvia Piranesi said...

Bueno, después de esta reseña, no me quedan ganas de leer la novela.. pienso hay demasiadas opciones para aprovechar el poco tiempo que tenemos para leer todo lo que hay que leer en este mundo, :)
No es por la temática (ya que no me considero feminista-activista-etc y me cansa un poco el tema de género), ni tampoco por el aparente lugar desde donde se escribe. Es por el resultado que acá nos cuentan.. (y respeto mucho tu criterio juanminuto.. )

tetrabrik said...

morales es un troglodita. un dinosaurio homfóbico, misógino. en eso parece que estamos de acuerdo porque él mismo quiere que sus lectores lo sepan.

impugnar el premio, un premio cualquiera que sea, es censura.

el problema, desde mi punto de vista, empezó con el jurado que eligió el ministerio.

Milton said...

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truth00 said...

Estoy de acuerdo que las feministas suelen ser en algunos casos repugnantes y prepotentes, y no se si tortis...y mencionan tanto el genero, que lo convierte en una verborrea pedante. Pero estoy en desacuerdo en premiar una novela ordinaria, sin mensaje, ni compromiso social solo porque un jurado que al parecer estaba organizado de acuerdo al trafico de influencias que en Costa Rica se suele organizar para apoyar causas perdidas, pleitos,o sacadas de clavo como la de este Senor, que mejor hubiera optado por una cajita de Prozac o Diazepan, pues parece que sus visceras fueron las que tomaron papel y lapiz. Al rato lo pico un avispon y se esta sacando el aguijon en lugar del clavo...Ojo!!

Mailine said...

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