A medida que nos vamos conociendo, Alí Víquez Jiménez



Reseña de la colección de cuentos A medida que nos vamos conociendo de Alí Víquez Jiménez


A medida que nos vamos conociendo
Alí Víquez Jiménez
San José: Editorial Costa Rica, 1998, 90 páginas

En 1994, para la publicación Algunos se hacían dioses, le pedí a David Maradiaga el favor de que prologara mi libro, que yo mismo encontraba un poco difícil, para que los futuros lectores tuvieran una voz cuerda que los guiara de algún modo en la lectura de semejante espécimen. David leyó los cuentos y me hizo algunas sugerencias de viva voz, todas válidas pero tardías, y algunas reconvenciones en el texto del prólogo, la principal de las cuales era lo tibio que lo dejaba la primera pieza del libro, que se llamaba El Laberinto y que consideraba una "introducción borgiana". No se lo dije, porque nada hubiese cambiado, pero yo no había aún leído nada de Borges, una grotesca deficiencia en mi educación literaria que solvente luego a causa de su comentario. Mi vergonzosa excusa no resolvía nada, de todos modos, porque resultaba que los laberintos, desde mediados del siglo veinte, le pertenecían todos a Borges. Lo mismo sucedía con las historias policíaco metafísicas, las reseñas literarias falsas, las bibliotecas, los espejos, los tigres, las máscaras, las peleas a cuchillo, el nombre de dios y los adverbios quizá y acaso. Las colecciones de cuento El Aleph y Ficciones yacen en el centro del siglo XX como un inmenso hoyo negro que atrapa ideas y símbolos que ya nunca logran escapar. Si la idea del laberinto remitía originalmente a Minos, luego de Borges el laberinto remite primero que nada a Borges, y, por la estatura e influencia de Borges, no saber eso hoy, desafortunadamente, es una ingenuidad literaria.

Borges es, según parte de la crítica, uno de los autores fundantes de la tradición posmodernista y es, sin duda, un autor que ha influenciado a casi todos los grandes escritores latinoamericanos posteriores a él. Tan grande se había hecho Borges que cuando Gombrowicz se iba de Argentina, gritó desde la borda del barco:"Maten a Borges", como advirtiendo que sin ese parricidio inicial, la literatura latinoamericana ya no lograría avanzar.

Alí Víquez, no es diferente en esto a otros autores latinoamericanos, Borges lo había impactado, pero menos ingenuo de lo que uno podría esperar en un autor novato, en su primer libro de cuento, A medida que nos vamos conociendo, Víquez reconoce la deuda desde el epígrafe y se cura en salud con un irónico divertimiento borgesiano que trata, precisamente, sobre Borges.
El narrador del cuento decide que debe ir a Buenos Aires a conocer a Borges. Viaja, tiene un encuentro cercano con la muerte en el vuelo de ida y ya en Buenos Aires, conoce a Borges, pero no del modo que esperaba, sino de uno mejor, más apropiado para el autor de Las Ruinas Circulares y de Borges y Yo, y lo que nos sorprende de este pequeño cuento, que es un homenaje, no es la competente revista de la temática borgesiana1, sino el acercamiento al lado humano de Borges, que finalmente es lo que Borges nunca enseño en sus cuentos herméticos, perfectos.

La deuda es notable también en Algunas revelaciones en torno a la resolución del caso de Alberto Cortés, en la que un improvisado detective libresco deduce la verdad sobre el homicidio de su amigo y catedrático Alberto Cortés (sin relación con el actual que en ese entonces era apenas un estudiante) por medio de la revisión de los manuscritos del muerto. En este cuento también se visitan temas cercanos al bibliotecario ciego como la investigación de la naturaleza del tiempo y como las ideas son la rubrica más inimitable de un hombre, además de incluir una somera reseña de un tres libros inexistentes, pero Víquez, pupilo avanzado, utiliza el formato para investigar sus propias ideas sobre el absurdo de la vida humana. Estas ideas ya son totalmente lejanas a Borges y se circunscriben más bien en el existencialismo francés que nada tiene que ver con aquel, pero que en Víquez resultan sumamente importantes. Lo mismo sucede con el cuento Desencuentro en el que se trata el tema del doble (inmediatamente surge la referencia a Borges y Yo) y los universos paralelos, pero aquí también las preocupaciones de Víquez terminan siendo de tipo existencial, a pesar de sus discusiones, nuevamente, sobre la naturaleza del tiempo.

Uno se imaginaría que A medida que nos vamos conociendo es, permeado de ideas existencialistas, un libro amargo. No lo es. De los cuentos aquí reunidos el único que es protagonizado por un misántropo es el delicioso cuento homónimo que da inicio a la colección, y cuyo bien logrado personaje quizá hubiera resultado apropiado para un texto más extenso. Ni el cuento final sobre suicidas (Conferencia del Lic. Morales), ni el cuento sobre la imposibilidad del amor (Destinatarios), ni el cuento de ciencia ficción sobre la separación y distancia que inevitablemente nace de la tecnología que nos enmascara (Anonimátic) y que reelabora el tema de la máscara, logran disminuir un humor de bajo impacto que se percibe a través de toda la obra. Alí Víquez escribe como si nada fuera terrible, como si en efecto viviéramos uno de muchos universos posibles, todos los cuales eventualmente sucederán o suceden en este momento, como si eso vaciara de sentido e importancia la vida humana. Uno poco como El Inmortal, los eventos humanos ya no lo sorprenden y todo lo narra con una desafección simpática e irónica.

Sorprende este libro, que prefigura sus otros excelentes libros de cuentos (A lápiz y especialmente el magnífico Biografía de hombres ilustres), de una sofisticación inusual en nuestras letras, ejemplo de que la influencia de los maestros no tiene porque ser un defecto. En 1990 ganó el premio Joven Creación de la Editorial Costa Rica, bien otorgado, como no siempre sucede, y con este libro se inauguró la generación de fin de siglo, la cual Alí Víquez indiscutiblemente lidera.


1. Según el liguista peruano Rodríguez-Mondoñedo el adjetivo correcto es borgiano y no borgesiano -abajo un link a su interesante explicación- pero como aquí mando yo y como estamos hablando de Jorge Luis y no de César, en este artículo el lector encontrará el reblede, indómito "borgesiano" a diestra y siniestra. Como dijo Borges cuando escuchó el vocablo "vikingo" la primera vez, ahora sólo falta que empiecen a hablar de Kiplingo.
( http://ficcionesborges.blogspot.com/2005/05/borgiano-y-no-borgesiano.html )

11 Comments:

Asterión said...

Este cuentario es quizá el más reconocido de Alí, pero del cual yo solamente he leído el que da título. Acaso me salve de esta omisión haber leído todos sus otros libros.

Asumo muy acertada la referencia al existencialismo, porque eso es lo que permea el cuento en cuestión.

De su narrativa, lo mejor definitivamente es "Biografías..."

En cuanto a Borges, pues sí, la relación es más que evidente en toda su obra, pero como bien señalás, Alí lo tiene más que claro y logra salirse por aquí y por allá con sutileza.

Dicha influencia es muy notoria también en su poesía, la cual considero el punto más alto en general de sus trabajos.

Saludos.

1. Sobre el adjetivo borgiano, yo diría que debe ser borgeano. No entiendo esa i, pero leeré el artículo. Igual algo discutimos en otro momento sobre bartheano.

Asterión said...

1.1. Ya vi por qué propone borgiano con i. Sin embargo, igual podría pensarse en -s como clasificador, y meter antes el sufijo -ano: borge-ano. Habrá que ver más.

Germán Hernández said...

Lo bueno de andar jugueteando de un género literario a otro, digamos cuento y poesía, como me ocurre a mí, es que a la larga, con alguien quedamos bien...

yo pensaba que se podía decir:

borgesiano
borgisiano

de poder se puede... pero bueno, no sé si admite igual que en los nombres... esos pequeños caprichos...

De Alí... pues en hora buena que Juan me pone tareas interesantes, como ir a toda prisa a repasar y ponerme al día en asuntos de colegas...

Abrazos

Juan Murillo said...

Gustavo, espero pronto subir la reseña de Biografías que es probablemente su cuentario más perfecto. De la poesía que le he leído no todo me parece maravilloso, pero unos cuantos son definitivamente poemas geniales.

En cuanto a lo borgesiano, yo opongo el uso de cartesiano cuando se hace referencia a Descartes.

Germán, tengo que decir que estoy gratamente impresionado con tus cuentos y poemas ambos, como se llama tu libro o en su defecto, ¿cuando publicás?

Germán Hernández said...

Querido Juan... sinceramente gracias, esto me compromete.

Alí Víquez said...

Muchas gracias; estos comentarios de Juan estàn muy bien pensados y muy bien escritos, aunque en esta ocasiòn peca de generoso conmigo.

No digo màs, porque mi actitud siempre ha sido la de dejar que los libros se abran paso solos, que es otra forma de tirar la piedra y esconder la mano.

Saludos.

el tuerto said...

Con mucho agrado leo estas notas sobre Alí Víquez. Yo mismo tengo una por ahí que compartiré en su momento.

Sobre el tema, apunto que el intertexto borgesiano está muy presente en A medida... como bien queda señalado en la entrada. Sin embargo, sobre esa presencia de Borges, a mí me interesa más el hecho de que se haya diluido mucho en los demás textos de Alí, hecho que le añade mayor validez al escritor: demuestra en su primer libro que conoce a Borges, que es capaz de darle un giro personal, para luego demostrar también que puede apartarse de él con igual éxito.

No en vano ha impartido el seminario sobre Borges en la UCR, información importante para quienes no pasen por la Facultad de Letras. Un dato curioso es que el mismo Alí Víquez suele decir "borgesiano", así que podríamos arreglar la cosa muy a tono con el autor comentado.

Mundicia said...

Coincido: Alí Víquez es un escritor de una obra sugerente, más que interesante, rica e injustamente invisibilizada... Tan discreto que asusta... Ahora bien, Murillo, esta frase: "porque resultaba que los laberintos, desde mediados del siglo veinte, le pertenecían todos a Borges. Lo mismo sucedía con las historias policíaco metafísicas, las reseñas literarias falsas, las bibliotecas, los espejos, los tigres, las máscaras, las peleas a cuchillo, el nombre de dios y los adverbios quizá y acaso..." La sacaste del estadio...

Mundicia said...

Coincido: Alí Víquez es un escritor de una obra sugerente, más que interesante, rica e injustamente invisibilizada... Tan discreto que asusta... Ahora bien, Murillo, esta frase: "porque resultaba que los laberintos, desde mediados del siglo veinte, le pertenecían todos a Borges. Lo mismo sucedía con las historias policíaco metafísicas, las reseñas literarias falsas, las bibliotecas, los espejos, los tigres, las máscaras, las peleas a cuchillo, el nombre de dios y los adverbios quizá y acaso..." La sacaste del estadio...

Juan Murillo said...

Alí, más bien gracias a vos por tus libros bien pensados y bien ejecutados.

A ver tuerto, si tenés una reseña queremos verla, que si algo hace falta en este país es crítica y visibilización. A mi me alegra que alguien referencie a Borges como se debe, Borges es uno de los padres de la literatura moderna (posmoderna, en realidad).

Es cierto lo que dice Rodrigo, Alí es de esos escritores que verdaderamente sólo hablan a través de su obra. Lo entiendo y comparto en mucho esa idea, algunos somos escritores porque simplemente no podemos con la presión del arte en directo. Yo jamás pudiera haber sido actor, por ejemplo, o poeta.
Gracias por el elogio, Rodrigo, el mérito es todo de Borges, como siempre.

El Ornitorrinco said...

Este libro de Alí me parece un buen primer libro. Pero luego vendrían otros libros mucho mejores como Conspiración para producir el insomnio (mi favorito) y Biografías de hombres ilustres.