Managua Salsa City ¡Devórame otra vez!, Franz Galich



Reseña de la novela.


Managua Salsa City ¡Devórame otra vez!
Franz Galich
126 páginas
Anamá Ediciones 2001


Franz Galich, nacido en Guatemala en 1951, murió el 3 de febrero de 2007 en Managua donde residió desde 1980 cuando abandono Guatemala tras un atentado contra su vida. Galich publicó cinco libros, entre los que se cuenta dos colecciones de cuento: Ficcionario Inédito (1979) y La princesa de Onix y otros relatos (1989); y tres novelas: Huracán, Corazón del cielo (1995), la que aquí se reseña, e Y te diré quien éres (Mariposa traicionera) (2006). Managua Salsa City, ¡Devórame otra vez! es la novela con la que ganó el Premio permanente Centroamericano Rogelio Sinán en 1999-2000.

Managua Salsa City es una original propuesta de Galich con rasgos que audazmente se apartan de la senda más común en la narrativa latinoamericana para subsumir los aspectos formales de la obra totalmente al tema que se desarrolla con un estilo por demás inusual. En ella se dan cita el vernáculo, la vida nocturna y la música que se escucha en Managua, la guerra de la revolución y la contrarrevolución nicaragüense y, especialmente, el hampa y los criminales que tras la pacificación del país, redireccionan la agresión, para la que fueran entrenados o predispuestos por el conflicto, contra la sociedad civil y ellos mismos.

La trama ocurre toda entre las seis de la tarde y las seis de la mañana del día siguiente y radica básicamente en la seducción por parte de Pancho Rana, celador de una mansión lujosa, de la Guajira, prostituta y jefa de una banda de asaltantes. La Guajira acepta los avances de Pancho Rana fingiendo ser una muchacha inocente y como parte del usual plan para asaltarlo y robarle el carro, o en caso de tener dinero, como le parece a la Guajira, desvalijar su casa. La ironía central de la novela radica en que ya Pancho Rana se encuentra en proceso de realizar este hurto, llevándose el carro de sus patrones y saqueando la casa que tiene a su cuidado y tiene planes de darse un último festín (Guajira incluida) antes de huir. Pancho Rana resulta ser un exmilitar sandinista entrenado por las fuerzas especiales, cosa que los de la banda sospechan, pero no saben. El pretendido asalto se convierte en el clímax de la novela, durante cual se unen otros dos personajes oportunistas que tienen sus propios planes de violar a la Guajira.

La novela tiene largas secciones dedicadas al diálogo que hacen avanzar la acción con gran economía de recursos y a alta velocidad. El dialogo vernacular del habla popular o hasta lumpenesca de Managua es uno de los elementos más impactantes por la variedad y flexibilidad con la que Galich lo utiliza para desarrollar la trama. Aquí las formas vernaculares no se presentan en una vitrina de exposición, sino más bien son parte integral del desarrollo de la acción. A pesar de la densidad del slang en uso durante toda la primera parte el lector no se desconcierta puesto que los usos de los neologismos, aliteraciones y otros mecanismos del habla popular pueden deducirse por su contexto y resultan comprensibles. A Galich, por la forma en que escribe, sin embargo, parece tenerle sin cuidado quien no entienda y desarrolla su dialogo sin concesiones al lector y de una manera torrencial que no se presta para elucubraciones sobre el uso del lenguaje popular.

Resulta curioso notar, a pesar de la versatilidad de Galich con el habla popular y después de preparar al lector extensamente para la 'apaleada de comadreja' y 'afincanda maciza' y la 'jincada' que Pancho Rana le va a dar a la Guajira, que en la escenas eróticas el autor recurra al lenguaje lírico para describir los detalles del encuentro. Los encuentros sexuales son los únicos que se encuentran sublimados por medio de metáforas o símiles, todo lo demás en la novela se explicita o se implica con la narración mas directa posible. Este detalle nos lleva a lo que parce ser el corazón de esta novela.

A nuestro modo de ver esta es una novela esencialmente acerca de la masculinidad en Nicaragua y quizás, en lo que se pueda extrapolar, en otros países de Centroamérica. La masculinidad no se menciona en la novela explícitamente en ningún momento. Sin embargo, toda la novela gira alrededor de actividades masculinas, la prostitución, que se ejerce en función de las necesidades de los hombres, el asalto violento, la violación, las riñas y balaceras, los desplantes machistas exteriorizados a través del uso violento del vehiculo, la percepción de seguridad que todo esta ritualización de masculinidad le produce a la Guajira, que a través de la novela vemos subvertir sus lealtades por sus compañeros, puesto que el Pancho Rana resulta ser más hombre y la puede proteger o proveerle algo que los otros no pueden. Las violaciones en particular parecen en la novela ser parte integral del imaginario masculino, en vista de que todos los personajes masculinos de la novela, o la han practicado, o la piensan practicar pronto, o la consideran una alternativa viable para tener sexo con una mujer. Sin sobresalto alguno, todos los personajes expresan su aceptación de la violación que es la expresión más agresiva de la masculinidad, con el mismo desdén que expresan su aceptación de la muerte como una vía de solución de conflictos. La violencia ritual masculina que se evidencia con estas acciones no se da en el vacío. Pacho Rana, excombatiente, la justifica de este modo:

pues sólo en el monte me he de haber tirado unas cien chavalas, pues por el poblado donde pasábamos agarrábamos algo, ya sea por las buenas o a las malas, la mayor parte de las veces era a vergazo limpio, pues no se dejaban que uno las carreteara, y ni modo, en el monte, bajo los vergazos de la contra uno no sabía en qué momento podía quedar tilinte, así que había que darle viaje a las que se pudiera, ni modo que nos íbamos a ir sólo así, en el aire o a pura estirada de cuereta, ¡ahorcando el pato!(p. 74)


Es la guerra la que ha abierto este espacio donde este tipo de violencia es posible y aceptada. Una vez terminada la guerra es difícil modificar los comportamientos. A pesar de esto, hasta este punto, el Pancho Rana se ha comportado, y de hecho lo hace durante toda la novela, como un caballero con la Guajira, lo cual es parte de las razones por las que la Guajira se encariña con él. Resulta entonces que la relación entre Rana y la Guajira no esta determinada por la violencia sino por la sensualidad y que al tener Galich que describir en palabras propias de un narrador omnisciente las escenas de sexo se encuentra con la imposibilidad de describirlas como lo haría uno de sus personajes. Quiere rescatar Galich estos momentos y elevarlos por sobre la sordidez circundante de la novela? O, es acaso este lenguaje lírico una postura defensiva de la masculinidad viril que se ejerce con tanta desenfado en el resto de la narración? Se puede argüir que el vernáculo es en sí mismo una sublimación de los hechos en un lenguaje que los cubre y los devuelve ya transidos y disminuidos por el uso sustitutivo de los vocablos (palmar, darle agua, por ejemplo, en vez de matar). Lo cierto es que las escenas de sexo terminan siendo solo un respiro que no logra postergar el desenlace sumamente violento de la novela. Las aspiraciones de la Guajira, nacidas de un trato cariñoso y una copula tierna y satisfactoria, al final se ven frustradas por este desenlace. Todo pareciera indicar que la violencia masculina da al traste con cualquier y con todos los proyectos. Al final de la novela no sobrevive ninguno de los personajes que se han revelado como violentamente masculinos, todos son consumidos por la violencia que han generado ellos mismos. La Guajira, sus sueños destruidos huye con el único sobreviviente masculino que no ha demostrado tener las cualidades confrontacionales de los demás, mostrando una masculinidad más débil.

No quiere decir lo anterior que Galich intente de manera alguna presentarnos una fábula moralizadora. Él se limita con gran habilidad a exponernos los hechos y algunas posibles motivaciones. La novela cierra con un da capo cuando, exactamente doce horas después de haber comenzado con una introducción similar Galich nos dice:

Eran las seis en punto de la mañana. Dios volvía a ponerle la llama a Managua y le amarraba nuevamente las manos al Diablo. Diablos y diablas volvían a sus madrigueras después de una vertiginosa noche. Los que habían descansado de noche, sumidos en los sueños y la locura de las ansias por tener algo, salían a las calles(...) El bullicio y la acción se instalaban de nuevo como signo de vida, y eso era lo importante: estar vivos...

En mi cama nadie es como tú... ¡Devórame otra vez! (p.126)


Queda claro que esta es una noche de tantas en Managua y que la violencia, el crimen, las drogas y el sexo retornarán con la oscuridad, como cada noche, para devorar a los personajes que la habitan. De prosas salvajes, carnívoras, como esta, no tendremos más, ahora que Galich ha muerto. Se pierde un poderoso narrador, pero nos queda su inolvidable novela.

3 Comments:

Literófilo said...

Genial pagina, muy muy buena, le diste al literófilo por la jupa, literofiliacr@hotmail.com, hablemos de literatura...

depeupleur said...

Pura vida literófilo, gracias por el comentario. Me parece, hay que hacer pelota porque somos muy poquitos.

Satyasheel Kaushik said...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.