Cementerio de cucarachas, Laura Fuentes Belgrave



Cementerio de cucarachas de Laura Fuentes, reseña de la colección de relatos.

Cementerio de cucarachas
Laura Fuentes Belgrave
80 páginas
Editorial Universidad de Costa Rica 2006

A Laura Fuentes la conocí en los bares aledaños a la Universidad de Costa Rica cuando ella comenzaba su carrera y escuchaba en silencio las diatribas entre incoherentes y pretenciosas de los escritores que frecuentábamos esos lugares. En esa época no había leído nada de ella y me pareció, ejerciendo prejuicios que ahora me averguenzan y de los que espero estar curado, que la muchacha joven y bonita que nos escuchaba con tanta atención debía ser, casi con certeza, poeta. Esto lo deduje tras la meticulosa aplicación de los mismos estereotipos que le hacen a uno pensar que un escritor gordo, calvo y viejo tiene necesariamente que ser un novelista, aunque ya se ve que en Costa Rica esos son casi siempre los poetas. Pasaron los años sin que leyera yo nada de ella más que la profesional labor de difusión cultural que ha venido realizando en ejercicio de su carrera de periodista. Nada podía prepararme para lo que leería en este libro.

Cementerio de Cucarachas es un libro hecho para impartir justicia, destila feroz veneno, risas sarcásticas y señala con el dedo la yaga purulenta que todo el mundo prefiere ignorar. La primera parte del libro agrupa veinte relatos bajo el titulo de El Hueco, suponemos que en referencia al hueco en el que en el cuento homónimo del libro, la protagonista echa las cucarachas moribundas para que terminen de morir, o cosas peores. En esta sección se concentran las acusaciones en una andanada imparable de humor negro, crítica mordaz y escarnio. Recorremos las páginas leyendo sobre mercaderes de arte que se mutilan por dinero, inquilinos y arrendatarios que se matan mutuamente por trivialidades, señorones de campo que violan a sus hijas, amantes con ridícula ropa interior de carnaval, odontólogos salvajes, seguidores hipócritas del Opus Dei y un relato que denuncia el hecho de que el homicida condenado Roque DiLeone deambula libre por las calles gracias a la corrupción judicial. Las críticas son a veces puntuales como en el caso de DiLeone, y a veces genéricas como en el caso de los relatos Ticolandia y Costarricidas, en los cuales los filosos dardos se dirigen contra grupos de personas despreciables. Uno de esos dardos me dio a mi personalmente en el ojo mientras leía Costarricidas:

Amenazan a sus padres con irse a París desde los once años, y a los veintidós se descubren tomando guaro (de mantenidos) como todas las noches, en una cantina cercana a la universidad estatal. Escriben, pintan, hacen teatro, cualquier cosa que les permita sentirse un poco menos mediocres que el resto, (...) Sueñan con la vida de Cortázar, aman a Bukowsky, se masturban pensando en una rubia, o en un gaucho inconfesable, y esperan morir tan jóvenes como se ven, musitando las palabras de ardiente soledad de la Garbo (p. 19)


Esta sección es sorprendente porque la intensidad nunca varía. Del primero al último relato todos son igualmente despiadados y muchas veces con sobrada razón. El lector al llegar al final de la sección se pregunta varias cosas sobre Laura Fuentes: ¿De que esta hecha esta mujer que no muestra compasión ante nada ni nadie? ¿Porque esta la autora tan enojada con el mundo? Esas dos sensaciones son inevitables porque cuando Fuentes se sube las mangas para meterse con un tema no debe esperarse pusilanimidad, ella dirá lo que tiene que decir y al que le caiga el guante... No vemos en ninguna parte que Fuentes matice sus juicios o categorizaciones y pensamos que algo anda mal si el sentimiento de ira dominante es también el único.

La sorpresa aumenta cuando entramos en la segunda sección, que se llama Otros Huecos, y de la que el lector espera, con justificada razón en vista del titulo, otra variedad de cuentos ácidos, pero probablemente en la misma tónica que los primeros. Sin embargo lo que leemos es casi como si viniera de otra pluma. La segunda sección esta poblada de relatos en los que la atmósfera se satura de melancolía, lirismo y, porqué no, amor. Es esta sección la que nos da a entender, con cierto alivio, que Laura Fuentes no esta hecha de acero esmerilado. En ella se recogen un cuento de corte cortazariano de la correspondencia entre una ancestral mujer persa y la protagonista actual, una remembranza de la abuela y una fábula del amor imposible entre un Gnomo y una Bruja, en la que Fuentes relata con clarividencia este intercambio que podría ser sobre su libro:

-Queréis cambiar vuestros celajes de dulce tono y vuestro apacible bosque, por esta violenta suciedad en la que vivo?- preguntó la bruja consternada. -Vuestra oscuridad es profunda, pero ya he comprobado que mi luz puede atravesarla,- le contestó el gnomo. (p. 54)


El último relato, titulado Olvido, en el que Fuentes cuenta su visita al cementerio en Guatemala donde descansan los restos de su padre Alberto Fuentes Mohr, quien fuera asesinado en 1979 por agentes del estado guatemalteco, es, sin duda, el más importante del libro. En este relato Fuentes intercala fragmentos de noticias sobre el asesinato de su padre con su personal experiencia de estar frente a sus restos por primera vez y el contraste resulta conmovedor. El libro cierra con esta frase:

Esta noche en Quetzaltenango, no son las frases de periódicos amarillentos quienes me acompañan. Esta noche en la que palpo la dirección de mis latidos, el lado del pecho del cual provienen, duermo al abrigo del corazón de mi padre. (p. 64)


Laura Fuentes no tiene motivos para ser compasiva y su libro es en gran parte un ajuste de cuentas, una denuncia de lo asqueroso y lo putrefacto en nuestra sociedad, aquello a lo que todos los demás quieren hacer ojos ciegos e ignorar, y en ese sentido es necesario. Es también un libro donde vemos detrás de la coraza de sarcasmo un perfil más íntimo, aunque siempre apertrechado entre los giros de una prosa poética.

En lo personal me queda la lección: No confundir la mirada embelesada de poeta joven con la mirada filosa de cuentista justiciera que te retrata mentalmente para algún día acusarte de Costarricida.

Bio-Bibliografía:

Laura Fuentes nació en San José, Costa Rica en 1978. Estudió periodismo y sociología y se ha dedicado a la difusión y promoción de la cultura en distintos medios impresos y electrónicos en Costa Rica. Ha publicado un poemario, Penumbra de la paloma (MCJD, 1999) y el libro de relatos Cementerio de Cucarachas que aquí se reseña.


8 Comments:

Literófilo said...

Yo se lo pedí a ella, pero me dijo que se agotaron, que bien por aquellos que escribimos prosa. Bien Luara, te feliito, ahora con los cuentos de San José oculto.

Juan Murillo said...

Yo compré el mio en ClaraLuna hace una semana y me consta que hay más, por si te interesa leertelo.

Lau Fu said...

¡Hola Juanca! ¡Qué grata sorpresa encontrar tu reseña! Muchas gracias por tomarte la paciencia de leerlo. Gracias también a Lite que me envió el enlace. El libro se agotó en su primer tiraje (cuando Lite preguntó), pero desde hace meses se reimprimió y es posible encontrarlo en la librería de la UCR o en Claraluna.

Juan Murillo said...

Con gusto Laura, fue un extraño y oscuro placer. No todos los días leo libros que me hacen reirme de mi mismo. Esperamos con ansias tu próximo libro.

Heriberto said...

Gracias por la información respecto a la disponibilidad del libro, lo compraré este sábado, hace tiempo tengo ganas de leer a Laura.

Juan Murillo said...

Con gusto Heriberto. No conocía tu blog. Ya pase por ahí y me robe los apuntes sobre tu novela, te puse un link de vuelta para que no me demandés. Esperamos ver Archipielago pronto.

Ana Maria Rojas said...

Todavía se puede conseguir??

juan murillo said...

No lo sé, Ana María. De haber aún, estarían en la Librería de la UCR o en manos de la autora. Suerte.