El Gaucho Insufrible, Roberto Bolaño



El Gaucho Insufrible de Roberto Bolaño. Reseña de la colección de cuentos.


El Gaucho Insufrible
Roberto Bolaño
177 páginas
Editorial Anagrama 2003

El Gaucho Insufrible fue el último libro de cuentos que preparó Roberto Bolaño para publicación antes de morir el 14 de julio de 2003. El desorden aparente en los contenidos del libro y la publicación del libro en el mismo año que murió Bolaño ha hecho creer a algunos que el libro es en realidad un cajón de sastre publicado apresuradamente por su editor Jorge Herralde con ocasión de la muerte de aquel. Pero la verdad es que el libro ya estaba definido y en preparación para la edición cuando Bolaño ingreso al hospital barcelonés donde le practicarían la cirugía de transplante de hígado durante la cual falleció.

Lo cierto es que para esa época, según reportes de su editor y familia la preocupación principal de Bolaño era, en caso de su muerte, dejar a sus hijos y esposa con una situación económica solvente. Trabajaba contra el tiempo y lo sabía. Un libro más publicado, especialmente si moría, solo se podía traducir en mayores réditos para pagar la manutención y educación de sus hijos y es posible que Bolaño pensara en lo económico más que lo literario cuando lo mando a prensa. Por otra parte, existe la posibilidad de que los cuentos aquí incluidos fueran los últimos cuentos publicadles que tenía, el 'fondo del barril' que decía Nabokov, y que sabiendo que se había embarcado en la portentosa empresa de redactar 2666 en un formato de cinco novelas separadas, probablemente ya no tendría tiempo para escribir más cuentos.

El Gaucho Insufrible está compuesto por cinco cuentos y dos transcripciones de conferencias o discursos escritos por Bolaño. De los cinco cuentos, tres (El gaucho insufrible, El policía de las ratas y El viaje de Álvaro Rousselot) tienen extensiones de aproximadamente treinta páginas y componen el cuerpo principal del libro.

El Gaucho Insufrible es un cuento excelente que versa sobre el retiro de un abogado citadino al fundo campestre de la familia donde sufre una transformación sorprendente, pasando de probo y amoroso abogado y padre a rudo gaucho vitalista de inmediato actuar. El cuento es la historia de un hombre que enfrenta su destino de frente sin dejar que las circunstancias adversas lo reduzcan a su mínima expresión, pero además es una relectura o un contrapunto de el cuento El Sur, que Bolaño menciona en el cuento, en el que un Borges febril y delirante sueña la muerte que hubiese deseado, a manos de un gaucho pendenciero en una cantina del gran Sur. Bolaño le da vuelta al cuento y en este caso el viejo abogado busca su destino como el viejo gaucho que enfrenta las cosas con determinación, a veces con violencia. Es como si Bolaño nos dijera, siempre con una delicadeza pasmosa, que nosotros, gentes de ciudad, no estamos ya preparados para enfrentar grandes cataclismos o cambios, sino para vivir la vida fácil de la rutina.

El Viaje de Álvaro Rousselot es también un cuento simbólico, que como todo lo simbólico en Bolaño, puede ser leído literalmente y resulta igualmente entretenido, hermoso o enigmático. En este caso se representa la relación entre el escritor (Rousselot) y el lector ideal, que en este caso resulta ser otro creador, un cineasta de apellido Morini, que consume, digiere y reelabora las creaciones de Rousselot. Rousselot al principio se molesta por el plagiarísmo de Morini, pero con el tiempo empieza sino a entender, por lo menos a disfrutar oscuramente de la simbiosis que se desprende del hecho de tener un lector fiel que retroalimenta al autor con relecturas de su obra. Ante un extendido silencio de Morini, Rousselot decide salir a buscarlo, y ese viaje es en si mismo el corazón del cuento. El viaje de autor en busca de su lector no puede ser más que un viaje fantástico donde el autor se da cuenta de la transformación que comporta, ya no la creación propia, sino el intento de absorber y comprender la creación de otro, de como esto nos transforma inevitablemente, al ponernos en los zapatos de otro, en la vida de otro. Es, así como El gaucho insufrible, un cuento delicado, de verdades que se revelan poco a poco, en matices y a veces no del todo y que ejemplifican la maestría de Bolaño en el género del relato corto.

El tercer cuento, El policía de las ratas, es un homenaje, quizá una extensión, del cuento Josefina la Cantora, de Franz Kafka. Es un cuento, literalmente, sobre ratas, donde el personaje principal es una rata policía. Aquí nos sorprende de nuevo la habilidad de Bolaño para darle vuelo a un cuento cuya premisa fantástica se ve algo torpe junto a cuentos más elegantes y modernos como los dos anteriores. A fin de cuentas, el cuento se reduce a una historia policial y a un somero análisis del significado del homicidio por medio de la técnica del extrañamiento. Este es el cuento más débil del libro, y nosotros lo entendimos como un homenaje de Bolaño a Kafka, a quien él admiraba.

Los otros dos cuentos (Jim y Dos cuentos católicos) son distintos en forma, extensión y técnica. El primero, compuesto de la remembranza de un amigo norteamericano contiene una única escena y tiene exactamente el mismo formato de los capítulos de la segunda parte de Los detectives salvajes, o sea, es un retrato misterioso o críptico del personaje, relatado en primera persona por un amigo, y termina, igual que aquellos, con un lapidario: "Nunca más lo volví a ver" que es una constante en la literatura de Bolaño y que podemos entender que propone como destino inevitable de todas las relaciones humanas. Dos cuentos católicos esta compuesto de dos piezas que narran un encuentro entre un muchacho con inclinaciones místicas y un asesino, que, en el fortuito encuentro desencadena una epifanía en el muchacho. Nunca se hablan el uno al otro y aparte de la belleza formal de la idea de cruce de caminos desde puntos opuestos en la historia personal y la ironía de lo que piensan ambos durante el encuentro, también hay que notar lo que se nos dice respecto de la lectura que hacemos cotidianamente, y especialmente cuando hay decisiones trascendentes de por medio, de la realidad. ¿Son las cosas lo que pensamos que son? Casi nunca. El universo humano es por tanto irracional y en es perfectamente aceptable que la inspiración de un santo sea una asesino.

Finalmente tenemos las dos conferencias: Enfermedad+Literatura=Enfermedad y Los mitos de Cthulu. Ambas parecieran fuera de lugar en un libro de relatos, pero al terminarlas nos damos cuenta que este libro, el último que entrego Bolaño a la imprenta, no es un libro de relatos, este libro es un testamento literario.

Enfermedad+Literatura=Enfermedad es una disertación sobre la enfermedad y el acto de escribir y de vivir. Desordenada como el torrente de ideas y vivencias que es, esta agrupada en una serie de fragmentos cuyo hilo conductor es la enfermedad. Estando Bolaño al borde de la muerte cuando escribió estas líneas, hace todo el texto aún más conmovedor, porque vemos a un condenado a muerte intentar decirnos que el sexo es una reafirmación de la vida tanto como la enfermedad es un presagio de la muerte; que la literatura, el sexo y los viajes parecen salvavidas antes el naufragio que es la muerte, pero que en realidad son solo espejismos. Llegados a este doloroso punto vemos a Bolaño disertar sobre la cita de Baudelaire que hace de único epígrafe de 2666: "En desiertos de tedio, un oasis de horror". Aquí habría que discutir entonces si Bolaño desciende al último círculo del infierno existencial y describe la vida de ese modo, o si es de la enfermedad de la que habla. Son palabras parcas y oscuras de un hombre que se enfrenta a la muerte, palabras con poca esperanza. Y aun así, sorprendentemente en las últimas líneas Bolaño finalmente reafirma que aunque sean todos ellos, los viajes, el sexo y la literatura, empresas vanas contra la muerte, debemos emprenderlas, porque en ellas puede estar un método para "llegar a lo nuevo, lo que siempre ha estado ahí". Yo quiero creer que esas son sus últimas palabras sobre el destino del hombre que es la muerte, que antes de ella nos es permitido buscar, siempre con la esperanza de recobrar la inocencia y quizá, ser felices, antes del final.

Los mitos de Cthulu, titulo sacado de la mitología Lovecraftiana y que cierra el libro, no podría tener un tono más distinto al texto que lo antecede. Es Bolaño en su forma más vitriólica y cáustica. Bolaño tenia un hacha guardada en el closet del estudio, y la sacaba cada vez que le daba la gana, que era muy a menudo, para hacer leña de los edificios que el establishment quería erguir a su alrededor a base de mentiras y malentendidos. Me gusta que se cierre este último libro con un ejercicio de criticar literaria destructiva porque nos deja ver que a pesar de su enfermedad Bolaño fue el mismo hasta el final. "Un señor muy desagradable" como dijo Isabel Allende alguna vez, escritora que aquí es empaquetada en una lista de, digamos, escritores enemigos de la literatura. Bolaño se sirve de la ironía para señalar esto diciendo que la literatura latinoamericana:

(...)No es Borges ni Macedonio Fernández ni Onetti ni Bioy ni Cortázar ni Rulfo ni Revueltas ni siquiera el dueto de machos ancianos formado por García Márquez y Vargas Llosa. La literatura latinoamericana es Isabel Allende, Luis Sepúlveda, Ángeles Mastretta, Sergio Ramírez, Tomás Eloy Martínez(...)[p. 171]

Que la literatura ya no es un campo de batalla donde se dicen las verdades incómodas y se genera la identidad de las naciones, sino que se ha vuelto un ejercicio de entretenimiento ligero, vacío de significado, eso nos dice Bolaño en este texto. En el ejercicio del glamour farandulero y el libro premasticado y predigerido de hoy en día, el escritor que intenta empujar los límites no debe esperar ser leído, o por lo menos no por muchos, más allá del círculo de escritores que como él creen que la literatura es una herramienta poderosa de transformación. Ese silencio, esa falta de ambición mental y de apreciación de la literatura como el arte que es cierra poco a poco los espacios donde esta se puede dar y con esta clausura de los espacios de la literatura como arte se acaba, quizá, una época y se inaugura otra.

Si pudiéramos crucificar a Borges, lo crucificaríamos. Somos los asesinos tímidos, los asesinos prudentes.(...)
Todo lleva a pensar que esto no tiene salida.[p. 177]

Duras últimas palabras para un escritor en sus últimos días, hablando de la actividad que más amaba. Bolaño no esta sólo en su percepción del futuro de la literatura y la ansiedad por el futuro de la misma lo comparten gran número de escritores contemporáneos.

Finalmente vale la pena señalar que el libro de Bolaño tiene dos dedicatorias a escritores más jóvenes que Bolaño: Alan Pauls y Rodrigo Fresán. Con Alan Pauls, por quien había profesado alguna vez admiración, se quejó, posiblemente, de como la literatura se poblaba de horrores que hacen peligrar la cordura. Con Fresán discutió, quizá, lo que era el corazón del cuento que le dedicó. Sean estas las razones u otras, son los dos escritores a los que mencionó, en lo personal, Bolaño, en su último libro. Pasaba la antorcha, aquel latinoamericano insufrible, para que otro la levantara aún más alto de lo que él pudo, y si esto es posible, con más amor.




6 Comments:

Sentenciero said...

Hay que leerlo. Putas asesinas (en menor grado) y Llamadas telefónicas (espectacularmente), me parecen obras de alguien de excepcional talento para la narración corta.
Este, como testamento, debe de encerrar algo de morboso interés: ¿Qué escribirá uno cuando sepa que se acerca el último minuto?

Literófilo said...

Este Libro de cuentos/relatos/articulos es un bicho raro sin duda y se nota como a un Bolaño mas resignado pero profundo, una profundidad mas serena y menos vividencial.

Apostillas literarias said...

Nunca me ha atrapado la obra de Bolaño, no soy bolañista, solo me ha gustado Detectives salvajes. Estos cuentos sinceramente no me atraparon.

Juan Murillo said...

Yo en particular tengo una debilidad por lo cuentos llenos de meandros como Gaucho y Russelot, pero puedo ver como lo disparejo del libro podría causar ese efecto.

Quiza la característica distintiva de Bolaño sea su legibilidad, más que su capacidad de transmitir lo que siente, como si él mismo no supiera a ciencia cierta lo que siente y se limitara a contar lo que sucede en sustitución del paisaje emocional. Creo que eso es muy de escritores varones, deformación cultural supongo.

SDVB said...

Leí "El gaucho insufrible" y me encantó cómo escribe Bolaño. Como ningún otro. Así es que ahora voy en "Los detectives salvajes" y no me he arrepentido en lo absoluto. Rebuena adquisición.

Ganja Bus said...

Me acabo de comprar El Gaucho, y debo decir que estoy emocionado, con Bolaño no me importa pagar la brutalidad de dinero que pide Anagrama por sus publicaciones. Veré qué tal, y si me acuerdo comentaré mis apreciaciones.

Bolaño es un monstruo. Sus comas, sus puntos, sus interjecciones y todo está puesto en el lugar exacto. Leerlo siempre me ha hecho sentir sin control, pero a favor de la corriente.