Realismo Superficial y la nueva novela hispanoamericana



Artículo sobre algunas características convergentes de las novelas de los nuevos autores hispanoamericanos.


El Oso y el Madroño, símbolos heráldicos de Madrid. La foto es navegable, hacer click en flechas para darse una vuelta por la puerta del Sol.

Realismo Superficial y la nueva novela hispanoamericana
Juan Murillo

Hace un par de semanas me vi, por motivos de negocios, impelido a viajar a España. Viajar siempre es una oportunidad para comprar libros que en Costa Rica es imposible conseguir, de modo que extendí el viaje por un día y me hospedé a un par de cuadras de la Puerta del Sol para hacer, durante un domingo y a alta velocidad, el circuito de librerías aledañas: Corte Inglés, Casa de Libro Gran Vía, Casa del Libro Maestro Victoria, la Antonio Machado del Circulo de Bellas Artes y Dedalus, de libros usados y raros, detrás del Circulo, donde conseguí libros que no había en ninguna otra parte. El botín fue, por decirlo de algún modo, desbordante; baste con decir que hizo falta una maleta extra para los libros. Conseguí muchos libros que hasta ahora no había podido encontrar: Río Fugitivo de Paz Soldán, La muerte de un instalador de Enrigue, La velocidad de los jardines de Tizón, El vano ayer de Isaac Rosa, Guapa de Cara de Rafael Reig; así como algunas maravillas que no sabía que existían: Obras completas de Onetti en pasta dura, Sesenta relatos de Buzatti. En la escamoteada encontré dos libros de compatriotas costarricenses, Gina de Rodrigo Soto, editado por Periférica y Cruz de Olvido de Carlos Cortés, editado por 27 letras, rozando portadas con otro libro de un autor que se llama, inevitablemente, Carles Cortés.

Mi principal interés era, sin embargo, comprar algunas novelas recientes, por autores noveles que recién aparecían o que tenían un par de años de existir y yo no había podido leer, entre ellas los autores jóvenes premiados por el ultimo Herralde (Tryno Maldonado e Iván Thays), la obra de Alejandro Zambra y la novela Nocilla Dream de Fernández Mallo que había despertado mucha atención cuando apareció en el 2006. Terminado con el orgiástico maratón de compra de libros, tome estos últimos y me fui a la Cava de San Miguel en Cuchilleros y me introduje en una cueva de ladrillo que alguna vez hizo de hostal a los vendedores de la Plaza Mayor y ahora era una súper rústica trampa para turistas, silenciosa, fría y milagrosamente vacía. Ahí sentado frente al inevitable tinto y platos de boquerones y lomo embuchado me leí Nocilla Dream y Bonsái de Zambra.


No suelo leerme libros de una sentada, simplemente no soy un lector rápido, pero estos dos libros, el primero de 200 páginas y el segundo de 100, se leen rapidísimo. Durante el resto del viaje leí Temporada de caza para el león negro de Tryno Maldonado y Un lugar llamado Oreja de Perro de Iván Thays, en ratos libres en el hotel o en el aeropuerto. El de Maldonado se lee aún más rápido que los primeros, el de Thays, más largo y levemente más denso, también se lee fluidamente.

Las cuatro novelas comparten rasgos inequívocos de lo Zambra con una candidez preventiva llama “esas novelas de cuarenta páginas, de párrafos cortos, que están de moda”[Bonsái, p. 64]. Son, de más está decirlo, novelas muy diferentes. Tiene temáticas distintas, personajes y localidades distantes y el tono narrativo tampoco concuerda. Pero lo que nos interesa son los puntos en los que convergen, puntos que parecieran confirmar esa idea de Zambra de que hay un tipo de novela que está de moda o, por lo menos, un cierto estilo en el que parecen coincidir algunos autores jóvenes de nacionalidades diferentes.

En el caso de estas novelas en todas se encuentran por lo menos algunas de las siguientes características: Capítulos cortos (de menos de una página en el caso de Maldonado y Fernández Mallo a cinco o diez páginas en el caso de Zambra y Thays), párrafos cortos (en el caso de Thays el rasgo más evidente del estilo son los párrafos compuestos por una frase simple), la aversión por la adjetivación o adverbiación o complejidad de la frase, la puntuación sencilla y proliferación del punto y aparte. En cuanto a la forma de narrar se nota una predilección por la anécdota por encima del entramado complejo (la novela de Maldonado, por ejemplo, es un compendio de anécdotas) y supresión de detalles u observación y comentario autoral. Estas novelas también comparten una fragmentariedad, que se desprende, alternativamente, de su estructura capitular o del carácter anecdótico de la narración y en los que se adivina una búsqueda de profundidad a través de la yuxtaposición de los fragmentos, una especie de comentario por proximidad y no ya por la expansión, desmenuzamiento o investigación, por el autor, de las ramificaciones de la historia y los personajes. Hay una renuencia a especular, a comentar, a preguntarse el por qué, las causas profundas, las consecuencias posibles de lo que se cuenta. Esta tarea, presumiblemente, le queda al lector, pero no siempre se aporta suficiente material para que el lector la pueda completar satisfactoriamente.

Este tipo de narrativa va en una dirección opuesta tanto del realismo decimonónico que pretendía fingir un conocimiento completo de la historia, de los personajes, de sus mentes y destinos, así como del modernismo experimentador en el que la exploración formal y la distensión de los límites de lo que se podía considerar narrativa formaba parte integral del proceso de reconstrucción del orden que en medio del caos circundante el escritor debía llevar a cabo.


Estas nuevas novelas se limitan a la superficie de la historia, una superficie brillante compuesta de una narración simple y fácil de transitar. Las profundidades de donde se puede extraer significado no son negadas por los autores, pero se rehúsan en mayor o menor grado a exponerlo o explicarlo, o siquiera a indicar abiertamente que puede haber una exégesis o interpretación de lo narrado. Sabemos que el significado esta ahí, en la anécdota del león negro en la novela de Maldonado, en la estructura autorreferencial del Bonsái de Zambra, en la simbología de los perros de Thays, en el álamo lleno de zapatos de Fernández Mallo, pero los autores dejan sus novelas cerradas, nos describen lo que podríamos ver con nuestros propios ojos, la superficie de las historias, sus partes evidentes No buscan o siguen uniformemente un patrón estilístico, sino una idea general, un principio rector, de que al autor no le corresponde la dilucidación de lo que cuenta. De ese realismo superficial, que es un estado mental, más que un estilo, nacen estas obras.

El hecho de que hayan centros simbólicos de significación en todas las novelas dice mucho del acto voluntario de mantenerse en la superficie. Es una decisión del autor contar la historia de manera superficial, porque existiendo esos centros simbólicos es fácil imaginar que el autor hubiese podido desarrollar y adentrarse en la interpretación o exposición de motivos, pero decide no hacerlo.

De buenas a primeras, las características descritas, parecerían apuntar a un minimalismo que a su vez trae a colación el realismo sucio de Carver, Ford, Wolff o Beattie. Pero en el caso del minimalismo de los ochenta en Estados Unidos, los personajes sin dirección tradicionalmente se veían envueltos en acciones que verdaderamente, sin ser absurdas, carecían de significado. En el caso de estos jóvenes autores en castellano el significado existe, subyacente, bajo la superficie que ellos se rehúsan a romper, presas de un atavismo producto quizá de los excesos de sus mayores o de la desconfianza que les produce la idea de que el hombre sea capaz de entender lo que le sucede y lo que lo mueve a actuar.

No hay duda que estas novelas algo tienen de minimalistas, en antípodas con novelas que se han llamado maximalistas como las de la generación del realismo histérico o los postmodernistas norteamericanos entre las que se cuentan la obra completa de David Foster Wallace, White Teeth de Zadie Smith o Mason Dixon de Pynchon, en las que se abunda en detalles, datos, explicaciones y elucubraciones de todo tipo sobre las posibles causas, fuentes, consecuencias y repercusiones de las acciones de los personajes y el funcionamiento del mundo.

La fragmentariedad de las historias, por otra parte, es un estilo ya reconocido que ha transitado del experimentalismo modernista al mainstream por vía de lo que se conoce ahora como la novela de historias interconectadas, entre las cuales en español tenemos a Ray Loriga con El hombre que inventó Manhattan, o las novelas corales maximalistas de Bolaño como Los Detectives Salvajes, por ejemplo, y en inglés, La historia del Mundo en 10 ½ capítulos de Julian Barnes y toda la obra de David Mitchell, con precursores como El Atlas de Vollman o en francés, Perec, con Vida, Manual de usuario, el cual Zambra ya ha citado como influencia. En Costa Rica, por supuesto, tenemos El más violento paraíso de Obando, publicada en el 2001. En el cine, los libretos de Arriaga (Babel y Amores perros) son otro ejemplo del uso de la técnica, que por otra parte, ya había usado Tarantino en Pulp Fiction. La regresión en busca de antecedentes probablemente nos lleve a los albores de la literatura, pero el punto es que la naturaleza de la novela de historias interconectadas no es nueva y en eso no radica lo esencial del realismo superficial.


Otro rasgo que demuestra el nivel de control o deliberación de la estructura y estilo de las narraciones es el intento expreso de acondicionar al lector (o agente, editor o jurado) por medio de comentarios autoriales autorreferenciales que comentan de algún modo la obra. Ya citamos arriba el caso de Zambra en el que parece estar hablando de su propia novela en un tono que linda con lo denostativo, como si quisiera adelantarse a una posible crítica haciéndonos saber que esta consciente de ella y aún así decidió proseguir con el proyecto. Thays en cambio hace gala de un narrador frívolo pero hiperconsciente de sí mismo que constantemente se critica o critica lo que dice, llegando en algunos lugares a calificar lo que acaba de decir como un lugar común, algo que el lector esperaría del autor pero no necesariamente de su narrador protagonista. Fernández Mallo es quizá menos elegante en Nocilla Dream cuando incluye un capítulo completo de citas de críticas ficticias en las que califica la obra (cual otra sino a ella misma) de “primer artefacto propiamente del Siglo 21 escrito en lengua española”, “nuevo icono de la cultura Indie” y finalmente afirma: “De repente todas las novelas han envejecido 50 años. No podremos volver a mirar atrás de la misma manera después de leerla”[Nocilla Dream, p. 204,205]. Esto tampoco es algo nuevo en literatura (ya Arturo Belano se había batido en duelo con un crítico adverso a su obra), pero es sintomático de proyectos que se preocupan quizá de la superficie del producto más que del significado; de lo que se pueda opinar del libro, más que de lo que se pueda opinar sobre las ideas que subyacen al libro. De las cuatro novelas, la de Maldonado es la única completamente hermética en la que no se pueden percibir comentarios acondicionantes de la lectura por el autor.

Esto nos lleva al punto final que resulta aparente en éstas novelas: el afán cosmopolita. En Bonsái de Zambra, Madrid aparece directamente como escenario de la acción que inicia en Chile, a donde los personajes van emigrando paulatinamente. Zambra en una decisión que cuyos objetivos parecen bastantes transparentes hace pensar a uno de sus personajes que “en adelante follaría, como los españoles, ya no haría el amor con nadie, ya no tiraría o se metería con alguien, y mucho menos culearia o culiaria. (…) Preferiría que folláramos, como en España.”[Bonsái, p. 15]. Pero este pensamiento de su personaje sale del vacío inexplicado y luego, por supuesto, cuando Zambra quiere hablar de sexo dice follar, ya con toda naturalidad. Cerca del final de la novela el protagonista tiene un sueño en el que los tres personajes principales se ven rodeados por un oso morado. El oso, dentro de la novela, es completamente inexplicable, a menos que se trate del oso y el madroño del escudo heráldico de Madrid del cual incluimos una foto arriba, visto que ahí es donde terminan dos de los tres, o quizá los tres. En Temporada de caza para el león negro, el destino lleva al personaje central de Mexico a Barcelona en donde acaba la historia. Nocilla Dream, finalmente, es un caso aparte. Nocilla Dream es la consecuencia del acercamiento virtual de territorios en lo que Vicente Luis Mora, un teórico cercano al grupo Nocilla, ha denominado Pangea. Nocilla Dream sucede en muchas partes del globo terráqueo y otras que incluyen naciones imaginarias y el futuro. En ella vemos quizá es esfuerzo más cosmopolita de todos, en un intento de abarcar no solo varias naciones sino incluso algunas que no existen o que representan las fronteras mismas. El ser todo para todos en todos los lugares no es un asunto sencillo ¿Cómo evitar que los personajes norteamericanos o chinos hablen como españoles? ¿Cómo evitar errar las traducciones o nombres de productos en idiomas que uno no maneja demasiado bien? El caso más evidente de las limitaciones implícitas en el intento de utilizar símbolos que sean exportables a toda cultura es el producto que da título a la obra. Nocilla en España es una pasta hecha de cacao y nueces que se unta en el pan, popular con los niños. En otros países, sin embargo, el producto se llama Nutella, Nucita, Nutino, Nulacta, Nucy, Nugatti, etc. De modo que Nocilla Dream, un matrimonio incómodo entre un producto español y una palabra en inglés, resulta más que un título de alcance global, uno de carácter hiperespecífico. Pero independientemente de las dificultades y adecuación de las técnicas para lograr ese afán cosmopolita, lo que interesa aquí es el empuje, en el caso de los autores latinoamericanos hacia lo que ven como la metrópoli desde su periferia (valga aquí decir que España es una metrópoli literaria, pero no necesariamente cultural para America Latina) mientras que Fernández Mallo, el español, vuelve sus ojos hacia los Estados Unidos en un gesto no muy distinto de sus colegas latinos.


Se hace inevitable entonces preguntarse hasta que punto influirán los mercados literarios en la producción novelística de estos autores y otros como ellos, vista la recepción que estás novelas han tenido. Anagrama le da el espaldarazo a Thays y Maldonado en el último Herralde, indicando que sus jurados piensan que ahí hay una veta que vale la pena explotar. Nocilla Dream tuvo una recepción apoteósica en España, donde la crítica, obviando sus muchos defectos, la ha elevado a un punto quizá por encima del que debería ocupar con justicia. Zambra es, sin duda, por encima de Fuguet y otros, el escritor joven chileno de más renombre en la actualidad, habiendo publicado ambos libros con Anagrama, quizá la editorial de más alto perfil en lo que los norteamericanos llama la “ficción literaria”, distinguiéndola de la meramente comercial o de genero.

Un artículo reciente de The Atlantic afirmaba que los buscadores y los blogs estaban modificando las costumbres de lectura y los rangos de atención de los lectores que pasamos el día conectados. Esperamos poder pasar de un tema al otro en un par de párrafos, no tenemos paciencia con las parrafadas largas ni con la sintaxis compleja. Devolviendonos en la cadena de producción de conocimiento (datos > información > conocimiento > sabiduría), optamos por la lectura de datos que no logramos procesar con el mínimo rigor en una especie de frenesí deglutidor de Doritos informativos. El artículo de The Atlantic postulaba la idea de que los modos de pensamiento profundo están ligados al ejercicio de la escritura y lecturas profundas, al desarrollo pausado, contundente y exhaustivo de las ideas y los senderos que partiendo de ellas se bifurcan y llevan a otras.

La literatura no tiene porque ser, necesariamente, un ejercicio filosófico o crítico riguroso, puede ser, ciertamente, superficial. El híbrido del realismo superficial es, sin embargo, una literatura superficial que quiere ser analizada y explicada y desmenuzada y en este sentido representa una reversión de los roles tradicionales del autor/lector en la que el autor se limita a contar la anécdota y le corresonde al lector el tratar de bucear la obra por el significado que subyace en ella. Más allá de un lector activo (o macho, según el desafortunado término de Cortázar) lo que se requiere entonces es un lector-escritor, uno que asuma la labor de terminar la historia, de armar con los fragmentos o esqueletos que aportan los autores la novela que en realidad debió ser. Como el bonsái de Zambra, un árbol que parece natural pero que es producto de un proceso minucioso de mutilación, corte con estilete y atadura de alambre o el monumento a Borges, brillante por fuera pero vacío por dentro, que aparece en Nocilla Dream, tenemos aquí objetos altamente artificiales, constituidos de apariencias y de significado dudoso y nos toca ahora a nosotros decidir que significan realmente y asignarles un valor ético y estético, más allá de sus brillantes superficies.



23 Comments:

Asterión said...

Muy buen artículo (y uno para hacer las delicias de todos los que envidiamos la foto, el viaje, la cantidad de libros y los quesos).

Nuestra época es cínica, y eso lo sabemos hace rato porque hace rato somos cínicos, y está muy bien haber emepzado a ser cínicos hace tiempo, el problema es cuando nos quedamos ahí y esa es la única veta de la cual extraemos el material literario.

Los autores parecen tener miedo de lo "profundo", saben que la crítica cínica y el lector cínico no le permitirán arrebatos filosóficos o desbordes emocionales, por eso recurren a la nada, a la superficie, e incluso a la majadería. De ahí esa cantidad de alusiones a autores/narradores, con el afán de adelantarse a los posibles yerros que se encuentren en los textos, como bien señalás.

Curiosamente, en otros "mercados" literarios que no son el hispanoamericano, la tendencia parece ir ya desde hace un buen tiempo hacia relatos más "tradicionales", donde lo que cuenta es una buena premisa y una buena historia, contadas como todos los cuentos, de atrás para adelante, claro que con el bagaje de todo lo aprendido en estos años.

Habrá que ver, por ejemplo, la novela de Andrés Neuman, quien con apenas 32 años ya tiene publicados más de veinte libros en todos los géneros, y ha recibido el espaldarazo final para dispararse de parte de Alfagura. Este fenómeno "Neuman" es muy típico de las exigencias del mercado español, por mucho, bastante similar al de Estados Unidos o Inlgaterra, por ejemplo.

El arte no puede ser solamente emoción o solamente razón, tampoco puede pretenderse exclusivamsnte fívolo o exclusivamente profundo. Al contrario, de la tensión (más que del equilibrio) entre todos estos opuestos, surgen las grandes obras.

Saludos.

Sentenciero said...

He leído tantas veces el argumento dudoso de "le doy e mi lector lo mínimo porque a éste le toca terminar la historia", que sencillamente lo he llegado a detestar. No podemos esperar libros de DFW en cada autor, ni mucho menos (¡y por fortuna!), pero tampoco se puede transigir sin pensar, solo para terminar eternizando a Carver como un subterfugio al que todos recurren.

Juan Murillo said...

De acuerdo Gustavo, lo interesante de estas novelas es lo superficiales que se quedan habiendo material para ir más allá. Yo no creo que se deba al miedo, más bien creo que se debe a las exigencias del mercado. Y en ese caso, ¿por qué? Porque quieren los lectores este tipo de novela. Concuerdo con vos en que la adaptabilidad y la versatilidad son las armas más poderosas de cualquier autor. Quedar atrapado en un estilo o género debe ser lo peor que le puede pasar a un escritor, y esa es una trampa en la que no es difícil caer.

Memo: En efecto yo tambien sospecho de los atajos, me pregunto si el autor penso suficiente lo que iba a escribir, lo que todo eso quería decir y si el no se tomo el trabajo, entonces porque habría de hacerlo yo. Por otra parte, dejar incompleta su tarea para que yo la complete es imaginar que si él da su máximo ya no quedaría nada para que yo pueda aportar, lo cual es una arrogancia.

No es a Carver a quien se parecen estos autores, Carver era minimalista porque el mismo no tenía muy claro por donde iba la cosa. Al que se parecen, en particular Zambra y Maldonado es a Bellatin y su control estricto de la economía verbal.

Gustavo Adolfo Chaves said...

Mi lectura empezó con un paseo siguiendo la flecha de la foto navegable hasta donde me llevara. Me metí por una esquina prohibida (nunca antes había estado en Madrid) y terminé siendo asaltado por unos sudacas es un escondrijo de la Calle de la Salud. "Malditos tercermundistas...", me dijo la rubia satín que me recogió del suelo. Supe de inmediato que estaba enamorado; de ella y de su xenofobia.

(Lo de arriba debe ser considerado el primer capítulo de mi nueva novela herraldiana.)

Inteligentísimo sondeo de tus últimas lecturas, Juan. No es una habilidad común poder ordenar tanta información, pero al parecer aún es posible... Y este artículo tuyo se lee como si fueran tres párrafos, lo cual me hace sospechar que aún no se acaban los días de la escritura intravenosa y las ideas duras.

Yo mismo confieso que cada vez me decanto más por los libros breves (es un vicio del que me contagié leyendo a Monterroso y ya no se me quita), pero no necesariamente porque no me gusten los párrafos largos ni las historias amplias. Una pregunta superficial: ¿te produjeron emoción algunas de estas novelas? ¿Te hicieron sentir que pueda llamarse "intensidad"? ¿O fueron tus reacciones más del tipo "hum, hum. Interesante, Ah."? Te lo pregunto porque cada vez leo más libros de este segundo tipo, y cada vez me hacen extrañar más la intensidad de las grandes historias.

Lo último que he leído, "Rapport sur moi" de Grégoire Bouillier, con todo y ser "memorias", cae con toda exactitud en la descripción que hacés vos de estos otros libros. Lo leí de una sentada y aunque lo disfruté, supe al terminarlo que no era un libro al que volvería jamás.

En cambio, estoy leyendo ahora "Cartesian Sonata" de William Gass, y cada tres o cinco páginas debo dejar el libro porque me llena la cabeza de cosas. Creo que aún se puede escribir con riesgo y cabeza.

El tiempo dirá si estos son tendencias de mercado o si estos libros más bien subrayan todo un cambio radical en algo. Bajo riesgo de parecer conservador, admito que me inclino por la primera opción. Veremos.

Gracias por este mapa de lecturas pendientes, Juan. Y seguí viajando, que a nosotros nos hace bien. Nada más avisá por dónde es más seguro andar. Ya viste mis virtuales incidentes al inicio de mi novela herraldiana...

Juan Murillo said...

Los libros cortos están muy bien para pasar el rato, pero he notado que los libros largos y densos y llenos de ideas o emociones, en fin, los que producen un viaje interior en el lector, me ponen en un estado que tendría que describir como una intoxiacación intelectual. Se van acumulando los efectos sobre mi de modo que cuando vas por la página 500 te sentís literalmente otro, como que pasaste por un rito transformador y saliste al otro lado del libro diferente.

De los cuatro libros el único que me movió el piso en cuanto a emociones fue el de Thays en un par de secciones al final, pero la trivialidad había sido ya tanta que me pareció "too little, too late". Zambra, en cambio, es super agradable de leer porque tiene un gran talento narrativo, pero la historia es totalmente irrelevante. Fernandez Mallo produce un cosquilleo intelectual, pero hubiese sido mejor que digiriera su material antes de mostrarlo. La de Maldonado es como un retrato hablado de un enfant terrible, pero igual se queda en la superficie y uno no siente demasiado leyéndolo.

En fin, libros que cuando los cerras pasa lo que dijiste, se queda uno insatisfecho. Se ha perdido la oportunidad transformadora de la literatura y en cambio te han dejado un puñado de anécdotas interesantes.

Pienso que el mercado está haciendo aparecer este estilo y lo está fomentando, y creo que eso va a transformar la literatura, no toda, pero por lo menos la nueva, la literatura joven.

Heriberto said...

!!!Qué envidia Juan!!! Conozco bien ese impulso desesperado de comprador de libros en Madrid que contás, luego me ha quedado el hombro resentido de los libros que he debido echar en un bolso -que yo digo que es de mano- contraviniendo cualquier regulación internacional e interplanetaria y, por supuesto, incordiando el siempre amargo espíritu del personal de tierra,aire y mar de Iberia. Hay en esa zona una buena librería que no nombrás pero espero que hayás visitado que es la del FNAC, en Preciados, como a 75 varas para abajo de la Casa del Libro de la Gran Vía.
Me uno a la opinión de GUstavo Chaves sobre la gran cantidad de información que lográs resumir en tu nota.

Silvia Piranesi said...

Juan Minuto, agradezco enormemente este artículo tuyo, hace días quería me hablaran de ideas no tanto de ficciones.
En estas "discusiones" tiendo a sentirme del otro lado de la moneda. Pero de todas formas hay varias inquietudes que quiero anotar.
Ciertamente yo también soy lectora lenta leyendo literatura fragmentada o inmediata (me doy la libertad de aportar otras adjetivaciones). No intento darle razón de ser, pero lo cierto es que me siento más cómoda en estos tiempos leyendo inmediateces (ojalá Genialidades) en medio de tanta vida cotidiana. Para otras ocasiones, una novela "tradicional" es mejor. Es un lujo escoger.

Esas literaturas "superficiales" me parece que son reflejo de un estilo de vida. Lo veo como algo básico, un reflejo. Además de que los autores son ante todo lectores. Hipotéticamente, si soy ese lector de lo fragmentado, qué escritor podría ser. No estoy tan segura que se deba a una tendencia del mercado (aunque las editoriales se han dado cuenta de que ésta literatura funciona mejor x el momento seguramente). Yo apuesto más a la segunda opción de Tavo, un cambio radical en algo. Además de que ese algo siempre será temporal y cíclico. Esta "moda" caducará eventualmente.

No estoy de acuerdo con que el autor tenga miedo de lo profundo como dijo Asterión. Pienso en estos ciclos de la literatura y que a cada época le toca representar la realidad que vive. Creo que por más supresión de detalles o de capítulos cortos, hay un sentido detrás que no me parece fácil ni gratuito ni poco profundo. Me parece más bien un sentido crudo. No voy a generalizar, me refiero a la literatura que evidentemente me "deja" algo (esa tranformación q mencionás). La vivencia de otro tipo de novelas es muy rica, y completamente necesaria que tampoco remplazaría.

Tampoco estoy segura si es lo peor para un autor quedar atrapado en un estilo. Supongo hay autores que necesitan transformarse, pero le doy aplauso también a aquellos que tienen una obsesión de por vida y que parece que escribieran el mismo verso o la misma historia toda la vida.
Cuestión de preferencias? eso creo. no tanto de valor.

y será deliberada la tendencia del autor a que sea el lector quien termine su obra? no es así per se? en cualquier expresión del arte, desde cualquier nivel? supongo el resto es decisión del lector. Como decís, porqué voy a terminar yo el trabajo que no hizo el autor (no sé si al autor le importe..(?))

no he leído las novelas que mencionas, en eso peco. pero tu artículo y los comentarios de todos me generan estas inquietudes, cosas de las que no tengo idea, y otras de las que no termino de asentar en mi cabeza.
un abrazo

Alexánder Obando said...

Pensaba participar "activamente" y comentar algunos puntos en cuestión, pero Silvia ya dijo todo lo que yo quería decir, y lo dijo de mejor manera.

No hay duda, sin embargo, que estas "aireadas" por el extranjero siempre lo salvan a uno de morir minusvalía cultural. Cuando yo viajaba, hace diez o veinte años, nunca faltaba la clásica valija de libros con sobrepeso. ¿Y qué se le va a hacer?... Uno es mañoso...

Y me quedo con las inquietudes que esta conversona ha generado: ¿moda?, ¿cambio de paradigma? ¿superficialidad inane; superficialidad calculada y alevosa; superficialidad solo aparente? En fin, ya me contarán.

Juan, por cierto, yo quiero leer "Nocilla Dream". ¿Se podrá?

Juan Murillo said...

En efecto Heriberto, las compra de libros en Madrid siempre tiene algo de acto desesperado, de ahora o nunca y termina con cuentas de la tarjeta de credito estragadas. Lo divertido es que los escritores latinoamericanos pulican ahí porque se supone que así tiene alcance mundial, algo que nosotros los compradores de libros sabemos que es falso. No conocía la FNAC pero la apunto para la próxima. Te cuento que entre lo que compre, que aquí no había visto estaba, estaba El descubrimiento del cielo de Mulisch -para que luego no digas que no te ponemos atención. A ver en que momento le entró porque tiene 800 y pico de páginas.

Silvia: Me parece que todos tus puntos son válidos. Talvez el estilo superficial es una consecuencia natural del estilo de vida de los autores jóvenes. Entre textos SMS, zapping de tv, emails, chats de Messenger, llamadas de skype la típica novela de 500 páginas se ve algo anacrónica o por lo menos fuera de lugar. Lo lógico o lo que es de esperar es el capítulo-párrafo. En cierto modo los autores más conectados, como por ejemplo Vila-matas, publican libros fragmentados como el Dietario Voluble, mientras que los que abjuran de internet, como Marías, publican novelas monolíticas o largas trilogías. McEwan decía en una entrevista que para escribir tenía que irse a un apartamento en el cual solo tenía la maquina de escribir y un teléfono. Paul Auster dice que no tiene dirección de correo electrónico porque si la tuviera no podría escribir ficción y se la pasaría respondiendo correos. No son excusas inverosímiles, pienso que en cierto modo tienen razón. Si uno esta metido de lleno en la virtualidad y conversa a través del PDA twittiando y posteando a facebook compulsivamente es dudoso que tenga tiempo o la inclinación de escribir una obra larga. Adicionalmente, si mis lectores son de este tipo, es dudoso que ellos quieran leer algo largo. Osea, que tu idea de que es algo más profundo, quizá un "gap" generacional, es perfectamente factible como alternativa a la idea de la moda editorial.

En cuanto a quedar atrapado en un estilo, me refería a las trampas que tienden los mercados a los autores y no a sus obsesiones personales. Por ejemplo, Houellebecq o Céline sólo pueden escribir como ellos mismos, ahí no hay vuelta de hoja, ni tampoco queja. Pero existe el reverso de esa manía que es el autor que publica una obra en un estilo o género (pudiendo tambien hacerlo en otro distinto) y de pronto su libro se convierte en un superventas. Es difícil que ese autor luego decida escribir una obra que contravenga los gustos del público que compró su libro existoso. El éxito tiene a generar segundas partes, como pasa en Hollywood. Cuando un autor ya ha publicado varias cosas similares, la gente lo calsifica y salirse de ahí cuesta mucho.

En cuanto a la participación del lector en la interpretación de la obra, pues en efecto, de eso se trata el arte. Pero el problema al que apuntaba yo es que si el artista implanta la semilla de significado en su obra, si el centro de la obra es una parábola específica, como en el caso de Maldonado y el león negro, es mejor que haya una razón para ello, que el autor le haya dedicado un tiempito de cabeza al asunto y que no sea un capricho que después el lector tiene que "descifrar". Para decirlo de otro modo, el lector y el autor, en el mejor de los casos, tienen que toparse a medio camino. Las frivolidades disfrazadas de ideas profundas son, creo, una falta de integridad artística.

Juan Murillo said...

Claro Alex, te lo llevo un día de estos para que lo leás.

Para mi no hay duda que la superficialidad es deliberada, por lo que ponía en la nota, y eso es, precisamente, lo que hace esta literatura interesante. Si fuera simplemente superficial porque al autor no le dio el maní hacer nada más profundo, no creo que lo estuvieramos comentando tan animadamente.

Ronald said...

Juan, excelente reflexión del panorama "latinoamericano" (escribir eurocéntrico eu creo que might be redundant) desde España. Tengo la impresión que como sucede un poco con mi grupo generacional en Guatemala se trata más bien de gozar el efecto mediático que produce un libro que el auto-conocimiento y placer estético derivado de un texto literario. A veces creo que hay mucho de pasarela y el estremecimiento que produce entre los grouppies el nuevo corte de pelo en la artista de moda. Como cantaría Madonna: Strike a pose, there's nothing to it. Es parte del juego, por supuesto, es emocionante y no está mal, pero no es todo el juego. Ya veremos qué queda cuando se asiente el polvo, si algo queda. Por demás, tu crítica me impactó. Realmente así se hace. Tell'em how it is! Felicitaciones!

CAQ said...

Hola Juan!

Disfruté mucho el artículo. Creo que comparto lo que es ese sentimiento de comprar libros en España... en el FNAC, por ejemplo, uno se vuelve como loco con estantes de estantes... pero creo que ahí uno nunca podrá toparse con esas joyitas que se ven encuentran a veces perdidas en la calle.

Sobre las novelas que comentás no las he leído, pero creo que sí
identifico esas características que mencionás en mucho de lo contemporáneo. ¿Es una variación del debate fondo-forma?
¿Comunicación-solipsismo?
¿Complejidad alambicada o simpleza elegante?

No sé...

Slds

Carlos

Juan Murillo said...

Así es Ronald, en efecto este estilo o estos autores no son el panorama completo y si los comento es porque de algún modo me llamaron la atención sin haberlos leído antes (o sea, el marketing funcionó). Hay mucho material para comentar, probablemente de muy distinto corte y como bien dijiste, habrá que ver quien queda de pie cuando se asiente el polvo.

Juan Murillo said...

El debate pareciera ser más bien si la literatura tiene que ser relevante o no a la vida del que lee, Carlos. No se sabe bien cual es el criterio para contar una historia en este marco que describía. Es evidente que no parece necesario que sea importante, urgente o actual. Tampoco parece necesario que sea interesante. Parece que basta con saber contarla, de una manera sencilla y agradable, para haber cumplido con el requerimiento literario.

Heriberto said...

Juan: sobre estas tendencias que hablás me parece que hay que considerar las influencias de los desarrollos técnico sobre el arte, así como en 1841 la invención del tubo de pintura posibilitó todo un cambio en la temática y el tratamiento de las pinturas, la difusión de la Internet con su modo particular de tratar la info y de los medios portátiles influye en el idioma y en el ritmo urgente y hasta fragmentario de las nuevas expresiones literarias. La primera vez que caí en cuenta de eso fue hace unos pocos años cuando intenté leer la novela "Yellow dog" , de mi admirado Martin Amis y en la que algunos personajes hablan con el dialecto abreviado de mensaje SMS, desde ese momento fue evidente que, como siempre, el lenguaje de la gente no tardaría en permear al arte. Otro evento que en mi opinión marcó un punto de inflexión en la narrativa fue la aparición a inicios de los 90's de la serie de TV "E.R." con una, para entonces, muy novedosa forma de contar una historia,con un ritmo acelerado casi ahogado, fragmentario, y sobre todo con mucha velocidad, posteriormente este estilo ha sido copiado y superado hasta convertir a las actuales series de TV de USA en una de las formas de arte más vanguardista y reconocidas y, estoy seguro, ha influenciado con sus manierismos la forma de narrar de los escritores contemporáneos. Ahora, en cuanto al fondo de las historias ese es otro tema. Sorry por un comentario largo pero no tuve tiempo para uno corto.

Juan Murillo said...

Estamos de acuerdo, Heriberto, en que son novelas de su tiempo y que la época marca los estilos. Pero creo que hay muchos actualmente y me sorprendió que estas novelas dentro de sus diferencias tuvieran tanto en común (queda por verse si deliberadamente o por influencias atmosféricas).

Apostillas literarias said...

Felicidades por este artículo, Juan.

Juan Murillo said...

Gracias, Magda.

Cristal said...

Hola, Juan, vengo del blog de Guillermo Barquero.

Buen artículo, muy exhaustivo. De las premiadas/mencionadas por Anagrama en el concurso pasado, hay otra novela que no nombras: Bajo este sol tremendo, del argentino Carlos Busqued.

Es la primera novela de este autor. Una historia cruel, impiadosa, salpicada de crímenes, con un narrador que está a la deriva en un completo estado de abulia.

Comparte algunas de las características que destacas: capítulos más o menos breves, lenguaje preciso y seco, exterioridad, ausencia de explicaciones para las acciones de los personajes (se muestran, no se explican)...

Y difiere en que no presenta referencias al libro en sí mismo (0% de metaliteratura), sólo narra; no resulta fragmentaria, sino un relato hilado; y, especialmente, no hay cosmopolitismo alguno: el relato transcurre entre dos provincias argentinas (Chaco y Córdoba). Otro aspecto es que el libro incluye algunas imágenes, como en los libros de Sebald, pero en un contexto que no podría ser más distinto.

En fin, sólo para completar la data. Saludos.

Juan Murillo said...

Sí, Cristal, tarde me dí cuenta de que esa era otra novela interesante, pero no la compre y ahora no la consigo. Tendré que recurrir a los amigos, pero me interesa porque la crueldad y la violencia expuestas sin comentario son siempre un statement. Habrá que buscar a Busqued.

DM said...

Gracias Juan por este aleccionador artículo. Ademas te felicito porque está escrito con gran habilidad integradora, es un artículo que te tirás completito a pesar de su extensión, que sobrepasa el estándar de los post. Además lo encuentro bastante informativo, con muchas referencias que hablan de tres cualidades tuyas: la facilidad para conseguir libros (viajes, dinero, curiosidad de buen lector), la velocidad con que los asimilás y finalmente la habilidad para resumir y extraer lo escencial de tus lecturas. Yo le agregaría uno más: tu dedicación para redactarlo compartirlo con nosotros! Pura vida!

karlatone said...

En México me ha resultado imposible conseguir La belleza del mundo de Tizón, así que me alegra que encontraras un libro de él en España.

Este artículo me ha parecido de una lucidez y de una justicia intelectual asombrosas.

saludos,

Karlat

http://karlatone.canalblog.com

Marco Tulio Aguilera said...

Tremendo lector, Juan, ya gran capacidad de análisis. Conozco personalmente a varios de los autores que mencionas: Soldán y Neumen, por ejemplo. Gente cosmopolita, brillante, buenos conversadores, con tendencia a dominar fácilmente la prensa y la tv...Escritores ideales para vender. Son muy inteligentes y por ello no profundizan mucho. Les gana el mercado. Particularmente Neuman es un showman, que puede "decir" sus cuentos de memoria y que tiene rostro de inocente Cristo. Sigo negociando mi Historia de todas las cosas. Saldrá en una buena editorial.