Relatos de un barrio al sur de la noche, Marco A. Castro



Relatos de un barrio al sur de la noche, reseña de la colección de cuentos.


Relatos de un barrio al sur de la noche
Marco A. Castro Rodríguez
105 páginas
EUNA 2003

Hoy murió mamá, talvez ayer, no lo sé. Así inicia El Extranjero Albert Camus. En ocho palabras sienta las bases inapelables del tono narrativo de su novela, la ausencia de emoción, la ausencia de aquello sin lo cual no logramos reconocernos como humanos.

El tono, o actitud emocional del narrador, es uno de los elementos narrativos más sistemáticamente ignorado por los autores, quizá porque todo lo que decimos y escribimos inevitablemente lleva el tono que nuestro humor dicta mientras lo hacemos, digamos, un tono por defecto, y porque fingir el tono de una narración de manera consistente resulta una labor hercúlea de histrionismo que los autores suelen rehuir. El tono, por supuesto, es el soporte de la voz narrativa, del tema e incluso, a veces, de la trama. Sin él, la obra puede funcionar, pero pierde profundidad e impide que el lector sienta empatia hacia el narrador y se involucre emocionalmente con la historia.

Marco Castro, en su colección de cuentos Relatos de un barrio al sur de la noche, se inclina por un lirismo abundante que le da sustento a su conmemoración del barrio humilde pero rico de historias y recuerdos que pintan estos cuentos. El tono es nostálgico, añorante y por lo tanto el lenguaje poético resulta adecuado para la tarea de lo que es sin duda un gran fresco de memorias de infancia y juventud, de amigos, vecinos, personajes todos de la memoria del autor que los idealiza y retrata:

(...)me entro un interés peculiar por saber algo más sobre ese posible amigo ahora perdido en el tiempo.
(...)
Me pareció una tarea reveladora. Pensé que sería interesante ver como se juntan y se conjugan (y se complementan) mis olvidos, con los recuerdos de estos vecinos y gente mía. (p. 89-90)


En el libro de Marco Castro vemos como un barrio que probablemente estaba signado por las privaciones y carencias materiales es recuperado bajo la pátina dorada del recuerdo cariñoso y emocionado. No se obvian los pasajes tristes, pero en esa tristeza encuentra Castro siempre suficiente belleza para mantener el tono deslumbrado del que se acuerda de algo que fue hermoso.

El volumen esta compuesto por siete cuentos. De estos, todos menos dos, son rememoraciones de eventos y personas. Sombras es la descripción, quizá autobiográfica, de un matrimonio celebrado en el barrio, con los vecinos y amigos, y de una primera noche de bodas y luna de miel tras un noviazgo talvez demasiado típico. El segundo relato, Si matarán los juegos, es el más logrado del conjunto, porque en él encontramos la mezcla agridulce de la belleza del recuerdo infantil mezclado con el dolor incomprensible e inmenso que solo se siente en la infancia, donde los sucesos inmediatos abarcan la eternidad que para el niño son sus pocos años. Apuntes dominicales de un caminar luctuoso es también un cuento que versa sobre el dolor, en este caso, de un funeral, del impacto de la muerte en un barrio donde todos son parte de una misma familia, donde el sufrimiento de uno podría ser fácilmente el sufrimiento de cualquiera. ¡Get Ready! es el retrato del objeto imposible del deseo, de la adolescente invitadora a los ojos confusos y alborotados de los púberes y de su interpretación de lo que significan y representan las fiestas que de algún modo son un rito de iniciación. El último cuento es Don Octavio Aromas, que es otra reconstrucción de un personaje icónico del barrio, el excéntrico curandero y filósofo, dotado de la inescrutable sabiduría que tienen los incomprendidos.

Además de estos cuentos hay otros dos que son puramente cuentos de personaje, reconstrucciones de voces narrativas que en primera persona nos muestran como habla una muchacha sencilla de colegio de la zona en cuestión, o un barrendero de biblioteca con aspiraciones literarias y una eficiencia notable para 'todo lo que resulte inútil para la sociedad'.

Del libro de Marco Castro vale la pena rescatar dos cosas, su habilidad para pintar personajes simpáticos o curiosos y la belleza que alcanza por momentos el lenguaje lírico en las descripciones, que no pretenden innovar, sino describir la belleza de lo cotidiano recuperado por la memoria. A continuación un extracto en el que describe un baile de adolescentes:

Las hormonas se agitaban hasta rebalsar el tajamar de las crudas pasiones. Era como liberar cautivas mariposas de trapo, que en segundos cundían el espacio con psicodélicas hebras de furia, extrayendo de los corazones danzantes, un sumo de fuego que parecía avivarse al mismo compás con que las melenas se desarmaban con furor.
(...)
Unos daban brincos estentóreos, moviendo el cuerpo con violencia; había quienes, sin moverse de sus lugares, no paraban un segundo de menear la cabeza; mientras otros y otras liaban sus siluetas en los rincones cóncavos y profanos, tallando, en dos cuerpos, la sombra de una especie andrógina en vías de multiplicación. (p. 64-65)

O la elucubración de lo que representa el matrimonio a través del tiempo:

Doctos en leyendas donde la dicha como botella recuperada del mar, traía adentro el mensaje enmohecido por la humedad itinerante de las lágrimas. Especialistas en afanes y saberes donde el gozo cabe en unos minutos, y por tales, se anda de padecer en padecer buena parte de la jornada. Notarios certificando como el amor jurado en los altares de mármol y cenizas de beato, llega con el correr de las lunas a ser sólo áspera camaradería de alcoba, de crianza y de achaques por la madrugada. Y por último, de (justa o no) separación de bienes inmuebles e hijos. (p. 16)

Este libro es un ejemplo de como el material que puebla los anecdotarios populares de memorias de infancia que atesoran los congéneres de ciertos autores que se limitan a la burda transcripción de recuerdos puede, finalmente, con un poco de amor al lenguaje y atención al tono narrativo, convertirse en literatura.



6 Comments:

Sentenciero said...

Juan, no se puede pasar por alto que este cuentario es de la "Trilogía MEET (del concurso de narrativa organizado por la gente de Saint Nazaire acá en Tiquicia). Los dos finalistas (este es uno de ellos) y el ganador, son una muestra de la prosa joven y vigorosa que se está haciendo acá; en particular, este de Castro Rodríguez consigue evocar mediante la nostalgia como pocos, sin efectismos ni despliegues raros.

Juan Murillo said...

En efecto, este es uno del terceto del MEET. Los otros dos son Gustavo Adolfo Chaves y Jesus Vargas.

silvia piranesi said...

de tu último párrafo, totalmente de acuerdo.. qué bien que el lenguaje todo lo transforma.. como a Martín Romaña, la exageración por excelencia de Bryce.

Warren/Literófilo said...

Recuerdos + vida + ficción = Literatura, amén.

Antonio Chamu said...

Buenas, pasando a saludar.
Dejando almizcle para volver pronto...

Alfonso Chacon Rodriguez said...

Al toro, por los cuernos sinceros: "Relatos de un barrio al sur de la noche" es quizás el mejor libro de relatos publicado en Costa Rica en los últimos 40 años. Quizás, solo "Lejos, tan lejos" de Uriel Quesada le pueda hacer sombra.
Si alguien me pide explicarme, lo resumo con la subjetividad de mi placer: son los dos únicos libros de autores nacionales vivos que he leído dos veces (y lo haré una tercera, estoy seguro).