La Antipoesía Costarricense



La nueva poesía costarricense, definición del movimiento e indentificación de las premisas básicas.

La Antipoesía Costarricense

Desde la aparición de la generación de poetas turrialbeños, conocida como el Círculo de Escritores Costarricenses, que incluía a Laureano Albán, Julieta Dobles, Ronald Bonilla, Carlos Francisco Monge y que en 1977 firmaron el Manifiesto Trascendentalista no había tenido la poesía costarricense una eclosión en métodos y fines poéticos como la que esta ocurriendo en este momento. La poesía costarricense se transforma. Esta vez, sin embargo, no existe un manifiesto de por medio, y quizá por ese mismo motivo los poetas no se sienten forzados a tomar posición en cuanto al naciente movimiento poético de principios de siglo.

La generación de poetas que empezó a publicar con el comienzo del nuevo milenio, en particular a través de Ediciones Perro Azul, ha venido encausándose, de manera manifiesta, en un estilo poético basado en el cuestionamiento implícito o explícito de los métodos discursivos de la poesía canónica y de sus propósitos humanistas ulteriores (el arte, lo bello, lo bueno, lo transcendental) cuyo desafuero ha correspondido con la rompiente ideológica del postmodernismo. Nicanor Parra, declarando que "los poetas han bajado del Olimpo", definió esta dirección de la poesía como la antipoesía, la puesta en crisis del modelo aceptado de poesía moderna y de sus manías discursivas. Es la antipoesía al movimiento que se adhieren con su rechazo del canon estos jóvenes poetas que prefieren hablar claro y se preguntan, en algunos casos, sin tapujos y sin miedo, si la poesía sirve en realidad algún propósito.

La antipoesía costarricense abarca temas eminentemente urbanos, marginales, populares o de la cultura pop y su tono comparte un cierto desencanto, sarcasmo o cinismo hacía los metarrelatos de lo socialmente y artísticamente aceptable o deseable. En lo técnico se aleja de la metáfora o incluso el símil, y es inusual encontrar en ella los tropos retóricos más elaborados como la prosopopeya, la sinécdoque, la metonimia o la alegoría, figuras que por otra parte abundan en la poesía de corte tradicional en nuestro país. Esto se explica porque los poetas han optado en muchos casos por las construcciones verbales comunes, por el discurso directo, o incluso el habla popular como vehículo poético y esto impide indirectamente una poseía eminentemente lírica donde el lenguaje mismo es el origen del fenómeno poético. Sus poemas buscan imágenes más generales, muchas veces una imagen por poema y tienden a la narración anecdótica más que a la alquimia verbal o a la pirotecnia de los maridajes exóticos entre palabras inusuales.

En la nueva generación de poetas, que arranca con el libro Historias Polaroid de 2000, de Luis Chaves, quizá el poeta más representativo del movimiento, militan además, con mayor o menor rigor y apego a los rasgos señalados, autores como Luis Fernando Gómez (La vida de las cosas), Camilo Retana (La Mala Estirpe), Luis Chacón (El Sur), Paula Piedra (Ejercicios Mentales) y Felipe Granados (Soundtrack). Adicionalmente hay poetas como Alfredo Trejos (Arrullo para la noche tóxica), que aunque cercanos a la antipoesía aún así mantienen un estilo distintivo que aún no puede ser incluido plenamente en el movimiento, pero en cuyo conjunto de obra publicada e inédita es notorio un progresivo acercamiento a éste. Este tipo de tendencia también es identificable en la obra de Joan Bernal (Homenaje a la Ceniza). Existen además casos anecdóticos como el de William Eduarte (Frecuencia de Manicomio), de quién solo la obra inédita actual permite adivinar un acercamiento a ese estilo de poesía, pero cuyos libros publicados no permiten verdaderamente incluirlo en este grupo. Finalmente están los poetas jóvenes que se mantienen totalmente al margen de la antipoesía y han desarrollado estilos más cercanos a las vanguardias modernas, los estilos más tradicionales de poesía costarricense o estilos personalísimos de difícil clasificación, como Diego Mora (Tótem Suburbano), Alejandro Cordero (Habitación del Olvido), Jonathan Lepiz (Batallar contra la noche) y David Cruz (Natación Nocturna).

La distinción entre estos poetas y la generación inmediatamente anterior también es evidente. Los poetas que pertenecieron al colectivo literario Octubre Alfil 4 en los noventas como Mauricio Molina (Abrir las puertas del mar), Alejandra Castro (Juro la noche), Esteban Ureña (Bestiario de amor), Gerardo Cerdas (La Ruta de la Seda), Patrick Cotter (Rosa Arcana), Melvyn Aguilar (Territorios Habituales), y algunos independientes congéneres, como María Montero (La Mano Suicida), Mauricio Vargas (Retratos al anochecer), Gustavo Solórzano (Las fábulas del olvido) muchos de los cuales son de la misma edad de Luis Chaves, se han mantenido al margen de este cambio de estilo, continuando proyectos poéticos que ya habían fraguado antes del advenimiento de esta tendencia. Especial mención merece Camila Schumacher (Pretérito Interior) cuya obra es previa a la tendencia aquí discutida, pero comparte con ella casi todos sus rasgos y podría ser considerada como una precursora de la misma.

Es importante aquí insertar la aclaración de que la identificación de similitudes entre las obras de estos poetas no pretende sugerir que estas son iguales entre sí. Cada poeta, inevitablemente, es dueño de su propia y personal voz poética, que lo acerca o aleja de uno o varios de los rasgos expuestos. Una somera comparación entre ellos nos puede dar una idea de sus diferencias. La poesía de Luis Chaves versa sobre temas nostálgicos en poemas anecdóticos que utilizan el ingenio para producir una revelación. La poesía de Granados, por otra parte, ahonda en la temática del paria apoyándose de manera más evidente en los tropos tradicionales, en particular la metáfora. Ambos, por otra parte, comparten su desencanto general y su afición por la cultura pop globalizada. Piedra comparte con Chaves, por ejemplo, el uso del ingenio o el sarcasmo como medio de revelación poética, mientras que Gómez trata sobre la cotidianeidad popular pero una vena nostálgica parecida a la de Chaves. Esto por mencionar solo unos puntos de convergencia y divergencia para ejemplificar el hecho de que ninguna propuesta poética puede ser igual a otra, pero que la mutua influencia que ejercen entre sí las obras publicadas de los poetas de una generación puede crear este tipo de alineación de características, que a veces resulta especialmente poderosa por no estar explicitada en ningún programa previo.

Los orígenes de este estilo de poesía se podrían rastrear quizás hasta el proyecto de depuración de la poesía que proponía Osvaldo Sauma (El libro del Adiós), de cuyo taller fue parte Chaves en su etapa formativa, en donde se defendía la visionaria propuesta de Ezra Pound de que la poesía debía ser "mas cercana al hueso", "más dura y cuerda" y "con menos adjetivos impidiendo su impacto".

La antipoesía costarricense, a pesar de no contar con un documento fundacional propiamente dicho, pareciera guardar cierta relación de origen con la espontánea declaración de propósitos que contenía la revista iberoamericana de poesía Los Amigos de lo Ajeno, editada por Luis Chaves entre 1998 y el 2006, y en la cual publicaron muchos de los poetas mencionados: "No creemos en el entretenimiento, tampoco en la poesía con "p" mayúscula. Esta revista no pretende ser arte, ni anti-arte. Es una revista de poesía, a pesar de la poesía misma."

Poesía a pesar de la poesía misma es lo que esta generación de poetas esta haciendo, ensanchando las márgenes de lo que es aceptable como poesía en el país, declamando poemas cuyos referentes cotidianos y forma corriente de hablar los han acercado a la nueva generación de lectores que de pronto esta logrando de nuevo comprender de lo que hablan los poetas.

José Emilio Pacheco sostenía en un artículo reciente que la poesía se había vuelto poco memorable porque las vanguardias la habían alejado de la rima, y que eso había redundado en una dificultad para memorizarla. Las vanguardias además la alejaron del habla común y la insertaron en la vorágine experimentadora de la modernidad. Nada de malo tiene esto, que Pacheco reconoce como una necesidad histórica. Pero quizá el retorno de una claridad medianera basada en el lenguaje común sea el mecanismo que haga accesible de nuevo la poesía un público joven que en circunstancias normales la hubiera calificado de imposible, vetusta, hermética y simplemente rara, y que claramente no es el típico público joven de la poesía en nuestro país.

En el nuevo siglo posmoderno regido por los valores de la inmediatez, el producto bite-size, la transitoriedad, la globalización mediática de las identidades culturales, el desencanto hacia los grandes propósitos del arte y la cultura pop como fin cultural en sí mismo, la poesía se transforma para acomodar los nuevos valores artísticos de un público entre quien, inevitablemente, se encuentran también los mismos poetas.

La confrontación que se vislumbra entre la antipoesía y la poesía costarricense terminará en coexistencia pacífica, mutua tolerancia e hibridación o en guerra abierta y toma de partidos, pero ya no es posible fingir que no sucederá. De la disención de la norma y diversidad de las tendencias literarias, tanto como del talento de sus autores, se alimenta la gran literatura, y lo que ocurre en este inicio de siglo tiene necesariamente que ser motivo de celebración para la literatura costarricense.





Manifiesto (Nicanor Parra)

Señoras y señores
Esta es nuestra última palabra.
-Nuestra primera y última palabra-
Los poetas bajaron del Olimpo.

Para nuestros mayores
La poesía fue un objeto de lujo
Pero para nosotros
Es un artículo de primera necesidad:
No podemos vivir sin poesía.

A diferencia de nuestros mayores
-Y esto lo digo con todo respeto-
Nosotros sostenemos
Que el poeta no es un alquimista
El poeta es un hombre como todos
Un albañil que construye su muro:
Un constructor de puertas y ventanas.

Nosotros conversamos
En el lenguaje de todos los días
No creemos en signos cabalísticos.
(...)

21 Comments:

Sentenciero said...

Excelente artículo, Juan. Pues ya era tiempo de que alguien se sentara y pasara la realidad desordenada e innegable en limpio. ¿Hay una parte 2 o algo así? Me parece que da para mucho más.
Saludos.

Escatonauta said...

Secundo la percepción de Sentenciero en cuanto a la calidad del artículo.
Hay que hablar de la poesía pues ella, al igual que la prosa, está en ebullición histórica en esta nuestra pequeña parcela. El tiempo, Juan, te dirá si tu punto de vista era acertado. Mientras tanto, preparate para la guerra: si hay algo que el ego del artista no tolera es que se lo meta en un solo cajón con sus cogéneres. No importa que tengás toda la razón. Ellos ya están afilando los cuchillos. Jejeje. *Tono de risa macabra*.
Fin.

Juan Murillo said...

Guillermo: En efecto el tema da para muchísimo más. Es más, cada autor mencionado amerita un artículo, y algunos de ellos varios. Seguramente que habrá más que decir en futuros artículos para fundamentar o ahondar en lo expuesto aquí.

Alex: Jaja ¡espero que sean cuchillos figurativos! Bueno, la intención del artículo es visibilizar una tendencia en nacimiento dentro de la poesía costarricense. A mi eso me parece algo bueno en general, algo que merece hacerse notar. En cuanto a lo del cajón, ya el artículo mismo dice que todos son diferentes (para evitar este tipo de malentendido que puede terminar en cuchilladas).

Literófilo said...

Que buen articulo, sin embargo se te fueron varios poetas, Gonzalo Campos, La Estacion del Ahoracado, Marco Tulio Alfaro, Palabra Fosil, Alberto Arce Hollywood, pero bueno, apoyo a escatonauta, pero viva la prosa!!!

Juan Murillo said...

En efecto Warren, solo puse en el artículo los poetas de los que tengo libros que he leido. Espero extender el artículo para incluir más jovenes poetas pronto.

Naty said...

hola juan.
primero que nada, q buen blog. segundo, me interesa hablar con usted. donde le puedo escribir?

mi mail es nrodriguez@redcultura.com.

Juan Murillo said...

Hola Naty, te envíe mi información a tu correo. Estamos en contacto.

silvia piranesi said...

quedamos con ganas de más definitivamente.

saludos juan

(qué buen título: palabra fósil)

luis fer said...

Ya que citaste a Parra, voy con otro de recien publicacion:

La poesía, para Nicanor Parra, está en cualquier parte menos en los versos de los poetas. De hecho, cuando quiere descalificar a alguien, Nicanor Parra dice con una sonrisa condescendiente que es un buen poeta, "aunque la poesía se acabó, como el teléfono fijo". Y para cumplir con su propia profecía, decide de pronto el ganador del Premio Juan Rulfo y Reina Sofía responder sólo a su teléfono móvil. Declara al mismo tiempo que el periodismo -según él, equivalente literario al teléfono móvil- es la poesía de hoy. Hasta que vuelve al teléfono fijo y decide que la literatura entera es discurso pijo, que la verdadera literatura sólo puede provenir de los que escriben por necesidad imperiosa, o de los que simple y llanamente no escriben: enfermos mentales, estacionadores de autos, y mendigos varios.

Juan Murillo said...

Que grande el Parra, botando las puertas a patadas, siempre diciendo que es en broma. Parra es el parte aguas de la poesía latinoamericana. Antes y después de Parra.

silvia piranesi said...

como que no me calzan "los" que no escriben...: mendigos, enfermos mentales, estacionadores de autos?, diay.. mamás, abuelas, enfermeros, veterinarios, presidentes, abogados ambientalistas, etc.

la necesidad imperiosa puede terminar en no literatura.

Gustavo Adolfo Chaves said...

Mu bien pensado y expuesto tu artículo, Juan. Yo me quedo con las ganas, por ejemplo, de saber por qué Alfredo Trejos ha tenido un éxito tan fuerte desde "Carta sin cuerpo", siendo un poeta claramente al margen, como decís, de la línea principal de la antipoesía. Es un fenómeno que se las trae. Si bien es cierto los poetas ya se cansaron de la trascendencia en el lenguaje, ¿estarán igualmente cansados de ella los lectores? A mí me parece que el gran logro de Alfredo es precisamente utilizar el lenguaje simple de las botellas, las puertas y los paraguas para hacer manifiestos sentidos más hondos sobre el asombro y otras cosas.

Otro asunto que a mí me pone a pensar es cuánto de poesía hay en muchos de estos poemas que, si los armás en prosa (es decir, sin apariencia de versos) apenas simulan un recado o una anécdota. Si bien la poesía tenía que descender del Olimpo, a veces parece estar sumergida en aguas profundas y turbulentas, y es duro dar con ella.

Te felicito por el espacio y te agradezco las ideas que provocás.

Juan Murillo said...

Gustavo: Yo pienso que el éxito de Trejos se debe a que en sus textos el lector siente una intimidad con un hombre que habla poéticamente de lo que siente, más que construir piezas de poesía para mostrarlas, como hacen otros. Trejos en ese sentido es un verdadero poeta y es fácil distinguir la diferencia entre él y muchos otros. Adicionalmente, el tono de sus poemas apenas si coquetea levemente con el sarcarsmo típico de la antipoesía. Es posible, por ejemplo, comparar los tonos de Granados y Trejos, siendo que ambos poetas tienen una inclinación por el tema del outsider. Mientras que Granados tiene un tono hostil, defensivo, aguerrido, Trejos más bien es confesional, sútil y francamente triste. Ese tono hace siempre sentir a poeta como alguien cercano al lector y fácilita la lectura.

En cuanto al prosaísmo de la antipoesía ya Luis Chaves lo decía claramente en un poema suyo del libro Chan Marshall:

(...)
y la música que escucho
aún no supera la inutilidad
de escribir en verso
lo que a todas luces es prosa.
Alguien tiene que decirlo:
más que literatura,
esto es deforestación.

Este escepticismo que hace a la poesía burlarse de sus propios métodos y propósitos es, creo yo, uno de los rasgos distintivos de la antipoesía. Sea explicitamente como en el fragmento metapoético de arriba, o implicitamente escribiendo poemas que sólo lo son porque están versificados.

La pregunta que surge es evidente:

¿Poner algo en verso, lo convierte en poesía?

Y de esta pregunta surge todo una cascada de otras preguntas, que es, me parece, la intención última de la antipoesía: Cuestionar los presupuestos de la poesía tradicional.

tierrablanca said...

muy tuanis está este chantecito!

me sentí bastante identificado en tu lectura de los hechos en la poesía tica. Comparto bastante de las apreciaciones de Gustavo:

a mí también un poco de nostalgia, o agüevazón, que se pierda del todo la poesía por escribir poesía a pesar de ella... aunque tampoco me gustan un par de neruditas que todavía andan por ahí.

Saludos Juan!

Poderoso said...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Caro Flores said...

Hace tiempo andaba yo pensando que una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa... (¡cómo expongo de bien mis ideas!). O sea, hay un abismo entre Mauricio Molina por ejemplo, y Ricardo Marín (a quien no mencionaste pero te recomiendo http://www.malpalabra.blogspot.com)
Me encantó el artículo. Voy a recomendarlo a los compas.

(me cambié de casa virtual, por si acaso)

randall said...

Dificil coincidir con el concepto de que se ha generado todo un movimiento nuevo en la literatura costarricense a partir de un libro o por característica mediática de una editorial, aunque bien es cierto se distinguen de modo notable los estilos en la poesía actual, ya ésta era evidente en william carlos williams, con la diferencia de que acá observamos una línea que ha incorporado la prosa de modo exagerado en la poesía, perdiendose el sentido de humanidad, el cual si es deforestado por el racionalismos excesivo. Pero, en efecto, hay una nueva tendencia y eso,a todas luces, es positivo.

RANDALL ROQUE

Ismael Aranda said...

Buenos días Juan. Nosotros hace años venimos trabajando poesía acá en Paraíso de Cartago, un poco aparte de otros movimientos y siempre con la conciencia de tratar de acercar la poesía a la gente normal.
Te dejo el blog que estoy trabajando. Me encantó tu articulo de antipoesia.

www.ismaelaranda.com

Mesalina said...

Excelente artículo de Juan Murillo. Lástima que no incluyó al mayor antipoeta de Tiquicia: Frank Ruffino. Seguro porque éste es un automarginal a pesar de que su poemario "Viaje de ausentes" fue publicado por Perro Azul y que fue distinguido internacionalmente al ocupar un segundo lugar en un certamen de prestigio como el Macedonio...

Juan Murillo said...

tierrablanca: La diversidad es buena para la poesía, pueden coexistir Molina y Chaves perfectamente, es algo bueno.

Caro: No puse a Marín porque a la fecha del artículo no estaba publicado. También faltan en la lista Maria Morales, Luis Fernando Gómez y otros que hay publicado recientemente. No dejaste la dirección de tu nuevo blog?

Estamos de acuerdo Randall.

Gracias por la dirección Ismael, me doy la vuelta pronto a ver que están haciendo.

Mesalina, a Ruffino no lo conocía, honestamente, voy a revisar lo de el para ver por donde van los tiros.

Juan Murillo said...

tierrablanca: La diversidad es buena para la poesía, pueden coexistir Molina y Chaves perfectamente, es algo bueno.

Caro: No puse a Marín porque a la fecha del artículo no estaba publicado. También faltan en la lista Maria Morales, Luis Fernando Gómez y otros que hay publicado recientemente. No dejaste la dirección de tu nuevo blog?

Estamos de acuerdo Randall.

Gracias por la dirección Ismael, me doy la vuelta pronto a ver que están haciendo.

Mesalina, a Ruffino no lo conocía, honestamente, voy a revisar lo de el para ver por donde van los tiros.