Poetas en llamas: una especie de presentación para David Maradiaga



Esta es la presentación de David Maradiaga que leí en Des Pacio para el festival de poesía de Afinidades Electivas.  

Poetas en llamas

El 11 de julio de 1963 Thich Quang Duc se sentó en una intersección en Saigón, juntó las manos y cerró los ojos mientras otro monje como él le vaciaba varios galones de gasolina encima. En el video que existe de este evento, antes de que su compañero le prendiera fuego, se puede ver el público congregado alrededor, compuesto casi completamente de monjes que también sabían lo que iba a suceder. Cuando la mecha líquida empieza a arder y las llamas se acercan al monje empapado, se puede ver a algunos postrarse en una muestra de respeto. La mayoría, sin embargo, solamente miran y se agitan, movidos por una emoción que se parece al horror pero que no los logra desbandar. Nadie intenta detener al monje que arderá en pocos segundos frente a sus ojos.

Los últimos poemas de David, ya lejanos de los poemas de amor, de viajes, celebratorios del gozo de estar vivo, idealistas o políticos del poeta adolescente, tienen que ver con la muerte y con el ostracismo. De esta época es su colosal Canción del extranjero en el que imagina la muerte como una liberación de las vejaciones de la vida, de la reprobatoria mirada de los demás, de la vergüenza, del dolor de vivir en medio de la burla y el miedo de sus propios amigos y el oprobio generalizado.

La última vez que vi a David estaba en el Bar Trianon. Tenía, igual que siempre, días de estar tomando. Estaba solo. Me ofreció un trago, que era su forma de pedirme que me quedara con él. Yo le respondí con la invocación del exorcismo católico: Va de retro, Satán. Cuando lo dejé aún estaba solo. Para mí esas excursiones eran una especie de slumming, de turismo burgués optativo; él, en cambio, había hecho suya esa senda de autodestrucción. Lo veíamos a ratos. Aparecía con hematomas gigantes en las costillas dormido sobre las mesas externas del Pulpo o nos llamaba desde algún bar peligroso en el cual se había quedado sin dinero para la cuenta. El oprobio del alcohólico lo iba rondando, se iba quedando, poco a poco, solo, como lo dijo en su poema Los Amigos:

"Pero todos coinciden
en que sos el mismo insoportable
Que qué desgracia llegar a donde has llegado
Porque eso sí que es grave"

Al igual Thich Quang Duc, David estaba en llamas y los que lo rodeábamos lo veíamos consumirse sin hacer nada al respecto, conmovidos por la horrible belleza del espectáculo. Todos sabíamos cómo iba a terminar ese asunto. David lo sabía también.

El rito purificador del Pharmakos griego, en el cual se escogía a alguien defectuoso para inmolarlo o expulsarlo es la versión primera del rito del chivo expiatorio del que da cuenta el Levítico en la Biblia hebrea. Un rito del que la religión cristiana hizo su centro: se sacrifica a uno para purificar a todos los demás. En el caso de la poesía, pareciera que existe este rol de Poeta en llamas que alguien, cada cierto tiempo, asume como suyo. En estos casos la poesía se torna performativa. Se declama borracho poemas sobre la intoxicación que producen la belleza y el dolor. Se narran los efectos de la propia destrucción, como sucedía en múltiples versos de David:

"Hace tanto que recorro un ir y venir
que la sombra se me adelanta siempre
y me besa por la noche una anciana querida
que no deja a las hienas comerme de antemano
(...)
Las tormentas me desquilibran
pierdo libido por toneladas

No se te ocurra llamar a decirme que me quieres
Necesito cuerpo y calle fija"

Como en una profecía que se cumple a sí misma, el poeta asume el rol que la sociedad le asigna. Aparecen poemas con el título de "En el tren se interesó solo por el precio de las cervezas" o "Pensando en la resaca". Se escriben versos como estos:

"Tengo fango en el tórax
y un olor de animal enjaulado que
corre sobre mi espalda hacia la cabeza

A media ebriedad de los viajes de oficio
mi sola disposición dinámica
hace heridas a ambos lados
y tira de mi piel como queriendo abrirme"

El rito manda que la víctima sacrificial sea expulsada para que expurgue a la comunidad, convertirlo en el extranjero, en el otro, en el ejemplo del horror que es convertir la poética en ética, de a consumirse en el fuego lento de la intoxicación poética vivida como pauta y no como búsqueda estética.

Como en el caso del monje en llamas, nadie se acerca a detener la autodestrucción del poeta en llamas, a su alrededor todos se agitan con la mezcla de horror y fascinación que producen los linchamientos, alguno muestra respeto, alguno cariño, la mayoría oprobio, enojo y reprobación.

Cuando el poeta en llamas se apaga y queda por fin hecho un puño de cenizas, sobreviene el silencio en el cual todavía alguno que aun no comprende que no hay ninguna forma correcta de ser poeta, condena a los poetas bohemios con la absurda intención de elevar su propio nivel de poeta con corbata, según la frase de Abelardo Bonilla.

Muchos años después, cuando de las llamas solo queda un resplandor lejano en la memoria, por fin se anima la gente a buscar entre las cenizas los poemas, para descubrir de qué estaba hecho aquel hombre que se dejó prender fuego en público, ante la mirada pasiva y la condenación silenciosa de su comunidad.


7 Comments:

Márcia said...

Adorei o seu blog, ótimas dicas!
Abraços e ótimo fim de semana, beijos!!!

Alexánder Obando said...

Es un hermoso homenaje. Excelente metáfora. El David de los últimos años fue un verdadero "poeta en llamas".

María said...

Tenía entendido, de oidas, que escribía por gusto y no publicaba ni editaba sus poemas, pero no sabía nada de su alcoholismo... Con todo, no es quemarse a "lo bonzo" pero sí es un modo de quemarse a fuego lento :(
http://oi52.tinypic.com/2d79942.jpg

Javier said...

en pos de una síntesis, sería honesto recordar que mas allá de su lirismo bohemio y su alcoholismo avanzado, David fue un ecologista talentoso que participó de manera muy activa, con mucho entusiasmo, alegría y energía en las campañas mas importantes de la época. Dió su aporte importantísimo en la campaña contra la contaminación descarada de la Ticofrut, contra los primeros pasos de la propuesta minera de crucitas y contra el abuso inmoral de la Ston Forestal que quería apropiarse del bellísimo golfo dulce. De hecho mas que autoinmolarse en pos de su lírica es muy probable que otros intereses estuvieran detrás de su muerte. Su cadaver apareció en frente de las oficinas de la Ston

Juan Murillo said...

Lo que dijiste, Javier, no solo es cierto, sino que se sigue quedando corto. David era una persona polifacética sumamente difícil de calzar en un molde, o digamos, de explicarlo.

Sus luchas ambientales, importantísimas, pudieran tener el mismo origen emotivo y comprometido con lo vital que tenía su poesía, sus excesos y su personalidad.

El texto anterior es apenas una pincelada en dirección suya, pero la escribí así porque no es David el único que ha escogido esa senda y es bueno saber que está pasando cuando uno ve a un poeta en llamas, y bueno, su última poesía le da pie al comentario.

Nos tomará tiempo recuperar al David total, pero poco a poco le podemos ir haciendo justicia.

Juan Murillo said...

Gracias Álex, yo se que a vos te afecta igual que a muchos de nosotros, especialmente porque hemos visto el espectaculo repetirse después.

Juan Murillo said...

Maria, David escribía porque tenía un amor incontenible por la belleza y no publicaba porque el medio literario costarricense es siempre poco más que incipiente y nadie dijo, mientras él estuvo vivo, que era indispensable, importantísimo, publicarlo. Es cierto que no buscaba la publicación, pero me parece que siempre fue por un asunto de orgullo.