La Corona de Espinas, Guillermo Barquero



La Corona de Espinas de Guillermo Barquero, reseña de la colecciòn de cuentos.


La Corona de Espinas
Guillermo Barquero
116 páginas
Editorial Tecnociencia 2005


La Corona de Espinas de Guillermo Barquero, es ya desde el titulo, temible. Le augura al lector sufrimiento, sea vicario a través de los sucesos que describe o por la tortuosa lectura que promete, el lector no lo sabe. La portada expresionista de Munch y el prólogo de Myriam Bustos no hacen sino reforzar la idea:

La sensación de que se nos está contando algo extraño, por pluma extraña y mente nada fraterna con la nuestra, nos mantiene en vilo, alertos, en espera del irrupción de algo que no va a gustarnos(...)[p. viii]

Bustos ha querido calificar los cuentos de Barquero de góticos, sin embargo La Corona de Espinas no se deja encasillar tan fácilmente en un solo canon. En la colección, es cierto hay ejemplos que habitan la atmosfera gótica, como por ejemplo el cuento que da titulo al libro y que narra una onirica búsqueda en un cementerio, cuervos incluidos; El inicio de la licantropía que nos narra un pasaje de domesticidad licantrópica en donde la forma de narrar nos adentra en la sensibilidad alterada del monstruo, o Neanderthal, en el cual el paso evolutivo entre especies humanas se ve marcado por ritos de la pasión del cristo, la crucifixión, el hombre muerto por el hombre. Sin embargo, hay otros cuentos que de ningún modo se emparentan con la corriente gótica y que nos dejan ver el espectro que puede cubrir Barquero cuando decide salir de su coto de caza más usual, que como se verá, no es el gótico.

Los dos ejemplos más logrados de cuentos de corte más tradicional serían El Prologador y La Geometría del Péndulo. El segundo es una exploración de la premisa fantástica en la cual las identidades del obseso y su objeto de obsesión se trasvasan, en este caso el matemático Fermat y el protagonista. El primero quizá menos atractivo para el publico general es, sin embargo, de interés para escritores y es una exploración de como los metatextos, en este caso los prólogos, que deben soportar un texto, muchas veces lo invisibilizan, modifican o, finalmente, lo sustituyen. Este puede ser buen momento para ponderar las desventajas de las reseñas de libros y su efecto sobre el objeto de su discurso, pero no lo haremos.

Nos interesa más aquí el grupo de cuentos que serían el lastre más pesado para el lector común, que denominaremos cuentos exploratorios. Aquí es importante acotar que existe en literatura un contrato implícito entre lector y escritor sobre lo que aquel espera o esta dispuesto a recibir y lo que este debe o esta permitido a entregar. Existen los cuentos que concienzudamente rompen este contrato, digamos que a propósito, como lo hacian las experimentales vanguardias, otras veces encontramos cuentos, como lo de Barquero que agrupamos aquí, que parecen evadir parte del contrato, pero que en realidad proponen uno nuevo, sin intención de antagonizar con el lector. Estos cuentos están bien escritos, se nota en ellos la intensidad y la pasión de la búsqueda, que es precisamente donde el lector común se incomoda o, como dice Bustos al calificarlos de "cuentos que en determinados momentos nos impacientan y hasta irritan". Este tipo de lector, que en verdad es legión, quiere cuentos resueltos, donde haya un principio, desarrollo y final, todo propiamente colocado de modo que la lectura amena del cuento ocupe el espacio que le dedicamos y no más, y nos deje contentos como si al leerlos los hubiéramos resuelto nosotros mismos. Pero los cuentos exploratorios de Barquero no son de este tipo. Barquero los usa como herramientas epistemológicas, en ellos no nos entrega un texto que transita un camino prefigurado para darnos una verdad, sino que en verdad crea el camino al ser escrito y leido, un camino para cada lectura. Estos cuentos habitan momentos inusuales de la conciencia humana como pueden serlo el duermevela del insomne, el aturdimiento del homicida inmediatamente posterior al crimen, el instante eterno de la muerte, la conciencia interna del cuerpo, el misterio insondable del cuerpo de la amada que es a la vez todo el universo o es silencio lleno de palabras que es la incomunicación de la ultima conversación de un suicida. Claramente se ve que estos instantes no pueden tener un desarrollo literario normal, de hecho Barquero nos dice múltiples veces que él mismo no sabe bien como abordar esos instantes limítrofes de la realidad humana:

(...) buscando palabras y cosas imposibles de describir y en las que para mí lo más importante era lo subyacente y a veces (por regla general) lo más inconspicuo.[p. 12]
Mi precisión se me hizo escurridiza y no me atreví, por fin, a dar gusto a una cosa inasible(...)[p. 26]
Al final todo resulta demasiado confuso como para ser relatado con coherencia(...)[p. 32]
Pero, sin embargo, no hay forma otra de poner las cosas, porque ni me es posible entenderlas tan siquiera, cuando las vivo, antes de escribir sobre ellas.[p. 86]

Es indudablemente una tarea hercúlea, compleja, la de meterse a manos llenas en el lenguaje para que barajando el impresionante léxico del que hace gala Barquero podamos elaborar un significado de situaciones que nunca antes han sido objeto de escrutinio. En ese sentido, los cuentos de Barquero son scriptibles, para usar el neologismo propuesto por Barthes en S/Z, en el sentido que el centro de significación se desplaza del autor al lector, que se ve obligado, en este caso particular, a repetir el acto exploratorio de esos resquicios de la realidad que la generalización, como arma de comprensión de la realidad, ha decidido ignorar. Este acto exploratorio no da frutos en el texto mismo y el lector se ve obligado a generar su propio significado, lo cual como ya hemos visto, irrita a algunos lectores que consideran que eso es trabajo del autor y que el punto esta fuera de discusión.

Los textos de La Corona de Espinas, sin embargo, no encarnan la scriptibilidad Barthiana en el sentido denudado que lo hacían los autores del Nouveau Roman, donde la idea era no aportar juicios previos, evitar las metáforas o símiles y limitarse a describir las cosas, sino que optan por la técnica contraria, la de la abundancia verbal. En la exploración de estas realidades vemos como Barquero avanza y retrocede, visitando distintas bifurcaciones de los caminos posibles para abordar el tema, en todo momento encontramos una alta densidad de calificativos: adjetivos, símiles, analogías o metáforas que pretenden matizar lo que se describe, a veces de manera sorprendente, múltiple o incluso contradictoria.

La abundancia léxica de Barquero es definitivamente la marca mas conspicua de su estilo literario, una abundancia sin la cual las exploraciones de estos cuentos serían imposibles. De esta prolijidad y complejidad, y de las posibilidades que ella permite nace la riqueza del texto pero también de ellas nace la única queja que tenemos con los textos y son las ocasiones, injustificadas en nuestra opinión, en las que el autor se da por vencido y cierra una descripción con frases genéricas como 'y cosas así por el estilo'[p. 90], 'O algo así'[p. 60], 'en quien sabe dónde'[p. 4]. Es en esos momentos que sentimos que el autor nos abandona a la búsqueda a la que nos ha invitado; algo que por suerte eso no sucede a menudo.

Finalmente vale la pena mencionar como la prosa de Barquero coquetea abiertamente con la poesía, en algunos momento entrando de lleno en lo que es ya la prosa poética, siempre manteniendo una clara conciencia de la musicalidad de las palabras y de la prosodia que muchas veces determina el connubio de múltiples calificativos de silabario similar ('coraza calcárea de cuasisilencio'[p. 64]).

Barquero es un autor con un amor muy evidente por el lenguaje, y con un valor inusual para internarse en las landas inexploradas que otros autores, quizá con más inclinación por los gustos lectores de la mayoría, y con menos ambición que él, evitan como la plaga. A pesar de lo que es dable criticar de un primer libro, la densidad o dificultad para penetrar el texto, los temas poco amigables, la angustia existencial que permea todo el conjunto, nosotros queremos aplaudir una obra sumamente personal que marcha a contrapelo del sentido común comercial, que quizá los años merme o domestique, pero que ahora, publicada, queda como testimonio del valor y la habilidad del primer Barquero, de que siempre habrán autores como él, que como exploradores del abismo, avanzan ciegos, con los brazos extendidos en la oscuridad, llevándonos a lugares a los que no tendríamos acceso si no fuera por ellos.

Bio-Bibliografía:
Guillermo Barquero nació en Costa Rica en 1979. Ha sido miembro del Taller Guapinol que se reúne en San Antonio de Belén por seis años y Corona de Espinas es su primer libro publicado.


2 Comments:

Literófilo said...

Ja y anoche me eche las birras, fui al Casino, deseamos el rabo de una gringa, con ese maje, y con Rafita y Luis Fer y Granados, incluso hasta logro ubicar mi clon en Rancho Fofo, pero si estos cuentos estan densos pero son profundos y legibles, y Barquero le gusta hacer malabares con la palabra, es como el buen amente ante la hoja en blanco, para el, es notorio el buen uso y abuso del lenguaje que una buena historia, eso demostro en ese cuentario, un buen cuentario y hay varios cuentos notables. Muy bien por el Charro.

Literófilo said...

Por cierto, pronto la novela, El Diluvio Universal, me froto las manos para leerla.