Bartelby y compañía, Enrique Vila-matas



Bartelby y compañia, reseña de la novela.


Bartelby y Compañía
Enrique Vila-Matas
179 páginas
Editorial Anagrama, 2000

Estamos en la presentación de El diablo sabe mi nombre, de Jacinta Escudos. Adelante veo a Ana Cristina Rossi diciendo algo sobre la animalidad en los cuentos de Escudos. Frente a mí está sentado el novelista salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa, cruzando el pasillo está Manlio Argueta, grande, autor de Un día en la vida. Atrás, en la gradería de sol, estamos Ulloa, Barquero y yo, a la derecha veo a Luis Fernando Gómez, poeta. Más allá veo a un señor que no conozco, pero que se ve, por lo demacrado y taciturno, que no puede ser otra cosa que escritor. De la concurrencia el único que no es escritor es Oscar Castillo, el editor de Uruk. Me doy cuenta, entre divertido y preocupado, que todos los asistentes o somos escritores, o por lo menos estamos adscritos al tenue gremio de lo literario.

En la sobremesa trato de lograr que Oscar Castillo admita que el tamaño de los tirajes de las editoriales costarricenses se calcula con esta fórmula: 5 parientes del autor + 5 amigos del autor + 20 narradores + 270 poetas = tiraje de 300 ejemplares. Castillo se rehúsa a confesar, pero veo que su mano, que sostiene la copa de un vino muy poco chileno, tiembla, porque sabe que hemos descubierto el secreto mejor guardado de la industria editorial costarricense.

Lo cierto es que los escritores tenemos una fascinación morbosa por la vida y obra de otros escritores. Uno podría fingir que es curiosidad profesional, pero todos sabemos que en el fondo esa fascinación se parece más a la que lleva a los vecinos de cama de leprosario a intercambiar historias sobre partes del cuerpo que ya no tienen. Queremos saber de que modo hace infelices a otros el quehacer literario, otros aparte de nosotros mismos.

La novela Bartelby y Compañía, de Enrique Vila-matas, es precisamente eso: una recopilación de historias de escritores que han dejado de escribir. Para un escritor, la historia de otros que han sabido dejar el vicio y renunciar al placentero castigo de escribir ejerce la misma atracción irresistible que los suplementos literarios dominicales, que entre más chismosos, más sabrosos. Vila-matas lleva a cabo en esta novela una erudita revista que incluye historias deliciosas sobre Rulfo, Rimbaud, Hoffmanstal, Duchamp, Salinger, Walser, Melville mismo, padre del personaje que da nombre a la novela, Bartelby, que es el non plus ultra de los no escritores y que siempre prefería no hacer nada, así como multiplicidad de otros autores y personajes de ficción, e híbridos de ambos, que dejan de escribir y abandonan a Circe para recuperar vidas normales.

En este punto es necesario recapitular lo dicho sobre la fascinación de los escritores consigo mismos. ¿A que persona normal (y con eso quiero me refiero a los no escritores) se le puede ocurrir que la pregunta, ¿Porque ya no escribo libros?, amerite una novela completa de explicación y ejemplificación? ¿A quién si no sólo, y únicamente, a un escritor? El hombre común, en cambio, se pregunta estupefacto ¿Qué les pasará por la cabeza que a cada rato se quieren sentar a escribir historias? Esa, creo yo, es una pregunta esperable y lógica.

Al grano entonces, ¿porqué escribe un escritor? El libro de Vila-matas aporta una cantidad enorme de información al respecto, por vía del ejemplo negativo. Los hay quienes buscan expresar su altísimo ánimo artístico y al verse incapaces de plasmarlo fidedignamente se sienten derrotados y renuncian. Hay otros que se quedan en los preparativos, híper exigentes, no logran comenzar por temor a equivocarse. Hay los que renuncian porque ya han dicho todo lo que valía la pena decirse. Algunos ven en el silencio un arte más alto que el de la palabra. Otros buscan el gran libro que saben que llevan dentro sin poder encontrarlo. Y finalmente, aunque esto no agote la lista de razones, están los que descubren que las palabras son un mundo en si mismo y no son el Mundo como tal y defraudados por no poder ser Dios, renuncian a la literatura. Por más generoso y amigo de otros escritores que sea uno, no se puede más que notar el común denominador de las motivaciones para escribir: la hybris, el exceso de orgullo, la arrogancia intelectual, querer ser la voz que se escucha en la cavernosa mente de los otros. Para ser escritor hay que pensar que lo que uno escribió es mejor que lo que cotidianamente tienen los demás en la cabeza, y que esos otros deberían dedicar por lo menos un rato a entretener los pensamientos que a uno se le antojan geniales. En fin, hay que tener una amplia seguridad en sí mismo y un amor propio saludable y rebozante.

Vila-matas, sin embargo, no siempre estaba tan seguro de sí mismo. Ya le confesaba, mortificado, en alguna ocasión a Roberto Bolaño, su amigo, mientras escribía El Viaje Vertical, que en su novela no pasaba casi nada. Bolaño, buen amigo que era, lo contradijo y le sugirió un pequeño aporte a su novela (que el plano de Barcelona coincidía extrañamente con el plano de la Atlántida). Esto le hizo mucho bien a Vila-Matas, que logró con ese dato enrumbar su novela donde nada pasaba y se ganó con ella el Premio Rómulo Gallegos. Ya con Bartelby y compañía se había hecho algo notorio, ganando el premio Ciudad de Barcelona (dicen que en Barcelona viven más escritores que en todo América Latina junta).

El plan del jorobado que hace de protagonista en Bartelby y compañía era escribir un libro lleno de notas a pie de página que comentaran un texto invisible (como quien dice el texto verdadero que se rehusó a escribir) que trata sobre escritores que renuncian a escribir. El personaje que Vila-matas crea es extremadamente divertido, la erudición no le quita lo risueño y su estasis kafkiana, curiosamente, solo lo vuelve más entretenido. Es, por mucho, más entretenido que el mismo Bartelby, que era mas bien insulso y aburrido y que sin la ayuda de la fabulosa prosa de Melville no merecería vivir en página alguna. En Bartelby y compañía, sin embargo, tan entretenido es el estilo como divertido el personaje y ya del fascinante contenido lleno de chismografía histórico-literaria, ni hace falta decir nada. Todo resulta tan delicioso que casi quiere uno olvidarse de la absurda premisa inicial de Vila-matas, que es comentar un texto invisible, como, digamos, sería un Pale Fire de Nabokov si en el libro faltara el poema principal. Porque la verdad es que parece que a Vila-matas se le ocurrió esa idea luego de releer el texto y descubrir que no tenía pies ni cabeza y que había terminado siendo un autoindulgente paseo por las anécdotas preferidas sobre los escritores preferidos del autor.

Este punto en particular me parece merecedor de mención: Llegamos por fin a los días en que ya no importa que la novela no tenga trama, que al personaje no le pase nada y que se limite a aportar información y anécdotas nebulosamente conectadas entre sí, y que, a pesar de estos potenciales obstáculos, el resultado sea un libro que se puede disfrutar enormemente. Bartelby y compañía no es un logro menor, es un tipo de libro que marca el rumbo futuro de la literatura (y con eso no quiero decir que el rumbo futuro de la literatura sea que los escritores dejen de escribir, a pesar del clamor popular). Es literatura solipsista, endogámica y metaliteraria, hija de una época signada por el culto a la personalidad, el individualismo exacerbado y narcisista, y como tal, habla de la nada y de sí misma y nos mantiene absortos en su juego de espejos hasta el final; y con vergüenza, admito, nos deja pidiendo más.

7 Comments:

Sentenciero said...

La verdad dan ganas de entrarle a este libro, por todas las pequeñas reflexiones que mencionás. Es fascinante eso de por qué escribir/por qué dejar de escribir; quizá solo a la estirpe de los escritores o aquellos que pretenden serlo les importe; entre impuestos, gasolina impagable, comida cara, problemas mentales, depresión, primera comunión de los chamacos, muerte de los tatas y los abuelos, solo a un puñado de excéntricos (había puesto "imbéciles", pero lo taché) puede importarles algo tan abstracto, cuya explicación no lleva a nada en lo práctico.
Curioso este Bartebly. Curioso todo esto de los escritores que renuncian sin haberlo intentado; a ellos habría que añadirles el grupo (no despreciable) de los que renuncian a leer, de los que leen y ven en el acto de escribir una estupidez, de los que escriben solo en sus fantasías y solo se leen a ellos mismos... ad nauseam. La verdad da para discusiones kilométricas de esas que a nadie importan.
Interesantísimo lo contenido en esto de Vila-Matas, que bueno que lo trajiste a colación.

Asterión said...

Entretenida e interesante reflexión.

Primero, debo señalar que tu fórmula para calcular la edición de un libro es acertada, pero no es realista: 270 poetas sí, pero solo cinco compran el libro. Así que ni modo, nos quedamos con 265 bien guardados.

La metaliteratura es signo de los tiempos, y en realidad lo ha sido desde Don Quijote y Hamlet: obras dentro de otras obras, textos que se leen a sí mismos. De hecho, la trama del Quijote podemos resumirla al afirmar que no es otra cosa que la aventura de un lector. Es decir, asisitimos a observar a un tipo que lee.

El siglo XX fue prolífico en propuestas metatextuales. Pienso en Italo Calvino, por ejemplo.

Ahora que traés a colación a Vila-Matas, recuerdo haber leído, hará más de diez años, Historia abreviada de la literatura portátil (título exquisito), y precisamente, no recuerdo de qué trata, probablemente porque no trata de "nada" (que no es otra cosa que el motivo de Seinfeld). Es un texto donde las anécdotas, las reflexiones y los personajes "ficticios" se mezclan con otros no tan ficticios.

Juego de espejos, sí, trama de lo absurdo (¿qué otra cosa es la cotidianidad?).

Por otro lado, el tema de los escritores que dejan de escribir es apasionante. Siempre se está al borde del abismo, de la ambigüedad: ¿qué digo?, ¿cómo?, ¿por qué? y ¿para qué? Y aquí, el vacío existencial se puede volver realmente insoportable.

Y finalmente, cierto, un escritor sin infulas no puede ser escritor. Eso es lo que lo convierte en un ser mitológico. Es lo que convierte el oficio en algo tanto divertido como chocante. Solamente con ìnfulas se puede borrar de un plumazo lo que digan los otros (antes de que nos borren a nosotros).

Hoy empezaba a leer La inmortalidad, de Kundera. La primera parte presenta a un tipo en un balneario que observa a una señora de cierta edad, y cuando ella hace un gesto él piensa en el nombre "Agnes", y en que nunca ha conocido a alguien con ese nombre. Luego, empieza a contar la historia de una Agnes. Ingenioso recurso: un narrador protagonista que luego se vuelve omnisicente para contar una historia, no podía ser de otro modo, "inventada". Entonces, la trama es tan sencilla como un tipo que inventa una novela (al menos hasta ahora).

CAQ said...

Juan mis felicitaciones. Este texto tuyo sobre la obra, es un texto valiosísimo en sí mismo.
Gracias por compartirlo.

PD: Deberíamos hacer una hiper-bodega-librería-café-camposanto-cooperativa de escritores para poder meter los restates 265 libros de cada uno.

Gustavo Adolfo Chaves said...

A mí me encanta Vila-Matas, y en especial Bartleby y Compañía. Disfruté mucho tu viraje inicial por la vida de los autores y la problemática relación de unos con otros, esa endogamia del gremio. Creo qye Bartleby y Co. es un libro fascinante pero me temo que no es el futuro, como vos sugerís... Siempre habrá escritores para escritores, pero la experiencia de leer una historia que nos lleva a algo, que cuenta algo, es insustituible. Tal vez por eso este libro de Vila-Matas sea un éxito como ficción, porque nos pasea por los pormenores psíquicos de estos escritores y nos echa luz sobre nuestra propia condición de tristes post coito en cualquier afán humano en el que nos desenvolvamos. Hay un bartleby en cada escritor, cierto; pero también en cada maestro, en cada telefonista, en cada gigolo. Un momento en que lo único decente y propio que queda es decirle al mundo, I'd rather not... Para mí, esa "pasividad" de los escritores en retirada es un acto íntimo de rechazo al teatro de vanidades en que las personas convertimos cuanta cosa emprendemos. En eso el NO es una ética. Bartleby y Co. no es una tan simple divagación sobre escritores favoritos. Eso sería hagiografía, y si en algo Vila-Matas es bueno es en levantarle las faldas de las sotanas a sus santos preferidos.

Muy estimulante tu reseña, viejo...

Warren/Literófilo said...

Dicen que el libro El Mal de Montano, es la segunda parte de este, que ha tenido al parecer un exito de ventas y de critica en España, tal vez hice mal leerme primero el Mal de Montano (que me pareció malísimo) antes que este, pero leyendo lo que escribiste me resulta similar pero lo leeré. Bartelby y compañía no es un logro menor, es un tipo de libro que marca el rumbo futuro de la literatura (y con eso no quiero decir que el rumbo futuro de la literatura sea que los escritores dejen de escribir, a pesar del clamor popular).Que cuentitos los de Vila-Matas.

Juan Murillo said...

Guillermo, yo creo eso mismo, esas discusiones que tanto nos interesan a los escritores a otros los tienen sin cuidado, pero eso no quita que espermos que lean lo que pensamos al respecto.

Gustavo, la cantidad de poetas en la fórmula corresponde al 10% del total de poetas en existencia (2700) de modo que verás que no es exagerado esperar que 10% compren libros. En cuanto a la metaliteratura, yo siempre he creído que la distinción es innecesaria. La literatura es una, toda, independientemente de su tema. Que los escritores escriban de si mismos y de sus obras es un corolario inevitable de la hybris de la que hablábamos antes, que es un poco de lo que se trata este blog.

Carlos, yo apoyo esa moción, especialmente en lo de camposanto de escritores.

Gustavo Adolfo, en efecto tengo que admitir que nada sustituirá nunca a una buena historia. Pero el texto de Vila-matas sí representa un nuevo tipo de novela híbrida que casi quiere ser ensayo. Ese hibridaje ya no sorprende, y está sucediendo con la crónica, el testimonio, la biografía, la nota periodística, el ensayo, géneros que la novela se ha ido tragando y quizá por ahí sea donde se encuentre el futuro de la novela.

En cuanto a lo que quería hacer Vila-matas con Bartelby, me parece que en la petición de principio que es hablar de un grupo de escritores del NO (asumiendo que lo normal es el SI) se obvia el hecho de que para todo escritor llega el momento en que pone el último punto al final del último texto que escribirá en su vida y que ese momento nunca coincide con la propia muerte. Los escritores escriben esporádicamente, en sobresaltos que no son muy distintos a ataque epilépticos (a algunos pobres les ocurre todos los días) ¿y que son, me pregunto yo, los escritores mientras no estás escribiendo? ¿Cómo sabe un escritor que lo último que escribió no es realmente lo Último? ¿Cómo sabe un hombre que la última vez que vio el mar no fue la Última? ¿Como sabe una mujer que la última vez que se enamoró no fue la Última? No lo sabemos, inmersos como estamos en el río heraclitiano y no por eso pertenecemos al NO de la renuncia. Además, como bien saben los fumadores, renunciar a algo no significa no volver a hacerlo jamás.

Warren, el Mal de Montano fue la respuesta de Vila-matas al bloqueo de escritor que le dio luego de escribir sobre escritores de dejan de escribir. Todo lo que se nombra puede volverse real, diría Borges.

luis fer said...

De este mae solo he leido Historia breve de la literatura universal, y es uno de los 10 libros que me llevaria a la luna.