Si yo fuera famoso




"Si yo fuera famoso" es un tema tan ferozmente frívolo que cuando Soho me pidió este texto pensé seriamente si sería capaz de abordarlo sin quemarme. Fue útil para darme cuanta que hoy en día para ser sincero sin sonar como un curita párroco hay inevitablemente que echar mano de la ironía. El original está aquí: Si yo fuera famoso

Si yo fuera famoso
Juan Murillo

Kurt Cobain acpetó posar para la portada de Rolling Stone solo porque lo dejaron salir con una camiseta que decía "Corporate magazines still suck". Que era su paradójica forma de indicar que él no quería ser famoso. Luego Cobain, que se hizo muy famoso pero no quería, se fumo un puro de cañón de escopeta. Pero en el fondo no estaba tan perdido. Quería que su mensaje fuera más importante que su imagen. El problema es que nadie quería el mensaje. Lo que quiere todo mundo es la imagen. Por lo que hay mucho riesgo en tratar de transmitir un mensaje coqueteando con la mascota de Lady Gaga, el fame monster. Riesgo tristemente irónico cuando el mensaje es Nevermind. El monstruo de la fama no es lo que la gente se imagina. No se parece en nada el monstruo comegalletas de Plaza Sésamo. El monstruo de la fama es un mitómano sociopático. Un manipulador narcisista. Y piedrero, probablemente. Y puto. O proxeneta, según se necesite. Gaga, en cambio, siempre quiso ser famosa. Por eso sus brassieres chisporrotean y usa vestidos chorrean sangre. Ahora basta con eso. Antes la fama se ganaba con alguna acción admirable. Era una cosa difícil. Después apareció Paris Hilton. Ahora basta tener dinero. O ser famoso porque se es famoso. Un upskirt sin panties ayuda. Un video porno también. Michelle tiene varios. Nicole tiene uno. Y Pamela. Hasta María José tiene uno. Y eso que MJC no lo necesita porque ya era famosa fuera de Costa Rica. Lo cual es muy diferente a ser famoso en Costa Rica. Que es un poco como ser famoso en el barrio por ponerle un spoiler al carro. Fama con un radio de unas cuadras. Que dura lo que dure la vecina rumberita en subir un video a YouTube. Solo sirve para que las señoras lo reconozcan a uno en la pulpería. Para que lo detengan con seño fruncido y dedo en el labio y digan: verdad que usted es ese escritor famoso? y entrecierren los ojos por un momento para luego brutalmente especificar: Camilo Rodríguez, verdad? Solo que lo veo más gordito.

Si yo fuera famoso definitivamente sería una peor persona. Para los famosos la demanda siempre sobrepasa al inventario. Cosa que sucede porque no se anuncia un libro o un disco. Sino a una persona. Se ofrece una relación. Una conexión con el espectador. Lo cual es mentira. El resultado es que siempre hay mucha gente insatisfecha. Porque la verdadera razón para hacerse famoso es precisamente no tener que estar disponible para nadie. Solo yo con yo. Por lo que si fuera famoso de seguro no me la pasaría respondiendo mails de admiradores. Para eso existiría una asistente muy lista. Que sepa decir poco con muchas palabras. Que escriba correos que parezcan sonreír sin invitar a continuar la conversación. La firma de autógrafos sería un calvario de calambres de túnel carpal. Me enojaría muchísimo que los paparazzi me hicieran chocar en algún túnel parisino. Trataría de alimentar a alguno con el teleobjetivo de su propia cámara. A la fuerza. Para que me dejen en paz. Porque yo también soy un ser humano y necesito una poco de privacidad. Pero estaré equivocado. Porque me habré convertido en el soporte material de mi propia imagen pública. Seré un ser desenfocado al que le tocan las tareas humildes, humanas que ningún admirador creería que el yo famoso tenga que hacer. Cortarme las uñas. Usar el hilo dental. Nadie tendrá compasión de mí. Porque, ¿de que me puedo quejar? Si soy famoso. Y los famosos no son dignos de lástima. Y cuando me fume mi propio puro de cañón de escopeta, algún tipo en una revista no tendrá empacho en decirlo con esa misma cruel frivolidad. Porque no seré una persona, sino de una imagen. Que le pertenece a todos. Y representa a nadie. A ese tipo tampoco le reclamarán. Porque solo es una voz tenuemente conectada a una firma que encabeza el artículo. Y escuchando a ese tipo habrá un espectador. Alguien como usted. Bombardeado día y noche por imágenes de famosos. Que aseguran que el éxito es que la gente añore con un dolor casi físico lo que usted es. O parece ser. Y no lo que dice o piensa. Como se añora una canasta de chicharrones cuando uno está a dieta. Algunos harán su propio intento. Subirán videos a Youtube. Abrirán un blog. Una cuenta de Facebook. O de Twitter. Emitirán periódicamente fragmentos de su imagen. Para que otros la deseen. La consuman. Una imagen monstruosa. Pervertida por la conciencia inexorable de todos los ojos que la ven. Tal vez el destino le sonría a alguno. Una sonrisa hambrienta. La del monstruo de la fama. Será el éxito como lo conocemos en el siglo XXI. Y no lo que siempre fue. Como explicó alguna vez Ralph Waldo Emerson: “Reír mucho y seguido; granjearse el respeto de la gente inteligente y el afecto de los niños; ganarse la apreciación de los críticos honestos; apreciar lo bello, lo mejor en los otros; dejar al mundo un poco mejor, con un niño sano, o un jardín, o un problema social redimido; saber que alguien ha respirado mejor porque uno existió. Eso es el éxito.” Muy bonito, pero ¿y la fama? ¿quién es este Emerson? Nadie lo conoce. Qué nos venga a dar consejos cuando sea famoso.

8 Comments:

Germán Hernández said...

Si fueras famoso, serías efímero... JLB.

La Fama, la Moda, son cosas horribles e insoportables que hay que cambiar cada seis meses... OW.

María said...

¿Sabes? Yo, es que valoro mucho ese yo con yo que nombras en este post. Piensi que mi intimidad es lo más mío que tengo, mi tesoro más preciado y la fama me da a mí que no distingue esa barrera... Que en un momento u otro la sobrepasa... No sér, ya te digo que es lo que yo pienso :)
Un besito y que tengas un bonito Finde.
María

María said...
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María said...

Qué raro... Salió repe... A ver si me estoy haciendo famosa... jajajaja!!!

Juan Murillo said...

Qué relación extraña tenemos con la fama, Germán. Wilde vivía en los salones luciendo su ingenio, Borges se refería a si mismo por su apellido. Creo que todo mundo quiere reconocimiento por su trabajo, pero de ahí a buscar la fama lo que hay es un resbaloso paso.

Es cierto, Maria, un yo con yo privado es lo único que nos queda en este mundo que todo mundo es en cierto modo una figura pública. Ya te quité el repetido, para que no hayan dudas de tus intenciones ;)

Germán Hernández said...

Reconocimiento, retribución, son definitivamente aspectos humanos y legítimos... creo que escribimos con esa esperanza, y no tanto para nosotros mismos, sino las obras en sí... no me da pena admitirlo, quisiera que la gente amara lo que escribo, que lo buscara, lo leyera, lo comprara, lo fotocopiara, lo compartiera, lo comentara... algo así...

Y el resbaloso paso... es curioso, creo que muchos de los "famosos" lo son a pesar de si mismos... como una especie de accidente que le puede pasar a cualquiera...

Saludos!!!!

Juan Murillo said...

Tenés razón, Germán, en la práctica así es. La gente quiere reconocimiento. Sin embargo, el acto de creación literaria debería (pienso en mí, en mi obra) buscar la comunicación o generación de ideas y emociones, más que el reconocimiento. El reconocimiento y la fama, su hermana perversa, me parecen peligrosos si aparecen muy temprano. El otro día leía en la traducción de Jeffers que hizo Tavo Chaves, que el único tipo de fama que vale la pena perseguir es la fama póstuma, porque es la única que no te puede hacer daño.

Germán Hernández said...

Fantástica la cita de Jeffers... en tiempos de culto al sujeto y la persistencia de lo escrito (letra muerta).

He pensado en los maestros orales... Jesús, Sócrates, Confucio... y tantos otros... no solo sobreviven, si no que sus continuadores reinventan por siglos, donde la autoría de algo no existe, decir: cuando alguen dice "el maestro dijo"... quien dice es la comunidad...

Mientras tanto, esa posteridad... mmm, que bueno que no estaremos para saberlo...

Saludos!!!!