Antología de nuevo cuento costarricense



Aparece Antología de nuevo cuento costarricense, Historias de nunca acabar, compilada por Juan Murillo y Guillermo Barquero.


La Editorial Costa Rica acaba de completar la impresión de la compilación de cuentos Historias de nunca acabar que hicimos Guillermo Barquero y yo, la cual saldrá en estos días al mercado. El trabajo lo comenzamos en el 2008, con ocasión de que se cumplían 20 años de la publicación de Para no cansarlos con el cuento, la antología generacional de cuento realizada por Carlos Cortés, Rodrigo Soto y Vernor Muñoz, y luego de mucho trabajo y esfuerzo por fin lo vemos publicado. Después de investigar y leer mucho terminamos conociendo bastante bien la producción narrativa de los últimos 20 años y a todos los compañeros escritores, lo cual es en sí ya premio suficiente al esfuerzo realizado. En lo personal, espero que la antología cumpla como evidencia de la calidad de la narrativa nueva en nuestro país y que sirva para ubicar a los autores incluidos y a los mencionados dentro del canon de la narrativa nacional.

Abajo la presentación escrita por ambos que incluye la antología, en la que se explican los criterios y el proceso de selección, así como una breve descripción de las tendencias generacionales:


Historias de nunca acabar
Antología de nuevo cuento costarricense

Presentación

Juan Murillo y Guillermo Barquero


La efervescencia del periodo que nos toca vivir en la literatura costarricense es más que palpable: se publica, se debate, se hace uso de las tecnologías que permiten la inmediatez de comentarios en páginas virtuales dedicadas al tema literario —blogs, páginas de autor, periodismo cultural en la red informática. Con todo, se lee poco y, como asunto fundamental, se conoce poco del quehacer literario nacional, de sus creadores contemporáneos, de sus nuevas tendencias (si las hay). Los libros son gritos que se sueltan a un vacío público, en espera de oídos a los que lleguen esas vibraciones que generarán respuestas en ese que escucha; ¿qué son las antologías literarias? Reuniones de muchas gargantas que se unen en un grito más fuerte y sostenido que busca ser percibido clara y ordenadamente, marcas —arbitrarias, injustas, limitadas a veces— que dan cuenta de lo que se escribe en un periodo histórico, o bien registran una temática que ha sido abordada por diversos artistas, cada uno haciendo uso de sus armas narrativas o líricas: antologías del tema del amor, del tema policial, del abandono, la emigración, y tantos puntos de vista como antólogos haya dispuestos a sondear en los terrenos de la obra publicada por seres que muchas veces no se conocerán más que en las páginas de estos libros-reuniones.

¿Qué es, pues, habiendo dado estas fugaces definiciones, Historias de nunca acabar? Es un encuentro de nuevos autores de cuento costarricenses, un grito colectivo que presenta los actos de creación de 15 escritores que, aunque no constituyan la totalidad de quienes ven sus obras publicadas en el mundo editorial costarricense contemporáneo, son una muestra de lo que se escribe en estos tiempos y en esta latitud.

En Historias de nunca acabar encontramos a Heriberto Rodríguez, ganador de varias versiones de los premios de la Editorial Costa Rica; a Alí Víquez, avezado escritor con una sólida carrera como narrador; a David Eduarte, joven valor cuyos cuentos alcanzan altas cuotas de expresividad y dan mucho material para el pensamiento profundo, mediante el esperpento y lo kafkiano; a Luis Chaves, conocido y respetado por su papel de poeta, autor de una exquisita novela o Road poem, como el la llamó; a Mauricio Ventanas, autor de varios volúmenes de cuentos nacidos desde la observación aguda de la realidad que él transforma en imágenes lúdicas, con un desparpajo bien encauzado; a Manuel Marín, autor de varios libros de cuento que exploran la subjetividad y muestras la fragmentación de la realidad y que para ello utiliza un lenguaje selecto y preciso. Y así podemos seguir, hasta toparnos con Catalina Murillo y Jéssica Clark, dos sorprendentes escritoras, autora de culto la primera, novelista en ciernes de ciencia ficción la segunda, ambas autoras imprescindibles en el campo narrativo actual, en Costa Rica. La gama de propuestas es amplia y los abordajes son múltiples, lo que muestra que no solo las antologías son arbitrarias e incompletas: la realidad contemporánea es también constante ruptura, fragmentación y arbitrariedad, y estos cuentos no son más que el reflejo de las búsquedas que no están supeditadas a grupos o círculos (como ocurre en la poesía), sino a 15 particulares cosmovisiones y procesos creativos.

Historias de nunca acabar pretendió originalmente ser un muestreo de todos los autores costarricenses menores de 40 años que tuviesen algun título de narrativa publicado, especificamente en los géneros fictivos de novela o relato. Pronto nos dimos cuenta de que ese criterio cercenaba en dos a la generación de fin de siglo, que comprende autores nacidos entre 1965 y 1975 y que empezaron a publicar en los últimos 10 años del siglo pasado, dejando por fuera a algunos de sus más importantes exponentes. Esto nos llevó a desistir de la limitación de los 40 años de edad y ampliamos el criterio para incluir a todos los autores nacidos entre 1965 y 1985, que es la fecha de nacimiento del último autor de narrativa publicado a la fecha de la selección.

Ese nuevo criterio cubría la obra de las dos generaciones que quedan a horcajadas sobre el cambio de milenio. La primera, la generación de fin de siglo, incluye todos los autores nacidos entre 1965 y 19751 , la segunda, la generación del milenio, incluye a los autores nacidos después de 19752 , lo que nos daba un total de veinticinco autores. Entre estas y la generación que las precede hay un claro deslinde temático. En la generación de los sesenta o generación del desencanto3 , como fue denominada en la periodización propuesta por Alvaro Quesada4 , predomina una preocupación por la denuncia, la crítica social y las reivindicaciones de las minorías étnicas y sexuales visible en obras que rondan el desencanto originado en el fracaso de los proyectos revolucionarios de los sesenta y setenta y el surgimiento del neoliberalismo y políticas afines, y cuyas publicaciones inician en los años ochenta y aun se encuentran en plena producción literaria.

Distintos factores personales de los autores, de criterio editorial u otros incidieron en que la amplia selección tuviera que ser reducida a un muestreo más manejable y de un carácter más atento a las necesidades del público lector y menos a los aportes histórico-literarios. Esa difícil tarea de reducción nos ha dejado con una lista de quince autores, con obras de muy alta calidad, que presentamos a los lectores en esta ocasión. Pero no hemos querido dejar pasar la oportunidad sin incluir las listas completas de autores al pie de esta página o en los anexos bibliográficos que incluyen la producción literaria de los escritores pertenecientes a las generaciones comprendidas dentro del período escogido.

¿Cuál es, entonces, la realidad que viven estas nuevas generaciones de autores, que las ha llevado a producir ficciones escencialmente distintas a las de la generación anterior? El estado del arte, en lo que se refiere a los medios a disposición de los autores más jóvenes para publicar sus novelas y colecciones de cuento, no es sustancialmente distinto al de hace 20 años. La aparición de Internet ha fomentado el contacto entre los autores y la aparición de una nueva ola de crítica enfocada sobre la nueva producción nacional; sin embargo, esta plataforma no se ha convertido aún en un vehículo usual de publicación y distribución de las obras, más alla de la publicación informal para solicitar una retroalimentación incial de los lectores —ahí entran a jugar herramientas como los blog o bitácoras, las páginas de autor o los portales de difusión cultural. La Editorial Costa Rica (ECR) continúa siendo el bastión más importante para la publicación de autores jóvenes, muchas veces respaldados por el Premio Joven Creación de esta casa, y en otras por los Premios de Novela o Cuento o por la simple publicación en su catálogo. Las editoriales universitarias (EUNED, EUCR y EUNA) han también publicado obras de autores jóvenes e inéditos con una producción combinada similar a la de la Editorial Costa Rica. En proporción similar a las publicaciones realizadas por editoriales estatales está la tendencia a la publicación en editoriales privadas de menor tamaño, sea por medios propios o por financiación de la editorial misma; en esta modalidad, destaca el catálogo de Ediciones Perro Azul —en el cual figuran obras de muchos de los autores de estas generaciones—, y algunos proyectos como Tecnociencia o Uruk Editores. El punto débil del proceso editorial no es, como se puede ver, la producción misma de la obra publicada, sino, como siempre ha sucedido en nuestro país, la distribución, mercadeo y difusión del producto final, del libro como objeto de arte y de comercio. La limitada difusión, lectura y discusión de las obras ha ido reduciendo paulatinamente las expectativas del mercado en cuanto a la producción de ficción narrativa y consecuentemente haciendo necesarios tirajes de cada vez menos ejemplares. Este fenómeno ha también repercutido, paradójicamente de manera favorable, en nuestra opinión, en una carencia de directrices comerciales como las que constriñen a los mercados editoriales más fuertes, que limiten u orienten el proceso creativo hacia determinados cauces, algo que resulta evidente en la multiplicidad de enfoques que existe entre las obras de los antologados.

Este vacío de influencias y expectativas ha entonces propiciado muy distintos acercamientos al proceso creativo, lo cual pone en dramático entredicho el concepto de literatura nacional que parecería informar una antología como la que aquí se presenta. Las obras de los autores incluidos carecen de rasgos unificadores que permitan agrupar su conjunto formal o temáticamente, de modo que el calificativo ‘costarricense’ que utilizamos en la portada termina siendo tan arbitrario como cualquier otro de los que nos valimos para escoger los cuentos aquí reunidos, siendo que costarricense es simplemente la nacionalidad de los autores y no una característica de los textos. El imaginario mismo de los escritores se expande en estas generaciones más allá de los límites inmediatos de la patria y el locus de las narraciones se traslada al exterior, sea reflejando un desplazamiento entre periferia y metrópoli, o simplemente ubicando la narración en sitios urbanos no determinados y rehusando localizar físicamente la acción en sitios reconocibles del territorio nacional. Investidos de la ubicuidad que aporta la vivencia dentro de una cultura global que incluye la televisión satelital, el Internet y la proliferación de productos comerciales o intelectuales provenientes de otros sitios de la aldea global, la narraciones renuncian a habitar Costa Rica y se desplazan, en la mayoría de los casos, hacia afuera de las fronteras nacionales, o hacia el interior del individuo, lejos de lo inmediato del espacio geográfico.

Tenemos entonces que si espacialmente los límites se expanden o desvanecen, la edad de los autores repercute en las narraciones, circunscribiéndolas a la inmediatez temporal, desenvolviéndolas en la época actual, evitando la reinterpretación histórica —que es una tendencia reconocida de las literaturas contemporáneas centroamericanas—, y pasando de largo el problema de la cuestión tradicional de la definición de la identidad costarricense para adentrarse de lleno en el mundo como ciudadanos de lo estrictamente local, la nación de un único individuo o de la red globalizada e incorpórea donde a diario se lleva a cabo el comercio cultural de una nación nueva que no tiene territorio. Ante la carencia de requerimientos comerciales y bajo el influjo de la oferta inmensa de influencias culturales globales, es de esperar que el tratamiento de los temas no sea uniforme, y quizá en eso radique la verdadera riqueza de la obra de los autores de este período; su capacidad de abarcar una sorprendente amplitud de registros, temas y tonos que asemeja de algún modo a una explosión en un vacío cultural que se expande en todas las direcciones posibles y en completa libertad.

Historias de nunca acabar lleva en su título la justificación del trabajo emprendido por los antólogos de todas las generaciones: en el pasado algunos han agrupado y en el futuro otros tantos emprenderán una labor como la que hoy presentamos nosotros, algunos bucearán y analizarán, se sorprenderán y se convencerán de que la escritura de cuento y de narraciones en general —la mayor de las historias sin fin, condenada a repetirse— seguirán reflejando las vivencias o los intentos de fuga o la escisión o la fugacidad de lo que en el mundo y en nuestro territorio ocupe. Otros tomarán los instrumentos de grabación con manos firmes, resistiendo las tormentas virtuales y los cada día más estruendosos tumultos de los televisores y las páginas web, de los aparatos de reproducción de música y la alta fidelidad de los videos; así, entre los ruidos distractores, seguirán registrando los gritos aislados de quienes procuran que sus voces resistan la inclemente parafernalia de la posmodernidad, para presentarlas, ordenarlas, sorprenderse y sorprender.

1
La generación de fin de siglo incluye a Alí Víquez Jiménez, Mauricio Ventanas, Alfonso Chacón Rodríguez, Heriberto Rodríguez, Luis Chaves, Mario León Rodríguez, Catalina Murillo, Manuel Marín Oconitrillo, Jessica Clark Cohen, Juan Murillo, Laura Quijano, Marco Castro Rodríguez y Jose Rojas Alfaro.

2 La generación del milenio inlcuye a Camilo Rodríguez, Randall Roque, Laura Fuentes Belgrave, Guillermo Barquero, Alberto Jiménez, Antonio Chamu, Gustavo Adolfo Chaves, Carlos Alvarado Quesada, Jesus Vargas Garita, Warren Ulloa Arguello, Albán Mora, David Eduarte y Johann Schoenfeld.

3 La generación del desencanto incluye a Rafael Ángel Herra, Tatiana Lobo, Hugo Rivas (q.e.p.d), Jorge Méndez Limbrick, Rodolfo Arias, Ana Cristina Rossi, Alexánder Obando, Fernando Contreras, Carlos Cortés, Dorelia Barahona, Guillermo Fernández, Uriel Quesada, Rodrigo Soto, Sergio Muñoz, José Ricardo Cháves, Alfredo Aguilar, Vernor Muñoz y Jorge Ramírez Caro.

4 Álvaro Quesada Soto, Breve historia de la literatura costarricense, 1ª edición, San José Costa Rica, Editorial Costa Rica, 2008. pp 121-144. Véase también: Margaritra Rojas, Flora Ovares. 100 años de literatura costarricense, 1ª edición San José Costa Rica, Ediciones Farben, 1995. pp 207-252.

10 Comments:

Silvia Piranesi said...

felicidades juan minuto!
buena introducción para este trabajo minucioso que han hecho.
ya quiero tenerlo.

Silvia Piranesi said...

(para cuándo la presentación?)

Juan Murillo said...

Gracias Silvia, no tenemos fecha, pero en cuanto la haya por aquí les avisamos.

Alexánder Obando said...

"¡Yo quiero uno!" Así de fácil e infantil es el deseo primario/primitivo. Yo quiero uno para leer a toda costa estas Navideades.

Por favor avísennos del lugar y día de la presentación tan pronto la tengan.

tetrabrik said...

llegó colacho!

Ronald said...

Felicitaciones a Juan y Guillermo por este excelente esfuerzo! Que ganas dan de leerlo! Saludos, Ronald

Asterión said...

Ídem en "Sentencias..."

El trabajo que se deja entrever con esta antología y la labor editorial que empiezan Juan y Guillermo no puede ser menos que alentador.

Felicitaciones, suerte y a festejar.

Gustavo Adolfo Chaves said...

¡Felicidades! Me gustó eso de "Generación del Milenio". Hasta tenemos canción que nos describe: "we've got stars directing our fate
and we're praying its not too late
millennium"

Juan Murillo said...

Gracias de nuevo por las felicitaciones que son, en realidad para los autores incluidos. Ya los anunció la ECR y deben estar a la venta.

Gustavo, no lo había pensado, pero no son todas la generaciones las que tienen theme song.

Gustavo Adolfo Chaves said...

Pa' que vea, papillo...

"my friends are all so cynical
refuse to keep the faith
we all enjoy the madness cause we know we're gonna to fade away"