La Corona de Espinas, Guillermo Barquero



La Corona de Espinas de Guillermo Barquero, reseña de la colecciòn de cuentos.


La Corona de Espinas
Guillermo Barquero
116 páginas
Editorial Tecnociencia 2005


La Corona de Espinas de Guillermo Barquero, es ya desde el titulo, temible. Le augura al lector sufrimiento, sea vicario a través de los sucesos que describe o por la tortuosa lectura que promete, el lector no lo sabe. La portada expresionista de Munch y el prólogo de Myriam Bustos no hacen sino reforzar la idea:

La sensación de que se nos está contando algo extraño, por pluma extraña y mente nada fraterna con la nuestra, nos mantiene en vilo, alertos, en espera del irrupción de algo que no va a gustarnos(...)[p. viii]

Bustos ha querido calificar los cuentos de Barquero de góticos, sin embargo La Corona de Espinas no se deja encasillar tan fácilmente en un solo canon. En la colección, es cierto hay ejemplos que habitan la atmosfera gótica, como por ejemplo el cuento que da titulo al libro y que narra una onirica búsqueda en un cementerio, cuervos incluidos; El inicio de la licantropía que nos narra un pasaje de domesticidad licantrópica en donde la forma de narrar nos adentra en la sensibilidad alterada del monstruo, o Neanderthal, en el cual el paso evolutivo entre especies humanas se ve marcado por ritos de la pasión del cristo, la crucifixión, el hombre muerto por el hombre. Sin embargo, hay otros cuentos que de ningún modo se emparentan con la corriente gótica y que nos dejan ver el espectro que puede cubrir Barquero cuando decide salir de su coto de caza más usual, que como se verá, no es el gótico.

Los dos ejemplos más logrados de cuentos de corte más tradicional serían El Prologador y La Geometría del Péndulo. El segundo es una exploración de la premisa fantástica en la cual las identidades del obseso y su objeto de obsesión se trasvasan, en este caso el matemático Fermat y el protagonista. El primero quizá menos atractivo para el publico general es, sin embargo, de interés para escritores y es una exploración de como los metatextos, en este caso los prólogos, que deben soportar un texto, muchas veces lo invisibilizan, modifican o, finalmente, lo sustituyen. Este puede ser buen momento para ponderar las desventajas de las reseñas de libros y su efecto sobre el objeto de su discurso, pero no lo haremos.

Nos interesa más aquí el grupo de cuentos que serían el lastre más pesado para el lector común, que denominaremos cuentos exploratorios. Aquí es importante acotar que existe en literatura un contrato implícito entre lector y escritor sobre lo que aquel espera o esta dispuesto a recibir y lo que este debe o esta permitido a entregar. Existen los cuentos que concienzudamente rompen este contrato, digamos que a propósito, como lo hacian las experimentales vanguardias, otras veces encontramos cuentos, como lo de Barquero que agrupamos aquí, que parecen evadir parte del contrato, pero que en realidad proponen uno nuevo, sin intención de antagonizar con el lector. Estos cuentos están bien escritos, se nota en ellos la intensidad y la pasión de la búsqueda, que es precisamente donde el lector común se incomoda o, como dice Bustos al calificarlos de "cuentos que en determinados momentos nos impacientan y hasta irritan". Este tipo de lector, que en verdad es legión, quiere cuentos resueltos, donde haya un principio, desarrollo y final, todo propiamente colocado de modo que la lectura amena del cuento ocupe el espacio que le dedicamos y no más, y nos deje contentos como si al leerlos los hubiéramos resuelto nosotros mismos. Pero los cuentos exploratorios de Barquero no son de este tipo. Barquero los usa como herramientas epistemológicas, en ellos no nos entrega un texto que transita un camino prefigurado para darnos una verdad, sino que en verdad crea el camino al ser escrito y leido, un camino para cada lectura. Estos cuentos habitan momentos inusuales de la conciencia humana como pueden serlo el duermevela del insomne, el aturdimiento del homicida inmediatamente posterior al crimen, el instante eterno de la muerte, la conciencia interna del cuerpo, el misterio insondable del cuerpo de la amada que es a la vez todo el universo o es silencio lleno de palabras que es la incomunicación de la ultima conversación de un suicida. Claramente se ve que estos instantes no pueden tener un desarrollo literario normal, de hecho Barquero nos dice múltiples veces que él mismo no sabe bien como abordar esos instantes limítrofes de la realidad humana:

(...) buscando palabras y cosas imposibles de describir y en las que para mí lo más importante era lo subyacente y a veces (por regla general) lo más inconspicuo.[p. 12]
Mi precisión se me hizo escurridiza y no me atreví, por fin, a dar gusto a una cosa inasible(...)[p. 26]
Al final todo resulta demasiado confuso como para ser relatado con coherencia(...)[p. 32]
Pero, sin embargo, no hay forma otra de poner las cosas, porque ni me es posible entenderlas tan siquiera, cuando las vivo, antes de escribir sobre ellas.[p. 86]

Es indudablemente una tarea hercúlea, compleja, la de meterse a manos llenas en el lenguaje para que barajando el impresionante léxico del que hace gala Barquero podamos elaborar un significado de situaciones que nunca antes han sido objeto de escrutinio. En ese sentido, los cuentos de Barquero son scriptibles, para usar el neologismo propuesto por Barthes en S/Z, en el sentido que el centro de significación se desplaza del autor al lector, que se ve obligado, en este caso particular, a repetir el acto exploratorio de esos resquicios de la realidad que la generalización, como arma de comprensión de la realidad, ha decidido ignorar. Este acto exploratorio no da frutos en el texto mismo y el lector se ve obligado a generar su propio significado, lo cual como ya hemos visto, irrita a algunos lectores que consideran que eso es trabajo del autor y que el punto esta fuera de discusión.

Los textos de La Corona de Espinas, sin embargo, no encarnan la scriptibilidad Barthiana en el sentido denudado que lo hacían los autores del Nouveau Roman, donde la idea era no aportar juicios previos, evitar las metáforas o símiles y limitarse a describir las cosas, sino que optan por la técnica contraria, la de la abundancia verbal. En la exploración de estas realidades vemos como Barquero avanza y retrocede, visitando distintas bifurcaciones de los caminos posibles para abordar el tema, en todo momento encontramos una alta densidad de calificativos: adjetivos, símiles, analogías o metáforas que pretenden matizar lo que se describe, a veces de manera sorprendente, múltiple o incluso contradictoria.

La abundancia léxica de Barquero es definitivamente la marca mas conspicua de su estilo literario, una abundancia sin la cual las exploraciones de estos cuentos serían imposibles. De esta prolijidad y complejidad, y de las posibilidades que ella permite nace la riqueza del texto pero también de ellas nace la única queja que tenemos con los textos y son las ocasiones, injustificadas en nuestra opinión, en las que el autor se da por vencido y cierra una descripción con frases genéricas como 'y cosas así por el estilo'[p. 90], 'O algo así'[p. 60], 'en quien sabe dónde'[p. 4]. Es en esos momentos que sentimos que el autor nos abandona a la búsqueda a la que nos ha invitado; algo que por suerte eso no sucede a menudo.

Finalmente vale la pena mencionar como la prosa de Barquero coquetea abiertamente con la poesía, en algunos momento entrando de lleno en lo que es ya la prosa poética, siempre manteniendo una clara conciencia de la musicalidad de las palabras y de la prosodia que muchas veces determina el connubio de múltiples calificativos de silabario similar ('coraza calcárea de cuasisilencio'[p. 64]).

Barquero es un autor con un amor muy evidente por el lenguaje, y con un valor inusual para internarse en las landas inexploradas que otros autores, quizá con más inclinación por los gustos lectores de la mayoría, y con menos ambición que él, evitan como la plaga. A pesar de lo que es dable criticar de un primer libro, la densidad o dificultad para penetrar el texto, los temas poco amigables, la angustia existencial que permea todo el conjunto, nosotros queremos aplaudir una obra sumamente personal que marcha a contrapelo del sentido común comercial, que quizá los años merme o domestique, pero que ahora, publicada, queda como testimonio del valor y la habilidad del primer Barquero, de que siempre habrán autores como él, que como exploradores del abismo, avanzan ciegos, con los brazos extendidos en la oscuridad, llevándonos a lugares a los que no tendríamos acceso si no fuera por ellos.

Bio-Bibliografía:
Guillermo Barquero nació en Costa Rica en 1979. Ha sido miembro del Taller Guapinol que se reúne en San Antonio de Belén por seis años y Corona de Espinas es su primer libro publicado.




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Rodolfo Arias, Premio Nacional de Novela 2007



Rodolfo Arias Formoso gana el Premio Nacional Aquileo Echeverria de Novela de Costa Rica con su novela Te llevaré en los ojos.

El jurado escogido por el Ministerio de Cultura Juventud y Deportes le otorgó el premio por considerar que:
sintetiza acertadamente el enfrentamiento de una generación con su pasado y logra una importante apelación al lector mediante el enfrentamiento de dos momentos históricos: el ahora del narrador, signado por la ausencia, y el pasado, donde se ubica la utopía.

Rodolfo Arias ha publicado tambien las novelas El emperador Tertuliano y la legión de los superlimpios (EDUCA, 1991) y Vamos para Panamá (Perro Azul, 2001).

Carlos Cortéz recibio el Premio Aquileo Echeverria de Ensayo por su libro La Gran Novela Perdida. El premio de cuento lo recibió Sonia Morales por Cuentos de Muertos y otras soledades y el de poesía recayó en Erik Gil Salas por La luna en la rayuela.






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Apuntes sobre Archipielago de Heriberto Rodirguez



Apuntes publicados en el blog de autor de la novela ganadora del Premio ECR 2007. El original se puede ver en el blog del autor aqui.



Archipiélago de Heriberto Rodríguez
Los avatares de un pintor abúlico en sus andanzas por el mundo, en medio de su curiosidad de artista conflictuado descubre que la vida es un viaje por terrenos conocidos por todos menos por él. Una narración con tintes posmodernos no apta para lectores conformistas.

Sobre Archipiélago, novela ganadora del Premio de Novela Editorial Costa Rica 2007.

Cuando una llamada telefónica le comunica a Terranova -un pintor de menos de 30 años, obsesionado por el sexo- que el niño que una de sus amantes espera no es su hijo se inicia una travesía por su archipiélago vital, navegando entre cuatro mujeres que como islas flotantes habitan ese mar interno teñido por las aproximaciones a la inexistencia del amor, la existencia del desamor, el rechazo y la entropía del no ser. En medio de lo irónico y lo sarcástico y sin detenerse en las fronteras de lo políticamente correcto, esta novela muestra una forma de novelar en la Latinoamérica contemporánea.

Narrada por diferentes voces con un tono a veces divertido, a veces reflexivo y melancólico, a veces lleno de un negro sentido del humor, la novela es una expedición por los marismas de la nostalgia, la depresión, los conflictos padre–hijo, las motivaciones de la creación artística, el deseo de retornar a la infancia. Está poblada de guiños lúdicos y referencias culturales a cantantes de música pop como Alanis Morissette, Camilo Sesto y El Puma; científicos como Francis Crick, David Deutsch, Albert Einstein; escritores como Harry Mulisch, Martin Amis, Vinicius de Moraes, Phillip Roth. Terranova, el protagonista, con un complejo cada vez más severo de microfalia, comienza a visitar la consulta del Dr. Johnnie Walker -un psiquiatra enano y erudito- y es atormentado siempre por Heriberto Rodrigues, un atildado escritor, con quien puede compartir, sin hasta ahora saberlo, un terrible secreto. Luego descubrirá con asombro como sus antiguas amantes confluyen en la Fraternidad de las Lobas, un grupo de apoyo para mujeres, guiadas por la Doctora Delta, un médico travesti, quien considera al placer sexual como el culpable de todas las desdichas femeninas. Al final, en una escena triste y cómica a la vez, la historia concluirá inesperada en un fervor de cuestionamientos y reflexiones.


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Mario Bellatin, Premio Nacional de Literatura de Mazatlán



Mario Bellatin recibió el premio nacional de literatura de Mazatlán por su obra El Gran Vidrio.

Un jurado compuesto por autores contemporáneos de Bellatin (Vicente Leñero, Juan Villoro y José Agustín) acordaron otorgarle el premio el cual consta de una dotación de 80 mil pesos mexicanos. Este premio ha sido otorgado en el pasado a autores como Octavio Paz y Elena Poniatowska.

Bellatin tambien ha obtenido el Premio Médicis por su novela Salón de Belleza en el 2000 y el Premio Villarutia por su novela Flores en el 2001.







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Cementerio de cucarachas, Laura Fuentes Belgrave



Cementerio de cucarachas de Laura Fuentes, reseña de la colección de relatos.

Cementerio de cucarachas
Laura Fuentes Belgrave
80 páginas
Editorial Universidad de Costa Rica 2006

A Laura Fuentes la conocí en los bares aledaños a la Universidad de Costa Rica cuando ella comenzaba su carrera y escuchaba en silencio las diatribas entre incoherentes y pretenciosas de los escritores que frecuentábamos esos lugares. En esa época no había leído nada de ella y me pareció, ejerciendo prejuicios que ahora me averguenzan y de los que espero estar curado, que la muchacha joven y bonita que nos escuchaba con tanta atención debía ser, casi con certeza, poeta. Esto lo deduje tras la meticulosa aplicación de los mismos estereotipos que le hacen a uno pensar que un escritor gordo, calvo y viejo tiene necesariamente que ser un novelista, aunque ya se ve que en Costa Rica esos son casi siempre los poetas. Pasaron los años sin que leyera yo nada de ella más que la profesional labor de difusión cultural que ha venido realizando en ejercicio de su carrera de periodista. Nada podía prepararme para lo que leería en este libro.

Cementerio de Cucarachas es un libro hecho para impartir justicia, destila feroz veneno, risas sarcásticas y señala con el dedo la yaga purulenta que todo el mundo prefiere ignorar. La primera parte del libro agrupa veinte relatos bajo el titulo de El Hueco, suponemos que en referencia al hueco en el que en el cuento homónimo del libro, la protagonista echa las cucarachas moribundas para que terminen de morir, o cosas peores. En esta sección se concentran las acusaciones en una andanada imparable de humor negro, crítica mordaz y escarnio. Recorremos las páginas leyendo sobre mercaderes de arte que se mutilan por dinero, inquilinos y arrendatarios que se matan mutuamente por trivialidades, señorones de campo que violan a sus hijas, amantes con ridícula ropa interior de carnaval, odontólogos salvajes, seguidores hipócritas del Opus Dei y un relato que denuncia el hecho de que el homicida condenado Roque DiLeone deambula libre por las calles gracias a la corrupción judicial. Las críticas son a veces puntuales como en el caso de DiLeone, y a veces genéricas como en el caso de los relatos Ticolandia y Costarricidas, en los cuales los filosos dardos se dirigen contra grupos de personas despreciables. Uno de esos dardos me dio a mi personalmente en el ojo mientras leía Costarricidas:

Amenazan a sus padres con irse a París desde los once años, y a los veintidós se descubren tomando guaro (de mantenidos) como todas las noches, en una cantina cercana a la universidad estatal. Escriben, pintan, hacen teatro, cualquier cosa que les permita sentirse un poco menos mediocres que el resto, (...) Sueñan con la vida de Cortázar, aman a Bukowsky, se masturban pensando en una rubia, o en un gaucho inconfesable, y esperan morir tan jóvenes como se ven, musitando las palabras de ardiente soledad de la Garbo (p. 19)


Esta sección es sorprendente porque la intensidad nunca varía. Del primero al último relato todos son igualmente despiadados y muchas veces con sobrada razón. El lector al llegar al final de la sección se pregunta varias cosas sobre Laura Fuentes: ¿De que esta hecha esta mujer que no muestra compasión ante nada ni nadie? ¿Porque esta la autora tan enojada con el mundo? Esas dos sensaciones son inevitables porque cuando Fuentes se sube las mangas para meterse con un tema no debe esperarse pusilanimidad, ella dirá lo que tiene que decir y al que le caiga el guante... No vemos en ninguna parte que Fuentes matice sus juicios o categorizaciones y pensamos que algo anda mal si el sentimiento de ira dominante es también el único.

La sorpresa aumenta cuando entramos en la segunda sección, que se llama Otros Huecos, y de la que el lector espera, con justificada razón en vista del titulo, otra variedad de cuentos ácidos, pero probablemente en la misma tónica que los primeros. Sin embargo lo que leemos es casi como si viniera de otra pluma. La segunda sección esta poblada de relatos en los que la atmósfera se satura de melancolía, lirismo y, porqué no, amor. Es esta sección la que nos da a entender, con cierto alivio, que Laura Fuentes no esta hecha de acero esmerilado. En ella se recogen un cuento de corte cortazariano de la correspondencia entre una ancestral mujer persa y la protagonista actual, una remembranza de la abuela y una fábula del amor imposible entre un Gnomo y una Bruja, en la que Fuentes relata con clarividencia este intercambio que podría ser sobre su libro:

-Queréis cambiar vuestros celajes de dulce tono y vuestro apacible bosque, por esta violenta suciedad en la que vivo?- preguntó la bruja consternada. -Vuestra oscuridad es profunda, pero ya he comprobado que mi luz puede atravesarla,- le contestó el gnomo. (p. 54)


El último relato, titulado Olvido, en el que Fuentes cuenta su visita al cementerio en Guatemala donde descansan los restos de su padre Alberto Fuentes Mohr, quien fuera asesinado en 1979 por agentes del estado guatemalteco,
es, sin duda, el más importante del libro. En este relato Fuentes intercala fragmentos de noticias sobre el asesinato de su padre con su personal experiencia de estar frente a sus restos por primera vez y el contraste resulta conmovedor. El libro cierra con esta frase:

Esta noche en Quetzaltenango, no son las frases de periódicos amarillentos quienes me acompañan. Esta noche en la que palpo la dirección de mis latidos, el lado del pecho del cual provienen, duermo al abrigo del corazón de mi padre. (p. 64)


Laura Fuentes no tiene motivos para ser compasiva y su libro es en gran parte un ajuste de cuentas, una denuncia de lo asqueroso y lo putrefacto en nuestra sociedad, aquello a lo que todos los demás quieren hacer ojos ciegos e ignorar, y en ese sentido es necesario. Es también un libro donde vemos detrás de la coraza de sarcasmo un perfil más íntimo, aunque siempre apertrechado entre los giros de una prosa poética.

En lo personal me queda la lección: No confundir la mirada embelesada de poeta joven con la mirada filosa de cuentista justiciera que te retrata mentalmente para algún día acusarte de Costarricida.

Bio-Bibliografía:

Laura Fuentes nació en San José, Costa Rica en 1978. Estudió periodismo y sociología y se ha dedicado a la difusión y promoción de la cultura en distintos medios impresos y electrónicos en Costa Rica. Ha publicado un poemario, Penumbra de la paloma (MCJD, 1999) y el libro de relatos Cementerio de Cucarachas que aquí se reseña.




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Flores, Mario Bellatin



Flores de Mario Bellatin, reseña de la novela


Flores
Mario Bellatin
115 páginas
Editorial Anagrama

Cuando era pequeño, en una o quizá varias Navidades, mis padres me regalaron un juguete que consistía en varios círculos de plástico que calzaban unos dentro de otros y que por medio de la inserción de un lápiz en distintos puntos y la rotación asistida por los bordes dentados de los círculos dibujaban hermosos diseños que eran de otra manera imposibles de trazar para mi mano de niño. A los diseños, que al principio parecían solo rayones, y que conforme yo avanzaba en la mecánica aplicación del movimiento requerido iban conjugándose en una imagen compleja y perfectamente simétrica, se les conoce como Mándalas. En el budismo y el Hiduismo los Mándalas son simbolos del macrocosmos y el microcosmos y se organizan normlamente por principios simétricos de diseño similares a los de las flores.

Al igual que aquellos diseños, Flores es un Mándala. Bellatin nos ofrece una novela de 115 páginas compuesta por treinta y seis capítulos titulados cada uno con el nombre de una flor, que entrecruza sistemáticamente un grupo de temas que el autor desarrolló en forma engañosamente desordenada. La desfiguración por accidente médico o por causa genética, las prácticas sexuales alternativas, la búsqueda religiosa personal, la relación entre padres e hijos, son los temas de los que esta hecho el arabesco imposible que traza este relato en nuestra mente. Conforme vamos leyendo los capítulos, inicialmente en apariencia inconexos, vemos como Bellatin se aleja siguiendo una tangente al perseguir un tema solo para regresar al centro por vía del siguiente. Pronto nos damos cuenta que esta novela es un sistema cerrado, no existe nada fuera de ella y sus temas son los únicos temas que existen y sus personajes habitan ese mundo con exclusión de cualquier otro. Es claro entonces que más que ante el flujo narrativo de la novela a la cual estamos acostumbrados, estamos aquí en presencia de una puesta en escena de tintes pictóricos, donde los capítulos yacen unos junto a otros y de sus proximidades nace la atmósfera de la novela, más que de alguna relación causal.

A principio de la novela Bellatin expone su poética o intención estética del texto:

Existe una antigua técnica sumeria, que para muchos es el antecedente de las naturalezas muertas, que permite la construcción de complicadas estructuras narrativas basándose sólo en la suma de determinados objetos que juntos conforman un todo. Es de este modo como he tratado de conformar este relato, de alguna forma como se encuentra estructurado el poema de Gilgamesh. La intención inicial es que cada capítulo pueda leerse por separado, como si de la contemplación de una flor se tratara.(p. 9)

Este propósito de montar un equivalente literario de una naturaleza muerta este completamente logrado en el texto. La insistencia en la auto-referencia de los textos y los temas resalta claramente que este es un diseño cerrado y perfecto como una Mandala. Lo simbólico y hermético del texto lo hacen sentir casi como una fábula, cuyas escasas partes hacen de su funcionamiento un asunto de precisión. En ese sentido, la novela esta muy lograda, y los temas, ya de por si terribles, la hacen una lectura de alto interés.

A nivel formal es importante hacer notar que el estilo narrativo de Flores es sumamente restringido, casi excesivamente restringido. Bellatin se rehusa a calificar de modo alguno los impactantes acontecimientos de su novela. No expone en ningún momento las corrientes emocionales de sus personajes. No emite el mismo juicio alguno. A este llaneza emocional se le suma otra que quizá ya no aporta, sino que, mas bien, sustrae de la novela, desmejorándola; y es la reticencia de Bellatin a contar en detalle lo que sucede. Las malformaciones se describen en términos totalmente genéricos, al igual que los actos sexuales aberrantes y los trances místicos. Pareciera que Bellatin a optado por una especie de minimalismo extremo por el bien del conjunto, pero que en su afán estético ha terminado irónicamente mutilando el texto y desfigurándolo.

Los acontecimientos en Flores giran alrededor de un incidente de malformaciones congénitas masivas originadas por un fármaco defectuoso que en el texto no se nombra pero que nos recuerda lo que sucedió a finales de los 50 con la Talidomida. Las malformaciones y su relación con el fármaco son descubiertas por el Dr. Zumfelde que luego es encargado de diagnosticarlas para los procesos legales respectivos. Paralelamente a esta historia corre la historia de un escritor a quien le falta una pierna y que se encuentra realizando una investigación sobre sexualidad alternativa. A estas historias se unen otras tantas que recorren el mismo circuito sobre los temas de la deformidad, sexualidad, paternidad y búsqueda mística. Implícitas en las historias hay varias premisas: Que la deformidad es un signo de los tiempos (así como los monstruos son portentos que anuncian acontecimientos de orden divino), que es irrelevante el origen de estas deformidades y que la ciencia a veces toma el puesto de la evolución en desencadenar estos eventos de proporciones bíblicas, que las deformaciones pueden también ser causadas por la relación entre padres e hijos, que en la novela son en si mismas una patología, que en la celebración de la deformidad (explicita o implícita) radica la secreta llave de la salvación de la cual las religiones personales y la sexualidad alternativa son ritos sacralizadores.

Bellatin cumple su propósito dándonos una novela como Flores, cuyo diseño se asemeja a la abstracción perfecta de una flor plena de pétalos simétricos. Pero en el acto de cumplir este propósito, desactiva emocionalmente el relato del cual el lector extraña la conexión emocional que sin duda es el fundamento de las ideas del autor. Aún así, esta claro que quien la lea no olvidará fácilmente las flores siniestras que en esta naturaleza muerta señalan el camino al paraíso.



Bio-bibliografía:

Mario Bellatin nació en Ciudad de México en 1960 de padres peruanos, con quienes regresó al Perú a temprana edad. Ahí realizó estudios de Teología y Ciencias de la Comunicación y publico sus primeras cinco novelas. A continuación una lista de sus publicaciones.

Mujeres de sal (Editorial Lluvia - Lima, 1986)

Efecto invernadero (Jaime Campodónico Editor - Lima, 1992)

Canon perpetuo (Jaime Campodónico Editor - Lima, 1993)

Salón de belleza (Jaime Campodónico Editor - Lima, 1994)

Damas chinas (Ediciones El Santo Oficio - Lima, 1995)

Tres novelas (Ediciones El Santo Oficio - Lima, 1995)

Poeta ciego (Tusquets Editores - México DF, 1998)

El jardín de la señora Murakami (Tusquets Editores - México DF, 2000)

Flores (Matadero-Lom - Santiago de Chile, 2000)

Shiki Nagaoka: Una nariz de ficción (Editorial Sudamericana - Barcelona, 2001)

La escuela del dolor humano de Sechuán (Tusquets Editores - México DF, 2001)

Jacobo el mutante (Aguilar/Alfaguara, 2002)

Perros héroes (Alfaguara, 2003)

Obra reunida (Alfaguara, 2005)

Lecciones para una liebre muerta (Anagrama, 2005)

Underwood portátil modelo 1915 (Sarita Cartonera - Lima, 2005)

La jornada de la mona y el paciente (Almadía, 2006)

El Gran Vidrio (Anagrama, 2007)


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Francisco Casavella, Premio Nadal 2008



Francisco Casavella gana el Premio Nadal 2008 con su novela Lo que sé de los vampiros.


Casavella nació en Barcelona en 1963 y ha publicado las novelas El Triunfo (1990), Quédate (1993), Un enano español se suicida en Las Vegas (1997) y El Día del Watusi (2002-2003) aparecida en tres partes tituladas Los juegos feroces, Viento y joyas y El idioma imposible.

Lo que sé de los vampiros versa sobre un personaje que salé voluntariamente de españa acompañando a los jesuitas expulsados en el siglo XVIII y vaga por las cortes con una hermandad filosófica de dudosa ética. Sobre su obra dijo el autor:
Es una tragicomedia, que es mi manera de mirar el mundo, en la que reflexiono sobre los pilares de la vida humana: la definición de identidad, los límites de la libertad y cómo soportar el peso de la historia.

El Premio Nadal, el más antiguo de las letras españolas, incluye la publicación de la obra y una dotación de 18.000 euros.

La obra finalista fue El club de la memoria, de la periodista sevillana Eva Díaz.




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Piedras Encantadas, Rodrigo Rey Rosa



Piedras Encatadas de Rey Rosa, reseña de la novela.

Piedras Encantadas
Rodrigo Rey Rosa
124 páginas
Editorial Seix Barral 2001


Piedras Encantadas me llamó la atención la primera vez, de entre los libros de Rey Rosa, por sus título, al que yo equivocadamente investí de una significación maya, pero que es en realidad el nombre de una pandilla de niños de la calle de Ciudad Guatemala.

En Piedras Encantadas un niño es atropellado por un hombre en un Discovery mientras el pequeño pasea en un caballito de alquiler fingiendo ser un vaquero. De esa premisa aparentemente simple se desarrollan una serie de revelaciones que nos darán a entender que todos los personajes tiene móviles suficientes para actual de manera egoísta, irresponsable y muchas veces incluso criminal. El conductor del auto huye de la escena del crimen, su amigo se hace cómplice escondiendo el vehiculo, la madre y el padre ambos son sospechosos de lo que le sucede al niño, el guardaespaldas y la niñera del niño parecen estar envueltos en una conspiración en contra de sus patronos, el cuidador del caballito acepta un soborno para "descuidar" momentáneamente al niño, el abogado del culpable se encarga de elaborar una cortina de humo, que incluye un soborno a un empleado pobre para que este asuma la culpa del crimen. Incluso el niño, cuando escuchamos su monólogo interior, mira a todo el mundo como un enemigo y no desea mas que hacerles daño.

La novela esta escrita con suma economía y precisión, el narrador omnisciente que cuenta la historia no nos da muchos detalles internos, sino que deja a la acción dramática hablar por si misma. En el capitulo inicial, sin embargo, a la hora de ubicarnos en escena, el narrador opta por además crear una atmosfera, que será la clave de la novela. Las líneas iniciales nos lo dicen todo:
Guatemala, Centroamérica.
El país más hermoso, la gente más fea. (p. 9)
Rey Rosa no esta hablando aquí, frívolamente, de la belleza física de las personas. Conforme avance la novela nos daremos cuenta que todos los personajes son capaces de vilezas menores, mayores o innombrables. Desde la renuencia a ayudar al prójimo, hasta el homicidio, secuestro y tráfico de menores; aquí no hay quién pueda lanzar la primera piedra. Quizá la única que sale relativamente en alto de todo el elenco es Elena, la prima que mantiene una relación incestuosa con el facilitador que oculta el carro de su amigo.

Pero la denuncia generalizada no lo es tanto. Imaginamos que Rey Rosa apunta con el dedo a todo mundo, pero en eso radica su maestría. El autor no juzga nunca a los personajes, el se limita a exponer sus acciones y sentimientos. Al final de la novela es el lector el que ha emitido el juicio sobre los distintos actores y el que comprende cuando Elena dice al final que están todos muertos en ese país. En esa misma vena, a pesar de que la novela tiene visos policiacos, ninguna de las tramas llega a resolverse, todas estan simplemente propuestas y entregadas al lector para su cabal desarrollo. En éste sentido, a pesar de que formalmente parece una novela policiaca, no lo és.

La característica más notable de la escritura de Rey Rosa es el rigor con que ejercita la adjetivación, y sus dos hermanastras, las metáforas y los símiles. Rey Rosa renuncia a la calificación de las acciones y de ese modo evitar utilizar los mecanismos usuales por medio de los cuales los autores insertan, con más o menos habilidad, juicios de valor que califican lo que hacen y piensan los personajes. Existe en la novela, sin embargo, una vena irónica que nos recuerda las simulaciones de la historia oficial y de la cruda verdad detrás de lo que parece estar todo bien, que Rey Rosa ejerce a través de simples comentarios entre paréntesis. Estos comentarios son casi siempre acertados, con una única y extraña excepción en la que Rey Rosa se permite indicarle al lector con una onomatopeya de la risa, como recurriendo a una pancarta de estudio, que un pasaje es divertido (cuando en realidad no lo es).Esta es una excepción, sin embargo. La prosa de Rey Rosa es espartana, cuidada y eficiente y prueba de la validez de la máxima de que menos es a veces más. Al evitar emitir los juicios que naturalmente se desprenden del texto y dejar al lector esa labor, se evita la necesidad de convencerlo de la vileza de las acciones. Es de esperar que cada lector juzgue de manera diferente todo lo que pasa en la novela. A ese tenor, ¿Resulta monstruosa la buena acción del detective que al liberar al niño lo condena a una vida en las calles? ¿Es despreciable el conductor que no se detiene en un accidente por miedo a ser linchado? ¿Está mal acostarse con una prima? ¿Está mal ayudar a un amigo en problemas? ¿Está mal ayudar a alguien a evadir la justicia por dinero? Rey Rosa no nos dice nada al respecto. Lo que queda claro al final es lo que dicen Joaquín en el último capítulo:
El aire guatemalteco es tóxico -dijo él. (Tal vez eran los gases emitidos por tantos volcanes?)-. La gente que vive aquí es como de piedra, es gente muerta. (p. 121)
Piedras Encantadas cierra con una inesperada exposición de que existe esperanza, de que el amor puede más, pero de un modo tan velado que fácilmente el lector lo pasara por alto. Se inserta dentro de la tradición de posguerra donde la descomposición social se le achaca a todos los estratos de la sociedad y en ese sentido se emparenta con novelas como Baile con Serpientes de Castellanos Moya, que en vez de exponer la vileza de todos los estratos sociales, se limita a castigarla de un modo más o menos inconciente.

Rey Rosa es un autor que domina con maestría el método de la narración escueta, un verdadero arte en si mismo, y de quien se puede aprender como rinde frutos el control disciplinado del uso de las palabras. Tiene el profesionalismo en el uso de las palabras que convierte a los escritores en autores de nivel mundial, y es quizá por esta razón por la cual es un de los más visibles escritores centroamericanos en el panorama internacional.




Bio-bibliografia: Rodrigo Rey Rosa nació en Guatemala en 1958 pero emigró a Nueva York, EE.UU. primero, y posteriormente a Tánger, debido al estado de crispación y violencia que se vivia en Guatemala. En Marruecos conoció a Paul Bowles, quien tradujo sus primeras tres obras al inglés y lo que ayudo a darlo a conocer a nivel internacional. Ha publicado los siguientes libros:

  • El cuchillo del mendigo ; El agua quieta. Barcelona: Seix Barral, 1992.
  • Cárcel de árboles ; El salvador de buques. Barcelona: Seix Barral, 1992.
  • Lo que soñó Sebastián. Barcelona: Seix Barral, 1994.
  • Con cinco barajas: antología personal. México: UNAM, 1996.
  • El cojo bueno. Madrid: Alfaguara, 1996.
  • Que me maten si… Barcelona: Seix Barral, 1997.
  • Ningún lugar sagrado. Barcelona: Seix Barral, 1998.
  • La orilla africana. Barcelona: Seix Barral, 1999.
  • Piedras encantadas. Bracelona: Seix Barral, 2001.
  • El tren a Travancore (Cartas indias). Mondadori, Barcelona, 2001.
  • Rey Rosa, Rodrigo. Noche de piedras. Del Pensativo, 2002.



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Roberto Castillo (1950-2007)




Muere el escritor hondureño Roberto Castillo el 2 de enero del 2007.

Castillo nació en El Salvador pero se consideraba ciudadano de Honduras donde pasó gran parte de su vida como catedrático de filosofía en la Universidad Autónoma de Honduras.

Publicó los libros de cuento Subida al cielo y otros cuentos(1980), Figuras de agradable demencia(1985), Traficante de ángeles, cuentos(1996) . Además publicó las novelas El corneta(1981) y La guerra mortal de los sentidos(2002) y el ensayo Filosofía y pensamiento hondureño(1992).

Por su obra literaria mereció el otorgamiento del Premio Plural de cuento, en México (1984), el Premio Nacional Hondureño de Literatura "Ramón Rosa"(1991) y el Premio “Centenario de José Carlos Lisboa”(2002).

De acuerdo con su familia, dejó unas 17 obras inéditas.

Jacinta Escudos le realizó una entrevista que se puede encontrar aquí.




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Baile con serpientes, Horacio Castellanos Moya



Baile con Serpientes, reseña.


Baile con serpientes
Horacio Castellanos Moya
Dirección de Publicaciónes, Consejo para la Cultura y el Arte, San Salvador 1996, 2003


160 páginas

Tusquets Editores, México, 2002,
193 páginas


Horacio Castellanos Moya nació en 1957 en Tegucigalpa, Honduras. Sin embargo, su familia era salvadoreña y pronto regresó a El Salvador donde cerció. Ha publicado en cuento: ¿Qué signo es usted, niña Berta? (Editorial Guaymuras, Tegucigalpa, 1988), Perfil de prófugo (UCA Editores, San Salvador, 1989), El gran masturbador (Editorial Arcoiris, San Salvador, 1993), Con la congoja de la pasada tormenta (San Salvador: Editorial Tendencias, 1995), El pozo en el pecho (1997).
Ha publicado además las siguientes novelas: La diáspora (UCA Editores, San Salvador, 1988), Baile con serpientes (Dirección de Publicaciones, San Salvador, 1996. Reeditada recientemente por Tusquets, 2002), El asco. Thomas Bernhard en El Salvador (Editorial Arcoiris, San Salvador, 1997), La diabla en el espejo (Ediciones Linteo, Madrid, 1999. Editorial Casiopea, Barcelona, 2000), El arma en el hombro (Editorial Tusquets, México, 2001), Donde no estén ustedes (Editorial Tusquets, España, 2004), Insentatez (Editorial Tusquets, México, 2004).

Baile con Serpientes es una novela sobre una transfiguración maligna. Eduardo Sosa, sociólogo desempleado, que vive en la casa de su hermana se encuentra de pronto atraído inexplicablemente por la presencia de un indigente que vive en su Chevrolet amarillo, el cual ha parqueado recientemente en el vecindario. De Sosa no tenemos muchos más datos que estos. Asumimos la frustración que debe sentir en esas condiciones, excluido del sistema como se siente cualquier persona desempleada y sin medios económicos. El indigente del Chevrolet sufre también de exclusión, pero de un modo más categórico y definitivo. Vive en su auto, no se baña ni se preocupa por sus apariencia personal, vive de lo que recoge de los basureros. El narrador se siente fascinado por ese estado sin saber porque y un día decide seguir al vagabundo en su errática ruta diaria. El viaje termina en una escena violenta donde muere otro personaje oscuro y el propio indigente de nombre Jacinto Bustillo a manos de Sosa.

A partir de ese momento Sosa asumirá la identidad del Bustillo y se apoderará de su auto, en el cual rápidamente descubre que habitan cuatro serpientes, las cuales lo adoptan como si fuera su dueño original. No bien ha encontrado el narrador a las serpientes cuando Castellanos renuncia a toda verosimilitud y hace hablar a las serpientes. De lo que oye de las serpientes y de sus propios sentimientos de exclusión y de furia se desata pronto una serie de ataques a personas relacionadas con Bustillo y otras que no guardan relación alguna, llevados a cabo en su mayor parte por las mismas serpientes. Los ataques todos terminan con alto saldo de muertes y se extienden rápidamente por toda la ciudad. Esto hace que pronto se involucren en la trama la policía y la prensa cuya actividad en la novela ocupa dos de los cuatro capítulos que la componen.

A continuación el final de la novela: Tras el gran número de asesinatos la prensa del día siguiente le dedica amplia cobertura al indigente y su escuadrón de serpientes. Este, halagado, se comunica con la reportera Rita Mena, encargada del reportaje, a sabiendas que esta lo delatará. Finalmente la policía localiza el auto en una chatarrera y lo atacan con lanzallamas y otras armas, destruyéndolo. Pero Sosa y las serpientes logran huir y aquel finalmente, después de su orgía de muerte, recobra su identidad y regresa a su casa.

Casi se podría decir que el signo constante de la narrativa de Castellanos Moya es la violencia. Baile con Serpientes, tiene, como dice una de sus reseñadores, casi más muertos que páginas y las muertes que se reflejan en ella no tiene muchos matices de realismo: las serpientes vuelan por los aires, estrangulan personas o les dan muerte con mordeduras que causan muertes instantáneas. En vista de que nada de eso es posible, queda clara entonces la intención de Castellanos Moya de que la lectura que se realice de su texto no sea literal.

Las serpientes de Baile con Serpientes, así como el auto que es la guarida de la banda son símbolos de la psique del narrador que busca liberarse de la sociedad que lo hace sentir excluido. La fascinación del narrador con el indigente y la adopción de su identidad es un primer paso. Sin embargo, en el interior encuentra a las serpientes, que están bajo su control y a las cuales puede liberar a voluntad para dispensar muerte. Las serpientes son un símbolo atávico de muerte y de energía y son escogidas por el autor deliberadamente cuando armas de otro tipo pudieran haber sido mas convenientes. El rastro de muerte se inicia con venganzas en contra de los presuntos enemigos personales de Bustillos, a los cuales el narrador ni siquiera conoce; pero luego se extiende a la población en general y adopta matices de terrorismo.

El terrorismo sin embargo es el uso de violencia contra la población civil con la intención de crear terror con fines políticos. En este caso, sin embargo, el personaje declara abiertamente que, aunque ha causado la muerte de un importante político, sus intenciónes no son políticas explícitamente. En una reveladora declaración a la prensa el narrador dice:
(...)Yo no soy un loco, ni un delincuente, sino alguien que tras un intenso esfuerzo, en un acto de voluntad suprema, se convirtió en lo que soy, en Jacinto Bustillo, el hombre de las serpientes...
(...)No hay plan, no hay conspiración, como acaban de decir en la radio. Sólo el azar y la lógica que me permiten profundizar mi mutación. Pero ustedes no entenderían. (p. 122)
La intención entonces no es directamente política, pero tiene una lógica interna y además sigue el rumbo del azar. Esta lógica interna y el azar se conjugan en una conjura de retribución divina en la que el personaje castiga a la sociedad en general tanto por afrentas recibidas personalmente (vicariamente en este caso) o por la simple razón de que se lo merecen. Entre los muertos se encuentran obreros comunes, dependientes de tiendas, políticos importantes, ricos, parientes de policías de alto rango, policías de cuerpos especiales, etc. Reveladoramente vemos como distintos sectores de la sociedad comparten el rencor que alimenta los ataques. El subcomisionado Handal, a cargo de la investigación, afirma en un momento dado, observando 'niños bien entrando y saliendo de bares y discotecas':
Viéndolos, uno se pregunta si lo más conveniente no fuera que hubiese varios Jacinto Bustillos para que acabara con tanta frivolidad.(p. 93)
Más adelante un tipo común que bebe en una cantina invita a una cerveza al protagonista diciéndole:
Si usted fuera el tipo que ha puesto de culo a estos ricos y a este gobierno de mierda, aquí mismo me lo echaría en hombros. (p. 153)
De modo que Castellanos Moya propone que la misión de justicia divina que el protagonista siente que lleva a cabo es en realidad un deseo común compartido por la población misma que es víctima de esta furia. La lectura más simple de estos sentimientos pareciera dirigirnos a la senda de la guerra civil salvadoreña, pero la verdad es que los sentimientos de rencor y exclusión no nacen únicamente en sociedades que han vivido guerras, sino en todas; en los individuos que ven que la promesa de una vida mejor es en realidad una promesa hueca, que se cumple sólo para algunos.

La violenta catarsis de Sosa parece terminar con el final de episodio de violencia en el que el auto, que representa la psique violenta e independiente del paria, es destruido. Sin embargo, antes de que ocurra esta destrucción Sosa ya ha comulgado más profundamente de la energía violenta que representan las serpientes, consumiéndolas como alimento e incorporándolas, bailando con ellas y haciendo el amor con ellas. Durante la destrucción del auto podemos ver como las serpientes no son destruidas sino que escapan sin que Sosa pueda saber a donde. Es de suponer que reaparecerán cuando de nuevo el personaje lo juzgue necesario, sin necesidad de recurrir al rito transformador como la primera vez.

Castellanos Moya declaró en el 2002 a
Arturo Jiménez de La Jornada que la creación de esta novela fue atípica de su proceso creativo:
Cuando terminé la novela me dejó sorprendido. Fue escrita de manera compulsiva, sin reflexionar sobre lo que hacía. No es un mundo creado a partir de un gran ejercicio de reflexión, al contrario. (La Jornada, 2002)
Debemos entonces entender que Castellanos Moya no tenia en mente, mientras escribía, la interpretación que aquí se hace de su texto. Es claro que el texto es una catarsis inconciente para el escritor, que en un momento de inspiración se permite encarnar un sentimiento de rencor violento contra una sociedad que se revela injusta, a la que le ha llegado la hora de un castigo bíblico. El hecho de que el autor no tuviera en mente un plan preconcebido de denuncia hace al texto quizá más poderoso, ya que se limita a la retribución sin elucubraciones que enturbien el torrente emocional en el que se basa Baile con Serpientes.

La novela, en lo formal, esta escrita con una prosa cinética que no pierde tiempo con detalles innecesarios y que hace avanzar la acción a alta velocidad, de modo que el libro se lee muy rápidamente. La prosa de Castellanos Moya es simple, en ocasiones coloquial, lo cual es conveniente tanto para la velocidad de desarrollo de la acción así como para la pureza emocional del relato.

Baile con Serpientes se hermana con un filón amplio de la literatura centroamericana donde la violencia desciende sobre la sociedad civil como por mandato divino, sin que exista causa, explicación o defensa contra ella y sin que las instituciones del estado la logren controlar. Proponer las causas de la violencia esta más allá de esta literatura. Pero en esta novela, por lo menos, Castellanos Moya nos dice que la violencia vive dentro de todos nosotros y que dado el caso y puesto en esa circumstancia, cualquiera podría verse de pronto en medio de la furia lúbirca de un baile con serpientes.



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