Bajo la lluvia Dios no existe, Warren Ulloa



Esta es la reseña de la primera novela de Warren Ulloa, publicada en La Nación el 13 de octubre de 2011.


Bajo la lluvia Dios no existe 

Warren Ulloa  
184 pp., Uruk 2011

La primera novela de Warren Ulloa, Bajo la lluvia Dios no existe, contiene dos personajes inolvidables: Mabe, poeta incipiente y chica mala de todo tiro, y Bernal, estudiante fracasado y novato predeciblemente obsesionado con el sexo. La novela relata el noviazgo prosaico de estos dos adolescentes que en su atolondrada inmadurez se unen al descabellado plan de Ratatás, metalero y narcotraficante de poca monta, para distribuir hongos alucinógenos entre los estudiantes del colegio.

La historia está narrada por Bernal en una voz pocas veces usada en la literatura costarricense. Bernal habla un vernáculo pachuco fluido que en complejidad y estridencia es el opuesto de su rudimentario, blando y a veces deficiente español estándar.

Con estas herramientas se dedica a denunciar y criticar básicamente todo lo que lo rodea: sus padres, su país, a las personas que conoce y a las que no conoce, siempre convenientemente ciego a sus propias deficiencias.

Más allá de las drogas, el alcohol y el sexo casual, que abundan en la novela, los vicios que aquí se catalogan son los de la falta de carácter, la inmadurez egoísta y ensimismada que alternativamente enternece, exaspera u ofende al lector. Cercados por nociones deformes sobre la lealtad, la compasión, la responsabilidad, entre muchas otras, y versados en generalizaciones y prejuicios tan absurdos como comunes, Bernal y Mabe carecen de herramientas para dimensionar sus actos o los de los demás, y por lo tanto no tienen límites cuando de lo que se trata es de buscar la satisfacción personal.

Es a esa falta de un marco de referencia a la que hace alusión Mabe cuando declara que “la vida es chingue”, para luego explicar que el nombre de su poemario, Bajo la lluvia Dios no existe, tiene que ver con una noción de un dios con de minúscula, devaluado, que no puede ayudar a nadie y que más bien necesita ayuda de sus desamparados. Las cosas inevitablemente se complican cuando Mabe revela terribles secretos familiares que luego se agravan cuando, improbablemente, el padre de Mabe se casa con la madre de Bernal.

Estas revelaciones explican a Mabe; con Bernal, en cambio, los motivos de sus deficiencias éticas solo se pueden adivinar. Lo que les escandaliza de sus mayores, en ellos parece paradójica y convenientemente permisible.

Ulloa ha logrado, en este retrato del nihilismo adolescente costarricense, un ritmo narrativo fluido, dosificando las revelaciones para que la lectura resulte interesante y eventualmente conmovedora. Ciertamente, lo nuevo aquí no es la compilación de giros coloquiales, iniciada por Aquileo Echeverría y aplicada luego magistralmente a lo urbano por Alfonso Chase y Rodolfo Arias.

Lo nuevo es esta leyenda admonitoria que, evitando todo tipo de prédica o moralina, narra cómo las ideas absurdas, la hipocresía y la ceguera autoinducida del egocentrismo juvenil pueden llevar a las consecuencias más nefastas.










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El ruido de las cosas al caer, Juan Gabriel Vázquez




Mi reseña de la novela ganadora del Premio Alfaguara 2011, El ruido de las cosas al caer, de Juan Gabriel Vázquez. Publicada en La Nación el 28 de octubre.

El ruido de las cosas al caer  
Juan Gabriel Vázquez
253 pp., Alfaguara 2011 

Cuando Juan Gabriel Vázquez, novelista colombiano, presentó su última obra al concurso que le otorgaría el Premio Alfaguara 2011 de novela, no fue casualidad que lo hiciera con el título de Todos los pilotos muertos. Reminiscente de cierta novelística norteamericana –Warren, McCarthy–, este título de trabajo resume las claves centrales de esta exploración de la historia reciente de Colombia mejor que el definitivo, El ruido de las cosas al caer.

En esta novela, las cosas que caen son casi siempre aviones: caídas que destruyen sueños, familias y, eventualmente, la identidad nacional colombiana.

Estos son los daños en que incurren los pilotos, literales o simbólicos, de la novela, cuya obligación primordial era la de conducir a un destino seguro a quienes les habían confiado su vida.

El protagonista, Antonio Yammara, conoce en los billares de Bogotá a un hombre lleno de remordimientos cuya sola proximidad termina arrastrando a Yammara ha-cia el torbellino contemporáneo de la violencia colombiana y sus secuelas sicológicas. Este hombre, Ricardo Laverde, alguna vez fue un joven y ambicioso piloto, heredero de un legado de pilotos legendarios, que en los años ochenta se casa con una voluntaria de los cuerpos de paz y tienen una hija. En el presente de la novela, Yammara se casa y tiene un hija también.

Las decisiones de estos dos hombres están siempre respaldadas por buenas intenciones y una falsa ingenuidad, deliberadamente ciega. Ambos asumen con gusto paternalista la dirección total de las vidas de sus familias. A ambos los esperan, sin embargo, eventos transformadores que les impedirán llevar a buen puerto sus promesas, y sus vidas familiares terminarán viniéndose abajo con el estrépito al que hace alusión el título.

La arrogancia de Laverde, que desencadena su propio castigo, y el miedo de Yammara, la enfermedad principal de su generación, son los polos opuestos entre los que se mueve la novela.

El estilo meditabundo de Vázquez, basado en la reconstrucción y corrección constante del recuerdo, tiene la función de superponer la ficción de la memoria personal a la verdad fría de la reconstrucción histórica. Esta es la historia de Colombia narrada en clave íntima por quienes la vieron transformarse de la sociedad poscolonial que en sus héroes veía lo mejor de sí a la sociedad paralizada por el terror a los reyezuelos narcotraficantes locales.

En el accidente de Avianca a causa de un error humano de los pilotos; en la avioneta que adornaba la entrada a la hacienda de Pablo Escobar y con la cual se hizo millonario; en el avión de pasajeros que hizo explotar Escobar en un intento de matar a César Gaviria; en la soberbia del piloto que causa el accidente durante la exhibición aérea de Santa Ana en 1938; y en el Cessna de Laverde, suspendido en la oscuridad del Caribe rumbo a Miami, está cifrada la historia reciente de Colombia.

El diagnóstico final no es bueno. Los personajes de Vázquez, después de atravesar el umbral del sufrimiento, parecen rehusarse a aprender de su dolor y buscar deliberadamente su destrucción y la de los que los rodean.

La aparente inocencia inicial de sus acciones, de su estilo de navegar la vida, no los releva, entonces, de su responsabilidad. Resulta que no basta la autocompasión; las segundas oportunidades son para quienes se las merecen.





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Tañido, Tomas Tranströmer




Traducción al español del poema Tañido de Tranströmer, del inglés de Robin Fulton.






Tañido

El chamón silbaba su tonada en los huesos de los muertos.
De pie bajo un árbol sentíamos el tiempo hundirse y hundirse.
El patio de la escuela y el patio de la iglesia se encontraban y ensanchaban
como dos arroyos en el mar.

El tañido de las campanas de la iglesia se elevó a los cuatro vientos llevado por el suave
sosten de planeadores.
Dejó atrás en tierra un silencio más poderoso
y los quedos pasos de un árbol, los quedos pasos de un árbol.



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Cara a cara, Tomas Transtömer




Traducción al español del poema Cara a cara de Tomas Transtömer, traducido orignalmente al inglés por Robin Fulton, de la colección El cielo a medio hacer (1962).




Cara a cara

En Febrero la vida se detuvo.
Los pájaros volaban sin quererlo y el alma
rozaba contra el paisaje como un bote
roza contra el muelle al cual está amarrado.

Los árboles de pie me daban la espalda.
La nieve profunda se medía con juncos muertos.
Las huellas envejecían en la superficie.
Bajo una lona languidecía el lenguaje.

Un día algo vino a la ventana.
El trabajo se detuvo, yo lo miré.
Los colores resplandecieron. Todo se dió vuelta.
La tierra y yo saltamos el uno hacia el otro.




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Los árboles y el cielo, Tomas Transtömer



Traducción al español del poema Los árboles y el cielo de Tomas Transtömer, traducido originalmente al inglés por Robin Fulton, contenido originalmente en la colección El cielo a medio hacer (1962)



Los árboles y el cielo

Hay un árbol caminando bajo la lluvia.
Pasa a prisa junto a nosotros entre el gris que cae
Tiene un encargo. Recoje la vida
de la lluvia como un cuervo en un huerto

Cuando la lluvia se detiene también lo hace el árbol.
Ahí está, quieto en las noches claras
esperando como nosotros por el momento
en el que los copos de nieve florezcan en el espacio.



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La pareja, Tomas Tranströmer



Traducción del inglés con fuentes varias del poema La pareja de Tomas Tranströmer

La pareja

Apagan la lámpara y su globo blanco brilla
un instante y luego se disuelve, como una pastilla
en un vaso de tinieblas. Luego hacia arriba.
Las paredes del hotel se alzan entre la oscuridad del cielo.

Los movimientos del amor han cesado, y ellos duermen
pero sus pensamientos más secretos se encuentran
como dos colores que se topan y se cruzan
en el papel mojado de la pintura de un niño.

Está oscuro y silencioso. La ciudad se ha recogido.
Extinguiendo sus ventanas. Las casas se han acercado.
De pie en grupo, esperando muy cerca,
una multitud con caras vacias. 





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