Novelas postuladas para el Premio Nacional de Novela 2008



Nota sobre los Premios Nacionales originalmente publicada en Redcultura en 2008


Novelas postuladas para el Premio Nacional de Novela 2008 


Cada año, durante el mes de enero, el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes otorga los premios nacionales de cultura. Entre ellos está el Premio Magón, máximo galardón, que reconoce la labor de todo una vida en el ámbito cultural. También se otorgan premios en las distintas categorías del quehacer cultural del país. Los premios a la labor literaria se llaman indistintamente Aquileo J. Echeverría y se otorgan en los campos de Cuento, Novela, Ensayo, Teatro y Libro no ubicable.

Los jurados de los premios literarios son tres, uno electo por el Ministerio de Cultura directamente, uno por la Asociación de Autores y otro por las facultades de Letras de la Universidad Nacional y Universidad de Costa Rica alternativamente cada año. Este año los jurados seleccionados para los premios de literatura fueron Claudio Monge por la Asociación de Autores, Marielos Castro por la Universidad Nacional y Gabriel Baltodano por el Ministerio de Cultura. Gabriel Baltodano también labora como catedrático en la Universidad Nacional junto a Marielos Castro y Claudio Monge funge como Presidente del Consejo Directivo de la Editorial Costa Rica.

Los resultados de las deliberaciones de los jurados usualmente son entregadas durante el transcurso de diciembre y primera mitad de enero y son hechos públicos aproximadamente el 15 de enero de cada año. Los galardones son entregados a finales del mismo mes.

El proceso de selección de las obras que pueden optar por el premio es la convocatoria. No existe un sistema de reporte de todas las obras literarias publicadas durante el año y queda a discreción e inclinación del autor o editor, presentar la obra publicada al Ministerio para ser considerada para el premio.

La lista de obras presentadas, según fuentes del Ministerio de Cultura, este año, al quince de diciembre, eran:

Un papá muy lejos de Eric Conde
Canciones a la muerte de los niños de Alexánder Obando
Una familia honorable de Rafael Cuevas Molina
Diario de Bonka de Carlos Catania
Mundo, demonio y mujer de Rima de Valbona
Huellas del ensueño de Henry Antonio Barza
Hasta encontrarnos de nuevo de Sergio Muñoz
Bar Roma de Marco Retana
La ruta de las esferas de Dorelia Barahona
Candelaria del azar de Tatiana Lobo
Los rostros del azar de Rafaél Jiménez
No te rasques, Paquita de Floría Jiménez
Rebelión de las avispas de Carlos Morales
El Doctor Kuhlman de Ramón Jonoi
Tiquicia: el despertar de las leyendas de Harold Vindas Zamora
Archipielago de Heriberto Rodríguez
El amor es eterno mientras dura de Alfredo Aguilar
Faltan en esta lista las obras De ellas la piel de Mario León Rodríguez, editada por Perro Azul; Los días que fueron de Daniel Gallegos, editada por Alfaguara, aparecida recientemente en librerías; La brigada antiesperanza de Victor Flury; y finalmente, también publicada este año en segunda edición, Los susurros de Perseo de José Ricardo Chaves, que fue finalista al Premio Herralde a principios de los años noventa.

A primera vista, algunas de las novelas incluidas parecieran tener un estatus incierto cuando se contrastan con los criterios para ser consideradas para el premio. La ruta de las esferas de Barahona, por ejemplo, fue publicada en el 2007. Diario de Bonka de Carlos Catania (autor costarricense de gran trayectoria, de origen y actual residencia en Argentina, y ganador del Aquileo de novela en 1977) es un libro de temática argentina cuya ficha catalográfica lo clasifica como literatura argentina y novela argentina. Algo similar pasa con Una familia honorable de Cuevas Molina, la cual fue editada en Guatemala por FyG y cuya acción trascurre en Guatemala. El Doctor Kuhlman de Jonoi es una reedición de la misma obra, que fue originalmente publicada en 1926. Tiquicia de Harold Vindas, se clasifica más cómodamente como cuento o libro no ubicable. Mundo, demonio y mujer de de Valbona, se encuentra en las bodegas de la Editorial Costa Rica en formato terminado, pero no ha circulado por lo que no se puede evaluar públicamente. Finalmente, Bar Roma de Marco Retana es una obra póstuma publicada a instancias de sus herederos. Pero lo cierto es que que de todas estas obras la única que incumple lo establecido por la Ley de Premios Nacionales es La ruta de las esferas, por haberse publicado fuera del periodo evaluado. La Ley de Premios es sorprendentemente escueta en cuanto a los requisitos y únicamente establece que "será otorgado anualmente para honrar las mejores obras dadas a conocer al público, en el curso del año inmediato anterior a la fecha de su otorgamiento" (Ley sobre Premios Nacionales de la Cultura Número 7345, de 1993). Nada de esto, por supuesto, va en detrimento del merito literario de estas obras y terminan siendo meros asuntos técnicos de la mecánica de los premios.

De las autores citados, Tatiana Lobo, ganadora de dos premios nacionales anteriores con Asalto al Paraíso y El Año del Laberinto, pareciera ser ciertamente una de las favoritas, aunque quizá esos mismos galardones se conviertan en handicaps en su contra. Su novela Candelaria del Azar, editada por Norma, esta dedicada a Natividad Canda, indigente de origen nicaragüense muerto a dentelladas por perros de vigilancia mientras la policía observaba sin hacer nada. La novela trata de la problemática urbana y la delincuencia, y en ese sentido emplaza críticamente el momento actual y adquiere relevancia suficiente para ser considerada una posible ganadora.

Hasta encontrarnos de nuevo de Sergio Muñoz, es una novela histórica centrada en la guerra del 48. Sergio Muñoz había adquirido relevancia con su elogiada novela de denuncia social sobre la marginación urbana, Los Dorados. Las novelas históricas que aportan una relectura de momentos neurálgicos que determinan la identidad nacional tienden a ser consideradas siempre novelas importantes y como tal, la novela de Muñoz también tiene posibilidades.

De entre las obras premiadas en la lista están Archipiélago de Heriberto Rodríguez, ganadora del premio de novela de la Editorial Costa Rica para el 2007. Archipiélago es una exploración de la interioridad de un hombre y su relación con las diferentes mujeres con las que tiene relaciones y en ese sentido se inserta de lleno en la vena exploratoria de la sexualidad y los roles de género de la sociedad costarricense. La otra obra premiada es El amor es eterno mientras dura de Alfredo Aguilar, novela corta que obtuvo el premio UNA Palabra, otorgado por la Universdiad Nacional, en el 2007.

Canciones a la muerte de los niños de Alexánder Obando, por su parte, es quizá la más controversial de las novelas presentadas. Aborda una historia donde lo fantástico, lo mítico y lo local urbano se mezclan en una historia que mezcla en iguales dosis la parodia crítica, el humor ácido, el sexo y la violencia para narrar una historia en la cual los personajes con estilos de vida alternativos se ven marginados por la sociedad al punto de convertirlos en verdaderos parias. El valor propositivo de la obra radica en la postulación de valores neopaganos como suplemento o sustituto de los tradicionales de la sociedad costarricense. Haría bien el jurado en considerar para un premio que siempre se ha considerado conservador una obra de ruptura, de gran importancia para el ingreso en el imaginario literario nacional de personajes y temas que hasta ahora no habían sido tratados con tanta valentía y claridad.

Finalmente es importante destacar que la Ley de Premios es igualmente escueta en cuanto a los criterios que deben usarse para elegir el ganador, pero es clara en cuanto a que la decisión de los jurados es inapelable. De ese modo otorga poder absoluto de decisión a los jurados, un poder que conlleva una responsabilidad igualmente grande. La obra ganadora debería ser premiada basada únicamente en criterios literarios o de la importancia de la obra como aporte a la cultura nacional. El resultado de esta difícil labor de decisión lo tendremos el 15 de enero, fecha en la que esperamos poder obtener la transcripción del fallo del jurado para incorporarlo a este texto.



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Candidatas al Premio Nacional de Novela 2008



Lista de novelas candidatas al Premio Nacional de Novela Aquileo J. Echeverría de Costa Rica para el 2008.


Cada año, durante el mes de enero, el Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes otorga los premios nacionales de cultura. Entre ellos está el Premio Magón, máximo galardón, que reconoce la labor de todo una vida en el ámbito cultural. También se otorgan premios en las distintas categorías del quehacer cultural del país. Los premios a la labor literaria se llaman indistintamente Aquileo J. Echeverría y se otorgan en los campos de Cuento, Novela, Ensayo, Teatro y Libro no ubicable.

Los jurados de los premios literarios son tres, uno electo por el Ministerio de Cultura directamente, uno por la Asociación de Autores y otro por las facultades de Letras de la Universidad Nacional y Universidad de Costa Rica alternativamente cada año. Este año los jurados seleccionados para los premios de literatura fueron Claudio Monge por la Asociación de Autores, Marielos Castro por la Universidad Nacional y Gabriel Baltodano por el Ministerio de Cultura. Gabriel Baltodano también labora como catedrático en la Universidad Nacional junto a Marielos Castro y Claudio Monge funge como Presidente del Consejo Directivo de la Editorial Costa Rica.

Los resultados de las deliberaciones de los jurados usualmente son entregadas durante el transcurso de diciembre y primera mitad de enero y son hechos públicos aproximadamente el 15 de enero de cada año. Los galardones son entregados a finales del mismo mes.

El proceso de selección de las obras que pueden optar por el premio es la convocatoria. No existe un sistema de reporte de todas las obras literarias publicadas durante el año y queda a discreción e inclinación del autor o editor, presentar la obra publicada al Ministerio para ser considerada para el premio.

La lista de obras presentadas, según fuentes del Ministerio de Cultura, este año, al quince de diciembre, eran:


Faltan en esta lista las obras De ellas la piel de Mario León Rodríguez, editada por Perro Azul; Los días que fueron de Daniel Gallegos, editada por Alfaguara, aparecida recientemente en librerías; La brigada antiesperanza de Victor Flury; y finalmente, también publicada este año en segunda edición, Los susurros de Perseo de José Ricardo Chaves, que fue finalista al Premio Herralde a principios de los años noventa.

A primera vista, algunas de las novelas incluidas parecieran tener un estatus incierto cuando se contrastan con los criterios para ser consideradas para el premio. La ruta de las esferas de Barahona, por ejemplo, fue publicada en el 2007. Diario de Bonka de Carlos Catania (autor costarricense de gran trayectoria, de origen y actual residencia en Argentina, y ganador del Aquileo de novela en 1977) es un libro de temática argentina cuya ficha catalográfica lo clasifica como literatura argentina y novela argentina. Algo similar pasa con Una familia honorable de Cuevas Molina, la cual fue editada en Guatemala por FyG y cuya acción trascurre en Guatemala. El Doctor Kuhlman de Jonoi es una reedición de la misma obra, que fue originalmente publicada en 1926. Tiquicia de Harold Vindas, se clasifica más cómodamente como cuento o libro no ubicable. Mundo, demonio y mujer de de Valbona, se encuentra en las bodegas de la Editorial Costa Rica en formato terminado, pero no ha circulado por lo que no se puede evaluar públicamente. Finalmente, Bar Roma de Marco Retana es una obra póstuma publicada a instancias de sus herederos. Pero lo cierto es que que de todas estas obras la única que incumple lo establecido por la Ley de Premios Nacionales es La ruta de las esferas, por haberse publicado fuera del periodo evaluado. La Ley de Premios es sorprendentemente escueta en cuanto a los requisitos y únicamente establece que "será otorgado anualmente para honrar las mejores obras dadas a conocer al público, en el curso del año inmediato anterior a la fecha de su otorgamiento" (Ley sobre Premios Nacionales de la Cultura Número 7345, de 1993). Nada de esto, por supuesto, va en detrimento del merito literario de estas obras y terminan siendo meros asuntos técnicos de la mecánica de los premios.

De las autores citados, Tatiana Lobo, ganadora de dos premios nacionales anteriores con El corazón del silencio y El Año del Laberinto, pareciera ser ciertamente una de las favoritas, aunque quizá esos mismos galardones se conviertan en handicaps en su contra. Su novela Candelaria del Azar, editada por Norma, esta dedicada a Natividad Canda, indigente de origen nicaragüense muerto a dentelladas por perros de vigilancia mientras la policía observaba sin hacer nada. La novela trata de la problemática urbana y la delincuencia, y en ese sentido emplaza críticamente el momento actual y adquiere relevancia suficiente para ser considerada una posible ganadora.

Hasta encontrarnos de nuevo de Sergio Muñoz, es una novela histórica centrada en la guerra del 48. Sergio Muñoz había adquirido relevancia con su elogiada novela de denuncia social sobre la marginación urbana, Los Dorados. Las novelas históricas que aportan una relectura de momentos neurálgicos que determinan la identidad nacional tienden a ser consideradas siempre novelas importantes y como tal, la novela de Muñoz también tiene posibilidades.

De entre las obras premiadas en la lista están Archipiélago de Heriberto Rodríguez, ganadora del premio de novela de la Editorial Costa Rica para el 2007. Archipiélago es una exploración de la interioridad de un hombre y su relación con las diferentes mujeres con las que tiene relaciones y en ese sentido se inserta de lleno en la vena exploratoria de la sexualidad y los roles de género de la sociedad costarricense. La otra obra premiada es El amor es eterno mientras dura de Alfredo Aguilar, novela corta que obtuvo el premio UNA Palabra, otorgado por la Universdiad Nacional, en el 2007.

Canciones a la muerte de los niños de Alexánder Obando, por su parte, es quizá la más controversial de las novelas presentadas. Aborda una historia donde lo fantástico, lo mítico y lo local urbano se mezclan en una historia que mezcla en iguales dosis la parodia crítica, el humor ácido, el sexo y la violencia para narrar una historia en la cual los personajes con estilos de vida alternativos se ven marginados por la sociedad al punto de convertirlos en verdaderos parias. El valor propositivo de la obra radica en la postulación de valores neopaganos como suplemento o sustituto de los tradicionales de la sociedad costarricense. Haría bien el jurado en considerar para un premio que siempre se ha considerado conservador una obra de ruptura, de gran importancia para el ingreso en el imaginario literario nacional de personajes y temas que hasta ahora no habían sido tratados con tanta valentía y claridad.

Finalmente es importante destacar que la Ley de Premios es igualmente escueta en cuanto a los criterios que deben usarse para elegir el ganador, pero es clara en cuanto a que la decisión de los jurados es inapelable. De ese modo otorga poder absoluto de decisión a los jurados, un poder que conlleva una responsabilidad igualmente grande. La obra ganadora debería ser premiada basada únicamente en criterios literarios o de la importancia de la obra como aporte a la cultura nacional. El resultado de esta difícil labor de decisión lo tendremos el 15 de enero, fecha en la que esperamos poder obtener la transcripción del fallo del jurado para incorporarlo a este texto.







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Las lecturas del 2008 - recopilación de Hermano Cerdo



La revista digital Hermano Cerdo hizo una convocatoria abierta de notas sobre las mejores lecturas del 2008. Pueden leer y aportar aquí: Lecturas del 2008 en Hermano Cerdo




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Reseñas del 2008 - Literatura de Costa Rica



Lista de reseñas de obras de autores costarricenses publicadas en línea durante el 2008


El género de la reseña literaria es amplio y vago y requiere, inicialmente, poco más que se hable de una o varias obras literarias. La reseña puede ser una mera nota que reconoce la aparición o existencia de un libro, puede extenderse a una página como es usual cuando el medio impreso así lo exíge, o a varias páginas cuando el interés es evaluar a profundidad el trabajo de un autor.

Yo tiendo a hacer mis reseñas de unas tres páginas o 1500 palabras. Por algún motivo mis apuntes tienden a agotarse naturalmente en esa extensión. Esto quiere decir que no son particularmente aptas para el medio impreso y cuando han sido transcritas en diversas oportunidades por el Periodico Ojo, que les asigna un espacio menor y que requiere una edición, digamos, dramática, casi siempre quedan rencas.

Otros colegas que se dedícan a la crítica literaria utilizan extensiones variables dependiendo del propósito que persiguen. Ronald Flores, escritor y crítico guatemalteco, ha optado últimamente por reseñar muy brevemente las obras que lee, pero esto le ha permitido abarcar un mayor número de ellas. Compilando la lista de lo que leí este año (post aparte, proximamente) me doy cuenta de las ventajas que tiene esa extensión. Mi propósito inicial con este blog era reseñar todo lo que leyera, pero tarde me doy cuenta que a tres páginas por libro, para mí, eso resulta absolutamente imposible. Por suerte, somos varios los que estamos en esto, y parece que cada vez somos más. La labor de reconocimiento de la aparición de las obras literarias es un eco necesario que debe existir en cualquier medio literario saludable; que estas reseñas estén además en línea resulta grato, porque amplifica geográfica y temporalmente la conversación sobre estas obras. Con ánimo de contribuir a esta difusión compilo aquí la lista de las reseñas publicadas en Internet este año sobre obras escritas por costarricenses:

En 100 palabras por minuto, de Juan Murillo:

En Sentencias Inútiles, de Guillermo Barquero:

En la bitácora de
Ronald Flores:

En
Literofilia, de Warren Ulloa:

En La casa de Asterión, de Gustavo Solórzano:

En
El más violento paraíso, de Alexánder Obando:

En Signo roto, de Germán Hernández:

En el foro de la Editorial Arboleda:
En la revista Matérika:







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De ellas la piel, Mario León Rodríguez



Reseña de la novela De ellas la piel del escritor costarricense Mario León Rodríguez.


De ellas la piel
Mario León Rodríguez
110 páginas
Costa Rica: Ediciones Perro Azul, 2008


Recuerdo a Meritxell Serrano, flaca, flaquísima, de enaguas largas y voladas, bajo los ruedos asoman dos pies delgados, liados en sandalias de cuero, suéter flojo de mangas largas y unos ojos inmensos como su carcajada estrepitosa, protegida por sus largos dedos. Recuerdo que leía poemas de un autoerotismo feroz que me desconcertaban porque no parecían venir de la sonriente muchacha que conocíamos apenas hacía poco de la organización de recitales de Octubre Alfil 4, sino de una oscura piedra filosa cuya vocación era el sexo despiadado. En los recitales sus poemas se sentían como una exploración anatómica bajo la piel, contando las cosas que los demás mantenían siempre en secreto. Andaba con Esteban Ureña, un poeta que ya desde esa época escribía personalísimos poemas de un imaginario sorprendente y delicado y terrible y su relación era extraña como la atracción que ejercen entre sí Io y Europa, lunas de Júpiter, signadas no por lo que pasa entre ellas sino por la inmensa gravitación de un oscuro tercer cuerpo, la perversidad que nace en la palabra, la erección de una tenebrosa identidad nueva a través del poema. Meritxell, cuando sonreía, hermosa, daba miedo.

Recuerdo a Meritxell. La recuerdo porque la menciona Mario León en su primera novela, De ellas la piel. La menciona en la dedicatoria cuando le agradece que le prestara sus palabras. Está presente en la armazón general de Marina, flaca de ascendencia catalana, viviendo en Barcelona, poeta, ex-OA4. Presente también en la co-presentación de esta novela, en la cual Meritxell presentó también su último poemario, Memorias del Paladar.

¿Quién era Meritxell? Seguramente no era esa criatura temible que yo imaginaba, tan disímil de como ella se imaginaba a sí misma. Poco sabemos de lo que son los demás, y, a veces, de lo que somos nosotros mismos, y para saber, inventamos. En la novela de León yo leo una versión de Meritxell, más mansa y melancólica que la que habita mi imaginación; pero ahí mismo junto a ella hay otra mujer, Ruth, desenfrenada, salvaje, buscando la redención a través del exceso, la justificación a través del sexo, la identidad en su femenino inventado desde afuera de lo femenino.

Quienes son esas dos mujeres que se cruzan cartas en la novela de Mario León sin nunca responderse; que llevan un diálogo de sordas donde cada una imagina a la otra sin corresponderse realmente. De ellas tenemos tan solo la piel. Solo sus cartas, que son, en el fondo, dos diarios apostróficos donde la otra no es más que la excusa para proyectar el yo y comprenderse mejor.

Es una platitud usualmente ignorada que los personajes de un autor son todos, en el fondo, el autor mismo. No puede ser de otro modo y nos sorprende cuando lo escuchamos, no por imposible, sino por evidente ("la literatura es una piel, cada cual la estrena como quiera" p. 13). En esta novela hay dos modelos de lo que es ser una mujer, escritos ambos por un hombre, en el formato de cartas que son más bien diarios.

Una, Ruth, vive una vida sórdida, gris, amarrada a un trabajo imposiblemente árido, compartiendo casa con una hermana neurótica, anotando en sus cartas listas de autores y libros y cantantes y películas que le usa como derroteros de su identidad, sin entrar nunca en un análisis detallado de los meritos de las obras, sino evocándolas como talismanes, por su nombre. En las cartas de Ruth el sexo se convierte de algún modo en el la manera de habitar su piel de mujer. El sexo casual es usado como un ritual para invocar la nueva identidad sexual de Ruth y ocupa gran parte del cuerpo de la novela. La literatura y el género definen a Ruth como persona de un modo más determinante que cualquier otro factor y en sus definiciones de lo que ella es ambos se conjugan para ser una sola cosa: "Escribo por el éxtasis que me produce. Para seducir tu silencio e invadir tu privacidad; en resumen, un intento de violar en inconciente ajeno."[p.96] "Dice la loca de Ruth que escribir es como masturbarse... por eso le gusta tanto el asunto, ella va como en automático, se siente y se desarma en sus regadas literarias"[p. 70] La metáfora de la literatura como efusión se enlaza con la construcción de una identidad, nueva en este caso, pero no por eso diferente a toda otra construcción de identidad propia que realizamos cada uno como ser humano. La literatura además le permite reconstruirse como Ruth: "Mientras escribo, voy remendando y olvidando. Me coso en la sangre las ganas de vivir" [p. 83] y "Escribir mi vida es inventarme al margen de mi constitución fisiológica, obviar el accidente entre mis piernas (...) mi salomónica auto determinación de cortar en dos mi vida para inventarme la mitad faltante"[p. 113].

Marina, a diferencia de Ruth, no necesita cimentar su identidad femenina en el sexo, ni en la literatura. Marina es mujer, digamos, más fácilmente. Su búsqueda es otra, quizás porque mujer ya es y no necesita reafirmar ese punto. En cambio lo que vemos en Marina es un faltante innombrado, tiene lo que quiere, hace lo que desea, pero algo falta:

"Supongo que estoy haciendo todo lo que no hice en Kent, pero de cierto modo también estoy tratando de acallar las dudas, las interrogantes, la impaciencia. Y ahora qué, y ahora qué dicen las voces. Y ¿ahora qué? Ya estoy en BCN, ya tengo mi habitación, ya tengo mi computadora, ya tengo mi música, ya tengo un par de libros por leer, ya tengo trabajo, ya tengo un nuevo destino que elegir. Y ¿que? ¿Ahora qué? (...) A veces quisiera descubrir una parte oculta de mí que me libere de alguna cadena, pero no se me ocurre cuál sería esa escusa de liberación... no se me ocurre el guión de un cambio radical en mi vida. Esta es la vida que quiero tener, cada pedacito de mi presente es la combinación justa de la vida que siempre soñé, pero me ha costado sentirme bien con la vida que ya tengo." [ps. 63-64]


Verdaderamente el spleen de Marina era innecesario si lo que quería León era retratar el esfuerzo de un hombre por ser una mujer. Pero en el personaje de Marina vislumbramos que tener lo que se desea no necesariamente aleja el dolor, la desesperanza, no nos salva, en fin, de estar vivos.

La batalla está perdida, entonces, y la construcción de una identidad nueva, aún cuando exitosa no nos permite salir de lo que somos a final, no nos libera de "la infancia traumática y desalmada que te descolocó en medio de ninguna parte y crecer sin ton ni son en medio de la nada"[p. 36] ni nos salva de "el cadáver de mi mami y mi papi que constantemente me pudren la mirada y las manos"[p. 105]. La única salida es entonces, a pesar de los poderes liberadores de la literatura, "Asumir mi vida como mi única responsabilidad, enfrentar una cotidianidad cargada de insolentes signos de derrota, ser el esperpento de la maravilla que soñé"[p. 111].

En un balance personalísimo al final de la novela Ruth se pregunta "¿Soy mujer? He querido serlo con obcecación, con empecinamiento del bueno. (...) Detrás no hay nadie. Detrás de la pantalla y el teclado, detrás de mi travestida respiración. Nadie."

Se acaba la novela, los personajes que fuimos vuelven, con el paso de la última página, a la nada, esperando que nuestra memoria los convoque de nuevo, porque ahora son parte de nosotros. Nuestra identidad se contruye a través de la narrativa que componen nuestras memorias y nuestras fantasías. Somos lo que imaginamos y lo que recordamos, y sin esas dos vastas repúblicas no somos nada. En ese sentido la vida y la literatura son una sola cosa.

Planeo terminar este texto con mis reconvenciones a las deficiencias literarias de la novela, pero cuando levanto la vista y trato pensar la frase lo que me muestra mi mente es a Meritxell Serrano caminando bajo los árboles de la Rambla de la vieja Barcelona, su pie envuelto en una sandalia, congelada en el aire a medio paso, rodeada de gente que finge ser estatuas. En la mano lleva una carta que le ha escrito Mario León, en la cara una sonrisa temible.




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Juan Marsé, Premio Cervantes 2008



Juan Marsé recibe el Cervantes, el premio literario más presitigioso de habla hispana, para el 2008.


Juan Marsé, escritor catalán, recibió el premio Cervantes para el 2008, continuando así una larga línea de galardones literios que se le ha otorgado a su obra (Biblioteca Breve en 1965, Premio de Novela de México en 1973, Premio Planeta en 1978, Premio de la Crítica en 1994, Premio Juan Rulfo de la FIL de Guadalajara en 1996 y Premio de la Crítica y Premio Nacional de Narrativa en el 2001, entre otros).

Las novelas más destacadas de su extensa obras son:
  • Rabos de lagartija (2005)
  • El embrujo de Shangai (1993)
  • Ronda de Guinardó (1984)
  • Si te dicen que caí (1973)
  • Últimas tardes con Teresa (1966)






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